Unicef. "La crisis es dejar de jugar", cómo afecta la pobreza a los más chicos

Chicos almuerzan en un comedor de Lanús
Chicos almuerzan en un comedor de Lanús Fuente: Archivo - Crédito: Nicolás Villalobos
Evangelina Himitian
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29 de marzo de 2019  • 17:28

"¿Para vos qué es la pobreza?" El objetivo del trabajo de Unicef era conocer cómo impacta en la vida de los más chicos la crisis económica del país. Por eso, el coordinador de uno de los talleres que organizó la agencia de Naciones Unidas para la Infancia, en distintas localidades del país, les pidió a los chicos que armaran un cuento sobre una familia de su barrio. "Los chicos armaron una historia de un padre que le pegaba a su hijo porque este le rompió por accidente su celular. Justificaban el hecho en que el padre había perdido su trabajo y no podría reponerlo. Decían que no era un padre malo ni pegador, pero había cambiado por la falta de trabajo", relató el coordinador. El cuento parece una síntesis de todos los males que se agravaron durante los últimos meses, de la mano del crecimiento de la pobreza, la falta de trabajo y la pérdida de poder adquisitivo. Violencia familiar, desocupación, hambre, tristeza, resignación.

¿Cómo cambió el día a día de estos chicos? Según el trabajo, el 32% de la población por debajo de la línea de pobreza se traduce en que muchos niños comen sólo una vez al día, al mediodía, en algún comedor escolar o comunitario. Por la noche, un té o mate cocido con azúcar. Algunos contaron que cenan los que sus padres encuentran en la basura. Muchas mamás relataron que se mantienen a base de mate y un pedazo de pan, para no sacarle comida a sus hijos. Harina y azúcar son la base de su dieta. En esta población, las gastritis y las diarreas se volvieron crónicas, como consecuencia de consumir alimentos en mal estado, muchas veces procedente de basurales. Pero la mayoría de las veces, los papás no los llevan al hospital, porque, según dice un médico de un centro asistencial, no tienen plata para el colectivo y tampoco pueden comprarles los remedios.

¿Para vos qué es la pobreza?, le preguntaron a los propios chicos. "Pobreza es una casa de chapas, palos o cartón", dijo un adolescente durante un taller grupal. "Enfermarme y no poder comprar los remedios", agregó otra chica.

El trabajo se llama " Efectos de la situación económica en las niñas, niños y adolescentes en Argentina" Se trata de un trabajo cualitativo, que incluyó grupos focales y entrevistas en profundidad, para conocer cómo viven los más chicos los efectos de la crisis. Para eso, entrevistaron a chicos de zonas vulnerables, a sus padres y a referentes comunitarios, como docentes y médicos. Los resultados son la cara más dolorosa de las más recientes estadísticas de pobreza.

Pobreza extrema en Santiago del Estero
Pobreza extrema en Santiago del Estero Fuente: Archivo - Crédito: Gustavo Cherro

Los últimos datos analizados por Unicef muestran que un 42% de los niños, niñas y adolescentes viven bajo la línea de pobreza. Son 5,5 millones de chicos. De ellos, Un 8,6% vive en hogares que no alcanzan a cubrir la canasta básica de alimentos. "Uno de cada dos niños argentinos sufre la privación de al menos uno de sus derechos básicos y fundamentales", señala el informe.

"Las encuestas y datos estadísticos captan el nivel y el alcance de la pobreza monetaria y no monetaria en la niñez y para la población en general. Sin embargo, también resulta central conocer en terreno los efectos de la situación económica a partir de las propias percepciones de los niños. El artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho a formarse un juicio propio, expresar una opinión y que esa opinión sea tenida en cuenta en los asuntos que atañen directamente a ellos", dice el documento. Ese fue el espíritu de la investigación.

"A partir de las opiniones es posible exponer algunos de los impactos directos de la situación económica. Evidentemente, lo que les pasa a las familias se filtra a las chicas y chicos y se puede indicar que perciben, y en sufren, consecuencias del estrés de sus familias asociado a dificultades económicas. Algunos de ellos expresaron sentir miedo e inseguridad y mostraron disposición para apoyar sus familias y hacer esfuerzos o sacrificios a manera de ayuda", explica el informe.

"¿Para vos, que ha cambiado en tu barrio?", fue otra de las preguntas. "Le está costando a las familias alimentar a los pibes", dijo uno de los chicos. "Alcanza menos la plata", agregó otro. "No hay trabajo, suben las cosas. Subió el pan. El aceite sale como 100 pesos", apuntó otro.

"¿Qué es la crisis?". La respuesta de un chico de 10 años en un taller grupal es demoledora: "Para mi es dejar de jugar".

En el último tiempo aumentaron los casos de chicos que salen a trabajar, fuera de la casa o que incluso deben dejar el colegio, en el paso de la primaria a la secundaria, para cuidar hermanitos o a sus propios hijos. En algunas áreas de la vida cotidiana manifestaron más sentimientos de inquietud y tristeza que en otras. Por ejemplo, se mostraron más afectados por las dificultades en sus hogares para sortear las necesidades alimentarias.

