Padres en guerra: la restitución, bajo la mirada de los hijos

Desamparo y crisis de identidad, los impactos; en muchos casos, de adultos, se alejan de quien los expuso más
Evangelina Himitian
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21 de abril de 2015  

Las células de su cuerpo viven en pugna: son hijos y a la vez la razón por la que sus padres pelean. Esto los sume en un gran desamparo. Y la exposición mediática de esa tragedia familiar los daña. Arrasa su psiquismo infantil y los deja en un estado de vulnerabilidad y desprotección frente al mundo adulto.

Ésas son algunas de las conclusiones de un trabajo que realizó un grupo de especialistas de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) para estudiar cómo afecta a los hijos el proceso de restitución. Una situación que, como en el caso de Ana Alianelli (ver aparte), la distancia agrava y que se repite cada vez con mayor frecuencia.

Según las últimas estadísticas disponibles en la Cancillería, cada año se presentan más de cien pedidos de restitución internacional. Más del 70% son padres que solicitan que el hijo sea devuelto al país en el que la familia tenía fijado el arraigo y cerca del 30% corresponden a pedidos de visita internacional incumplidos. Las estadísticas están actualizadas hasta 2007, y el número podría ser mayor, ya que en gran medida estos conflictos son consecuencia de la gran migración de argentinos tras la crisis de 2001.

Según apuntan en la fundación FoundChild, que dirige Gabriela Arias Uriburu -madre separada de sus hijos en Jordania en los 90-, cada semana se reciben diez consultas. España, Italia, Estados Unidos, México, Brasil y otros países limítrofes encabezan el ranking.

"La separación forzosa de menores por uno de sus padres constituye una situación traumática por excelencia. Los trastornos que pueden generar, dependiendo de la singularidad de cada niño, pueden provocar cuadros autistas, psicóticos, neuróticos y desarrollos defectuosos de la personalidad, entre otros", apunta el trabajo de APA.

Según explica Mónica Cruppi, una de las autoras del trabajo, "estas verdaderas situaciones traumáticas impactan sobre el psiquismo infantil. El chico, por un lado, percibe una realidad confusa, angustiante y desconcertante. Y a la vez tiene que convivir con el relato dual que hacen los padres", agrega. "Es muy desestabilizador. Y si se le suma la exposición mediática, se encuentra que el chico queda en una situación de total indefensión", dice.

Los expertos apuntan a que en una gran cantidad de casos los hijos que quedan en medio de fuertes peleas públicas, en la adultez, optan por vivir cerca del progenitor que menos los expuso o lejos de ambos.

Hay dos casos que se convirtieron en emblemáticos. El primero fue el de la pequeña Daniela Wilner Osswald, de cuya resolución por estos días se cumplirán 20 años. La niña había nacido en Canadá, hija de una argentina y un canadiense. Pero en 1993, la madre, Gabriela Osswald, viajó con ella a la Argentina y no regresó. Poco después, el padre inició una demanda para pedir que la niña fuera restituida. Tiempo después, y luego de una extensa exposición mediática -hasta el por entonces presidente Carlos Menem se ofreció a mediar-, la Corte Suprema de Justicia avaló la decisión del máximo tribunal canadiense y ordenó que fuera restituida a ese país. Allí se inició un juicio por la tenencia y la Justicia estableció que Daniela viviera con su madre en la Argentina, pero que pasara las vacaciones con su padre.

Así ocurrió. Hoy Daniela tiene 25 años. Apenas completó sus estudios, se mudó lejos de todos los conflictos. Se fue a Alaska, donde reside su padre. Allí está en pareja y está terminando la carrera de Biología, igual que él.

El caso de los hijos de Gabriela Arias Uriburu también ocupó la atención de los medios por más de un año: su ex marido se llevó a los tres pequeños cuando vivían en Guatemala y durante meses no supo de ellos. Después, se estableció en Jordania, donde no existen acuerdos diplomáticos con la Argentina.

Durante años, la madre recorrió foros internacionales y apeló a todas las instancias legales. Sin embargo, cada vez tenía menos chances de recuperar a sus hijos. Así fue como, en 2006, tras un largo proceso interior, decidió dar de baja todas las demandas y llegar a un acuerdo extrajudicial con su ex marido para ver a los chicos, que hoy tienen 23, 21 y 19 años y estudian en Suiza y Escocia. Para verlos debe viajar a esos países o a Jordania.

"Llegó un momento en que me di cuenta de que al asumir una postura fuerte frente a la otra parte de la pareja lo que se hace es partir al chico a la mitad. Hoy asumo toda la responsabilidad frente a la historia con mis hijos. Tuve que cambiar mi actitud para devolverles la noción de familia. No podemos esgrimir el derecho que tenemos a tenerlos con nosotros y con ese argumento lastimarlos. Tenemos que trabajar para que este proceso no los destruya. Yo lo descubrí con el tiempo, y asumo que en mi lucha muchas veces me equivoqué", dice.

Hoy mantiene una buena relación con los chicos y viaja a verlos cada vez que puede. Hasta ahora sólo el mayor vino a la Argentina. "Cuando les dije que daría de baja todos los juicios los tres suspiraron aliviados. Ahí caí en cuenta del daño que había hecho en ellos todo el proceso. Desde que renuncié a eso, comencé a estar en sus vidas. No claudiqué. Descubrí que es como en el dominó, que se gana perdiendo", dice.

El problema, en números

España y EE.UU., los destinos de las restituciones

100

Presentaciones anuales

La cifra surge del último informe presentado por la Cancillería en 2007

10

Casos semanales

Es el número de consultas por el tema que recibe la fundación Niños Unidos para el Mundo

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