Piden ayuda para pelearle a la deserción escolar

Son cuatro asistentes voluntarias
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5 de mayo de 2003  

Tienen padrinos para cien chicos pero ahora son ellas los que necesitan ser apadrinadas. Las cuatro trabajadoras sociales que comenzaron el año pasado con la ayuda a adolescentes de las villas 21 y 24 de esta ciudad han decidido no crecer más en número y profundizar el acompañamiento de los chicos. Pertenecen a la fundación Uniendo Caminos, que creó el Programa Alimentario y Escolar (PAE) para evitar la deserción y mejorar el rendimiento de alumnos de bajos recursos de entre 13 y 17 años.

Cuando empezaron, en junio de 2002, tenían 13 padrinos que donaban mensualmente una canasta de alimentos, algunos útiles y ropa para la familia de un adolescente de esas villas de Barracas, donde viven unas 35.000 personas.

Después de un artículo publicado en LA NACION, en ese mismo mes, el número de benefactores creció hasta llegar a un centenar.

"Para no caer en aquello de que el que mucho abarca poco aprieta trabajaremos sólo con 100 chicos. En 2002 se hizo el reclutamiento y formación del vínculo. Durante este año haremos un mayor seguimiento y, de la mano de los padres, entraremos en contacto con los docentes o directivos de las escuelas a las que ellos concurren", dijo Mercedes Castagnino, una de las pioneras de esta iniciativa.

En pos de esa meta, las profesionales hacen malabares con los pocos recursos con los que cuentan. "Queremos darles los libros que les piden los docentes y no alguno parecido", dijo Castagnino.

Conseguir padrinos

"Pero hasta ahora sólo pudimos entregar textos a diez chicos porque no teníamos más de doscientos pesos", contó María Maciel, otra de las trabajadoras sociales que visita a 30 de las cien familias dos veces por semana.

Por eso la prioridad ahora es conseguir padrinos para la fundación y con su aporte poder afrontar los gastos operativos del programa.

En la sede de Uniendo Caminos, en Palermo, 18 voluntarias se encuentran dos veces por semana para clasificar las donaciones recibidas. Preparan paquetes y bolsas con los nombres de las familias que participan del programa y algunas de ellas colaboran también con la distribución, cada tercer jueves de mes.

Como María Marta López Dutari, que fue el 24 de abril a la entrega en el Club Sportivo Pereyra, en Barracas, "para conversar y saber cómo están los chicos que conozco desde el año pasado". Para ellos, María Marta organiza colectas de ropa, alimentos y útiles en los colegios en los que trabaja como profesora de educación física.

Esperando ayuda

El día de la entrega mensual una larga fila de madres y chicos con carritos y bolsas se forma desde temprano en las puertas del modesto edificio en construcción que presta a Uniendo Caminos el Centro de Jubilados de Barracas.

"Soy una de las primeras beneficiarias", dijo con orgullo Ramona Vallejos mientras esperaba ser atendida por Lucía, la asistente social que la visita semanalmente. "Confío en estas chicas porque siempre tratan de conseguir lo que necesitamos", dijo Ramona.

Constancia Ferradas, otra de las trabajadoras sociales, dijo que disfruta lo que hace porque "no es asistencialismo sino que trabajamos con las familias dentro de su ámbito sin separarlas de él y tratamos de desarrollar el potencial que tienen los chicos, por ejemplo, para el estudio".

Cuando van a visitar a las familias, las chicas son acompañadas por Rubén Galván, uno de los vecinos que las conoció justamente porque las vio circular por la villa y entrar en las casitas. Les preguntó qué estaban haciendo y ahora uno de sus seis hijos participa del programa.

Galván dijo que con gusto cuida que no tengan problemas "porque lo que hacen es muy importante y en el barrio hay muchos que piden la visita de una asistente social".

El teléfono de Uniendo Caminos es 4867-4762, el e mail info@uniendocaminos.org.ar y la página web www.uniendocaminos.org.ar

Ofrenda

  • Madrina y ahijada tienen quince años. No se conocen pero ya disfrutan de la relación entre ellas. Guadalupe Unamuno, de Belgrano, es la madrina de Cristina Rojas, de Barracas. Con la mensualidad que recibe, Guadalupe compró carpetas, cuadernos y lápices para ambas. Tenía que rendir ocho materias de tercer año y "ofreció a la Virgen hacer trabajo solidario".
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