"Mi tema es el yogurt para la nena, porque ella lo pide, se encapricha, y yo no tengo para comprárselo", contó con angustia una adolescente que es mamá de una nena de dos años, durante uno de los talleres. "Un kilo de azúcar me dura un día y medio", dijo otra mamá, de una casa con seis miembros. "Al mediodía comemos lo que consigue mi marido, y a la noche si no encontró, hago alguna sopita, una tira de pan, algo comemos", detalló otra mamá, según se publica en el documento.

Harinas y azúcar. De eso se compone de forma casi exclusiva la dieta de las familias de sectores vulnerables. "En los relatos se resalta que en el último año se han incrementado las restricciones en el consumo de alimentos tanto en su cantidad como en su calidad. Algunas familias saltean comidas, se suprimen comidas grupales de fin de semana, se cocina una única vez por día, los adultos a veces no comen por dejarle el alimento a los niños, niñas y adolescentes, y cambia la composición de la cena".

No se cena

Precariedad total en Chaco
Precariedad total en Chaco Fuente: Archivo - Crédito: Alejandro Montiel

Los relatos dieron cuenta de la eliminación de determinadas comidas por parte de los adultos, principalmente las mujeres: por ejemplo, suprimir la cena y reemplazarla con mate muy azucarado con el objetivo de hacer rendir la comida. También se señaló una reducción del consumo de alimentos con proteínas de origen animal, sobre todo carne vacuna y lácteos, cuyo consumo es desincentivado por el aumento de precios", señala el informe.

Los adultos les transmiten, directa o indirectamente a los chicos las dificultades, por ejemplo, en el acceso a los alimentos, pero también a los medicamentos, turnos médicos Los chicos dicen estar tristes por esa situación y dicen que intentan colaborar con la supervivencia en el hogar.

"Los niños, niñas y adolescentes son los últimos responsables de la situación económica y, sin embargo, están sufriendo sus consecuencias de una forma tanto o más grave que otros grupos etarios. Enfrentan situaciones de empeoramiento en la calidad de su dieta y menor acceso a alimentos, dificultades en el acceso a medicamentos, mayor exposición a situaciones de violencia, maltrato", dice el documento.

"Se incrementó la cantidad de familias que van a buscar comida a los basureros municipales. Ellos saben el horario en el que va el camión a desechar los productos vencidos de los supermercados", contó en una entrevista en profundidad un médico pediatra, de un centro de salud municipal. "Los grandes cenamos mate cocido, si hay comida que sea para los chicos", explicó una mamá de cinco hijos, en un taller. "El año pasado eran 50 familias las que venían al manto (basural) a buscar comida, ahora hay cerca de 150", apuntó la presidenta de una asociación de recicladores urbanos, durante una entrevista en profundidad.

En los merenderos y comederos de las comunidades visitadas creció el número de asistentes y los chicos tiene cada vez más apetencia de comida, producto de la ausencia de alimento en los hogares. También son más los chicos que dijeron "sentir hambre", de forma somática, que se expresa en trastornos del apetito, dolores de cabeza, entre otros.

En el trabajo de campo se observó que en las familias en situación de vulnerabilidad son recurrentes ciertas enfermedades crónicas, tanto en los adultos como en los chicos. Las principales, las transmitidas por los alimentos como gastroenteritis y diarreas, posiblemente asociadas a las prácticas de búsqueda y recolección de desperdicios en basurales para comer.

Se señaló que en el último año se han enfrentado mayores dificultades para combatir estas enfermedades, por ejemplo, para dar continuidad a los tratamientos crónicos debido a un menor suministro de medicamentos, al aumento del precio y a problemas para conseguir un turno de consulta médica. Pero quizás lo más doloroso es que los padres no llevan a sus hijos a los centros de salud, que son gratuitos, porque muchas veces no tienen plata para viajar en colectivo.

"Los agentes sanitarios son los que todos los días recorren las calles y reportan algún problema particular. Antes nosotros no teníamos un medicamento, y la gente capaz lo conseguía. Ahora te comunican que no tienen para comprar lo que les hace falta, y no tienen para ir al hospital", contó el médico en Centro de Salud, en una entrevista en profundidad.

La investigación se publicó ayer con el nombre de Efectos de la situación económica en niñas, niños y adolescentes en Argentina. "A partir de visitas de campo a municipios de distintos puntos del país, específicamente, del conurbano de Buenos Aires, de las regiones centro, sur y norte se recogió información proveniente de discusiones guiadas con madres y padres, talleres con niñas, niños y adolescentes, entrevistas en profundidad a miembros y trabajadores de la comunidad, visitas etnográficas en hogares, observaciones de campo y visitas a espacios públicos de los barrios. las conclusiones en ningún caso, pueden ser generalizables al total de la población", se especifica.

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