Por la calle

Por Juan Carlos Insiarte
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21 de diciembre de 2001  

Peligro desconocido

“En la plazoleta Carlos B. González Pecotche, ubicada en Agüero y Galileo, se colocó un precinto de seguridad sin que nadie haya percibido ningún riesgo”, puntualizó Jorge J. Vega Iracelay, un vecino que señaló que desapareció un macetero de metal que ocupaba el centro de ese lugar. Además, recordó que la plazoleta tiene dos nombres: uno en honor de Carlos B. González Pecotche y otro en reconocimiento al canciller Miguel Angel Zavala Ortiz. ¿A quién de ellos se pretende honrar con el estado de abandono que hay en el lugar?, preguntó Vega Iracelay.

Orden en el Obelisco

“El galimatías en el tránsito que se generaba en torno del Obelisco por el entrecruzamiento de vehículos que se dirigían desde Corrientes hacia Leandro N. Alem, los que provenientes de ese mismo lugar se orientaban hacia Diagonal Norte con destino a Plaza de Mayo y, además, los que por la avenida 9 de Julio se dirigían hacia el Norte, quedó por ahora subsanado. Se dispuso un servicio de la Policía Federal, para que dirija el tránsito y evitar así que se las citadas arterias queden bloqueadas ante la sorpresiva luz roja de los semáforos.

Imposible caminar

“En la manzana ubicada entre las calles Herrera, Aristóbulo del Valle, General Hornos y Samperio, donde tan sólo hay un edificio en torre, y está rodeada por la autopista, no hay veredas, por lo que es imposible caminar por allí, relató Dolores Campos.

En este lugar del barrio de Barracas, a unos 500 metros de la estación de ferrocarril de plaza Constitución, el paso con un cochecito de bebe, una silla de ruedas y hasta caminando es una quimera, se quejó esta vecina.

Esta situación se viene prolongando por años, sin que los requerimientos hayan tenido una respuesta positiva. Además, dijo Campos, frente al edificio torre hay un colegio y no se ha conseguido que el Gobierno de la Ciudad coloque señales indicadoras de reducción de velocidad.

Mantenimiento

“Manuel Gwiazda advirtió acerca del precario mantenimiento que presenta la plaza ubicada en el centro de la city, lindera al Banco de Tokio, en la avenida Corrientes y Reconquista.

Es un verdadero pulmón del microcentro muy concurrido al mediodía. Confluyen oficinistas con su vianda para almorzar, otros toman sol y en definitiva combaten así el encierro de las oficinas. Lamentablemente –dijo Gwiazda– la plaza en muchos sectores tiene olores nauseabundos y una suciedad derivada del uso nocturno por la pobre gente sin hogar y que duerme en los bancos y hace sus necesidades fisiológicas en los aledaños.

Este lector pidió que se intensifique la limpieza, se tapen las cajas de alumbrado que exponen cables y se aumente la cantidad de recipientes para residuos, ya que hay mucha gente que va allí para almorza y deja los restos de los envoltorios.

Suciedad y desorden

“En la Cortada Carlos Gardel, en el Abasto, imperan la suciedad y el desorden; los espectáculos de tango en plena calle se realizan a cualquier hora, por lo que perturban el sueño de los vecinos; las ferias se instalan nadie sabe con qué permiso y quedan por todos lados restos de comida y desperdicios. Tal fue la síntesis de Julio José Ponce, que recordó con añoranza junto con otros moradores de la cortada otros tiempos, cuando se decía que ese lugar era el “Bronx de Buenos Aires”.

Cuando se hizo peatonal y se erigió un monumento a Gardel, se transformó en un infierno. Hasta los ómnibus y combis que llevan clientes a los restaurantes estacionan a lo largo de la cortada impidiendo la circulación de los parroquianos; se depositan botellas y residuos; abundan las cargas y descargas de proveedores a toda hora y los equipos de aire acondicionado y ventilación de los restaurantes hacen trepidar a los departamentos más próximos. ¡Cómo extrañamos la cortada Gardel estilo Bronx, era cuando reinaba el silencio y podíamos descansar con tranquilidad !, exclamaron vecinos.

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