Pan para hoy...

Necesitamos un sistema de gobernanza con mayor amplitud de miras. [...] No podemos asumir que los mercados van a trabajar por el bien de la humanidad
Nora Bär
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30 de mayo de 2012  

Hace 40 años, un grupo de intelectuales reunidos en el Club de Roma lanzaba lo que sería la primera "advertencia global" sobre futuros peligros para la humanidad. En "Los límites del crecimiento", un informe elaborado por los investigadores del MIT Donella y Dennis Meadows, Jørgen Randers y William Behrens III, advertía que si el mundo excedía la capacidad planetaria de generar recursos y absorber emanaciones no sólo limitaría su desarrollo económico en el siglo XXI, sino que pondría en riesgo su propio sustento.

El trabajo, que se dio a conocer el 1° de marzo de 1972 en el Museo Smithsoniano de Washington, advertía que era necesario un urgente cambio de rumbo y tuvo mucha repercusión. Sin embargo, cuatro décadas más tarde las respuestas de adaptación a las limitaciones del planeta son todavía demasiado lentas.

Recientemente fue necesario modificar el borrador que se presentará a los jefes de gobierno durante la próxima Cumbre de la Tierra Río+20 -la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable- para incluir el reconocimiento de que en verdad existen "límites planetarios" evaluados científicamente, y que si se sobrepasan pueden ocasionar daños irreversibles a los sistemas de la Tierra.

Es más, en un nuevo informe presentado por el Club de Roma, uno de los autores del trabajo original vuelve a cuestionar la capacidad global de seguir progresando si no hay un drástico cambio de rumbo.

En 2052: Un pronóstico global para los próximos cuarenta años, Jørgen Randers, especialista de la Norwegian Business School, explora las proyecciones de otros científicos, futurólogos e intelectuales para intentar vislumbrar un escenario de probables desafíos y la mejor forma de enfrentarlos.

Hay que decir que sus respuestas no autorizan la euforia. Según Randers, en 2052, las actuales economías dominantes, y en particular los Estados Unidos, se habrán estancado; seguirá habiendo 3000 millones de pobres; la natalidad se reducirá drásticamente por la urbanización creciente de la población mundial; el PBI crecerá más despacio y se situará en torno de 2,2 veces el actual; también se desacelerará el consumo, porque será preciso destinar más inversiones a resolver problemas resultantes del agotamiento de recursos, la contaminación, el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la desigualdad, y el consumo global de bienes y recursos alcanzará su pico en 2045.

Entre las notas discordantes, por lo positivas, Randers menciona que Brasil, Rusia, la India, Sudáfrica y otras diez economías emergentes progresarán, y que antes de mediados de este siglo los problemas de recursos y climáticos no llegarán a ser catastróficos: las concentraciones en la atmósfera de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero) seguirán creciendo y ocasionarán un aumento de la temperatura de 2°C en 2052, y sólo en 2080, de 2,8°C, lo que podría desencadenar la retroalimentación del cambio climático.

Según el experto, "la causa principal de los problemas que nos esperan será el excesivo cortoplacismo del modelo político y económico dominante". "Necesitamos un sistema de gobernanza con mayor amplitud de miras -dice-. Con el sistema actual, es poco probable que los gobiernos adopten medidas que obliguen a los mercados a destinar más dinero a soluciones respetuosas con el medio ambiente, y no podemos asumir que éstos van a trabajar por el bien de la humanidad." Es decir que estamos ante el típico caso de pan para hoy ...

Por: Nora Bär
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