Por los robos, en Los Polvorines piden el relevo de los comisarios

El reclamo surgió luego del asesinato de un carnicero; los comerciantes dicen que están "armados"
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31 de diciembre de 2009  

Américo Valente no aguanta más. La última vez que robaron en su mercado de Eva Perón al 5300, en Los Polvorines, le llevaron todas las máquinas. Entre seis delincuentes, que llegaron en dos autos, lo amenazaron con armas y cargaron la registradora, las balanzas, todo. En total, lo asaltaron 22 veces.

La noche del lunes pasado, vecinos y comerciantes fueron testigos del asesinato de Lorenzo Acosta, que, víctima de un robo en su carnicería, terminó muerto de un disparo de escopeta en el pecho. El presunto asesino es un joven de 17 años.

Fue en ese momento cuando Valente, lleno de bronca, se atrevió a decir lo que nadie quería decir en público: que para defenderse ante la ola de robos "todos los negociantes están armados", porque "recurrir a la policía es perder el tiempo".

De hecho, Lorenzo intentó defenderse con un revólver calibre 32 y aun así no pudo evitar su muerte.

Es que los robos en el negocio de Valente son la muestra de lo que les viene pasando a todos los comerciantes de Eva Perón al 5000, que, junto con el asesinato de Acosta, desataron la bronca.

Casi todos los comerciantes están desesperados. Se sienten desprotegidos y juntan firmas para pedir el relevo de los jefes policiales de la zona, porque, según afirman, recurrir a la policía es una pérdida de tiempo y, aunque no lo admiten públicamente, no hay dueño de negocio que no esté armado.

En la puerta del negocio del comerciante fallecido pegaron carteles con mensajes como: "Basta de policías comiendo pizzas dentro de las comisarías".

Valente cuenta a LA NACION, desde su negocio enrejado y con un cartel que advierte "Perro bravo", que cuando el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, se comunicó con él y admitió que el comisario de la policía no era eficiente, por lo que le proponía reunir firmas para que lo relevaran, no lo dudó un instante.

Desde ayer, el comerciante convocó a todos los vecinos a una asamblea para tomar cartas en el asunto. "Y no es sólo a los comerciantes; todos los vecinos son víctimas de los robos. Te ratonean todo, el celular, las zapatillas; es el colmo que ahora desde la muerte de Lorenzo las patrullas de policía pasen cada 10 minutos", dijo Valente.

Desde una peluquería, de vidrios polarizados y cerrada con llave, la dueña, Alvina Molina, no para de llorar. "Ya no se puede vivir más", lanza la queja. "A las tardes nos juntábamos [con Lorenzo] y armábamos una especie de custodia entre nosotros", detalló. ¿Están armados?, preguntó LA NACION. "Nosotros, no, pero todos los demás, sí. Aquí miramos primero a la persona que va a entrar, si se trata de dos o tres adolescentes no abrimos; ya se sabe que el que dispara y carga el arma es el menor", dijo.

Al lado, en la ferretería El Hornero, Alberto Núñez, a quien también han robado, explica la falta de confianza en la policía. "Estamos cansados de saber que los detenidos, que son chicos adolescentes, entran por una puerta y salen por otra. No sé por qué acá no se han implementado medidas de seguridad, como cámaras, si aquí por los robos más de uno ha recibido un balazo", concluyó.

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