Pasean en lo que era un basural

Vecinos y una ONG recuperaron un predio para satisfacer las necesidades del barrio
Cynthia Palacios
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10 de marzo de 2003  

Juntos pudieron. Una sociedad de fomento y una organización civil se propusieron transformar un basural de San Miguel en un polo de desarrollo barrial que respondiera a las necesidades de los vecinos. Y en pocos meses consiguieron cambiarle la cara al lugar y ponerse en marcha para ir por más.

Se trata de un proyecto de la Sociedad de Fomento Olegario Víctor Andrade y de Redes Comunitarias que pretende satisfacer las necesidades de los vecinos. Un lugar verde para los chicos, un espacio de contención para los jóvenes y otro de reunión para los abuelos, la posibilidad de generar trabajo y microemprendimientos, una huerta. Una respuesta distinta para todas las edades.

El terreno está ubicado entre las calles Primera Junta, Isabel La Católica, Hudson y Martín García, en el barrio La Estrella, donde viven unas 15.000 personas. Susana Bencich cedió en comodato 12,5 hectáreas para que allí se construya el parque San Miguel.

Recuperar la visión de progreso local es la base. “Es importante que esto haya pasado en el peor momento de la Argentina. En pleno cacerolazo, acá se apostaba al respeto de los valores”, aseguró Liz Alcalay, coordinadora de Redes Comunitarias.

En una zona donde el clientelismo político y las promesas incumplidas minaron la confianza del barrio, el parque devolvió a los vecinos la oportunidad de hacer algo por ellos mismos. Para ellos mismos. En un barrio donde el desempleo y el hambre aumentan con las horas, el parque ayudará a superar la visión asistencialista para sentirse capaces de hacer algo por ellos mismos. Para ellos mismos.

“Queremos recuperar el esfuerzo y la creatividad local como base de un desarrollo económico sustentable, en el que el respeto por el medio ambiente y la dignidad humana se transforme en un hábito no negociable”, dijo el ingeniero Jorge Fontán Balestra, coordinador de la organización.

“En el pensamiento fomentista está mejorar la calidad de vida de la población. Este proyecto es el resumen de ese pensamiento”, afirmó el presidente de la sociedad de fomento, Miguel Leiva.

Flores por basura

Una treintena de chicos juega al fútbol. Se ve gente corriendo, otros salen a caminar por el verde. Hace seis meses todo era basura. Montañas de basura. Hoy el paisaje es otro. Silvia y algunas de sus vecinas plantaron flores que les regalaron de un vivero. Y en la tierra donde florecía la basura, hoy crece el césped.

Silvia es una de las incansables vecinas que espanta a los que insisten en que el lugar sea un basurero. Entre muchas transformaciones, el proyecto tiene un costado ambiental: elimina un foco de contaminación a cielo abierto convirtiéndolo en un predio forestado.

Todo lo hecho hasta ahora se logró con el esfuerzo de los vecinos y el aporte de algunas empresas. “Fue todo tan milagroso que esperamos que siga así”, reconoció Fontán Balestra.

Precisan mucha ayuda. Palas, zapas, picos, rastrillos, carretillas, desmalezadoras, ladrillos, cemento, arena, piedra, cal y las ideas de quienes quieran sumarse al proyecto. El teléfono de Redes es 4824-7963 y el de la sociedad de fomento, 5232-6727.

Asunción Castilla es la directora de la Escuela N° 31 y destacó el reducido espacio que tenían las escuelas: “Tenemos los arcos de fútbol pintados en la pared... Vamos a aprovechar mucho el verde”. Con ella coincidió la docente de la EGB N° 16, Audelina Espíndola: “Además de ver que será muy útil para la escuela, estoy feliz como vecina del barrio”.

La municipalidad de San Miguel declaró al proyecto de interés municipal. Ambas entidades, la asociación “De nosotros depende”, la Revista Vivienda y la Sociedad Central de Arquitectos organizaron un concurso de ideas entre estudiantes y profesionales para el predio, que encontró un ganador el martes último. El 5 de abril se realizará un acto para entregar el premio.

Habrá una construcción de 1500 metros cuadrados que, completado el tiempo del comodato, quedará en manos de la sociedad de fomento.

“Todo surgió como respuesta a una necesidad concreta, por eso creemos que va a salir adelante”, dijo Inés. Ella y Liz son psicólogas y trabajaron algunas preocupaciones del barrio, como las adicciones. “El edificio es importante, pero estamos edificando valores para el futuro”, aseguraron.

Compromiso comunitario

Redes Comunitarias tiene como objetivo crear polos de desarrollo local que apuntalen la recuperación económica, ambiental y cultural de sectores deprimidos. Y el parque San Miguel es un prototipo a imitar. “Estas cosas no son fáciles. Para generar esto no hay que partir de la sociedad que tenemos sino de la sociedad que queremos”, sintetizó Fontán Balestra.

Es que vecinos y profesionales construyeron las bases de algo perenne: el compromiso comunitario y la conciencia cívica. “Uno de nuestros intereses es articular la civilidad: unir empresas, vecinos y autoridades municipales para que ayuden al desarrollo local y bajar así la violencia”, explicó Inés Gowland, coordinadora de la entidad.

Los cambios de actitud despiertan las potencialidades de cada comunidad. Y el granito de arena se convierte en avalancha: crece la creatividad, encuentran recursos donde no sabían que podían hallarlos.

Una cosa lleva a la otra. La gente se reúne con una meta en común, se conocen, aportan lo que pueden y así, a medida que avanza el sentimiento de pertenencia, la violencia retrocede.

El razonamiento es simple. Si existe una necesidad, ¿por qué no unirse para autogestionar una solución? El proceso, sin embargo, no es tan sencillo. Requiere tiempo, trabajo en grupos y consenso. Mucho consenso. Porque la única manera de que todos cuiden el lugar en la misma medida que lo disfrutan es sintiéndolo propio.

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