Parrilli fue favorecida por sus empleados

Su reacción les causó "sorpresa", dijeron
Ángeles Castro
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16 de diciembre de 2009  

Tras la primera jornada en la que los testigos confirmaron los malos tratos a los que fueron sometidos por la jueza Rosa Parrilli tras el secuestro de su auto en una playa de estacionamiento de la ciudad, ayer la defensa de la jueza salió favorecida en el trámite del juicio político a la magistrada por mal desempeño, gracias a que los empleados de su juzgado y los funcionarios que han compartido juicios con ella alabaron tanto su desempeño como sus cualidades personales.

Las testigos María Soledad Rom –secretaria del Juzgado Contravencional N° 12, que Parrilli subrogó por tres meses este año– y María Josefina Casado –prosecretaria administrativa del Juzgado Contravencional N° 28, a cargo de Parrilli (actualmente de licencia)– calificaron a la magistrada de "vehemente", "temperamental" y "apasionada".

Sin embargo, al igual que Graciela Navarro (fiscal de primera instancia en lo contravencional), Diego Luna (prosecretario del Juzgado N° 28), Luciana Piñeyro (empleada del Juzgado N° 12), Susana Parada (jueza a cargo del Juzgado Contravencional N° 31, que también subrogó Parrilli en algunas oportunidades) y Paola Zarza (secretaria interina del Juzgado N° 31) dijeron haberse "sorprendido" al ver las imágenes de la jueza vociferando e insultando a dos empleadas al reclamar su auto, el 15 de septiembre pasado.

Ayer, los testigos –todos aportados por la defensa que encarnan Juan Pablo Alonso y Julio Virgolini– coincidieron: "No era [en el video] la doctora Parrilli que yo conozco".

Video

Los declarantes describieron a la magistrada como "muy cuidadosa", con un "control estricto sobre todo lo producido por el juzgado", "muy sensible a cuestiones sociales", "permanentemente dispuesta al trabajo", "con gran sentido común", "interiorizada en las cuestiones personales de sus empleados" y "preocupada y ocupada" por los imputados en causas penales, en las que ejercía un garantismo absoluto.

Por otra parte, mediante el interrogatorio a algunos testigos, la defensa comenzó a instalar la idea de que aquel día la magistrada estaba desestabilizada por problemas serios de salud de su hija, por un malestar pasajero personal y por la inminencia de un examen.

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