¿Por qué la nieve benefició a Ushuaia?

La cantidad y calidad de nieve de Cerro Castor le dio también nueva vida a la ciudad. Una transformación impensada 20 años atrás
Alejandro Maglione
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25 de octubre de 2015  • 00:29

Tan sólo 20 años atrás, cuando en Ushuaia comenzaba a nevar tanto en la ciudad como en sus alrededores, para sus habitantes la nieve pasaba a convertirse en una tortura. Las calles enripiadas se convertían en un barreal. Las que eran pavimentadas comenzaban a formar el temible hielo que volvía ingobernables a los automóviles. Había que poner el automóvil en marcha un rato antes de salir y conectar el desempañador, que nunca fue suficiente, así que había que complementar esta acción con unos chorros de agua caliente sobre los limpiaparabrisas para que se despegaran del vidrio, de lo contrario, al ponerlos en funcionamiento directamente se destrozaban al quedar pedazos de la goma adheridos.

Caminar por las veredas era otra tortura. Había que estar muy atentos para que no se produjera el temido resbalón.

Luego venía lo más complicado, cuando se decidía viajar a Río Grande, al norte de la isla. En la parte más alta de la ruta está el Paso Garibaldi, que esperaba a los viajeros con el peligroso "hielo vidrio", que solo se podía superar con cadenas o las cubiertas especiales que tienen pequeños clavos para asegurar mejor el agarre. Aún con estas precauciones, el viaje se podía prolongar por varias horas más de lo previsto, porque frecuentemente se atravesaban los camiones semiremolque y había que esperar a que llegara una grúa a sacarlos del apuro y permitir que el tránsito volviera a fluir en ambos sentidos.

Por todo esto, los ushuaienses recibían la llegada de la nieve como una maldición.

La nueva Ushuaia

Pero algo cambió a partir del año 2000, y ese cambio vino de la mano del Cerro Castor, a pocos kilómetros de la ciudad, que habilitó los más modernos medios de elevación que hay en el país, y que por la certeza y calidad de su nieve, se puede afirmar sin temor a equivocarse que ahora es el lugar donde se encuentran las mejores pistas de ski de nuestro país.

Tal es la fama que ha ido adquiriendo internacionalmente este centro, que este año se celebró la reunión de la Organización Internacional de Instructores, con campeonato propio incluido. El campeonato es una justa que ignoraba a América Latina a la hora de organizarse.

Como casi siempre sucede, esto tiene nombre y apellido, a partir de una decisión del gobierno de Tierra del Fuego de llevar adelante el proyecto de las nuevas pistas: Juan Carlos Begué. Juan Carlos –nacido en el afamado Valle de Uco en Mendoza- era un hombre de Río Grande, una ciudad que con Ushuaia comparte el parecido del intenso frío invernal, pero tiene una geografía totalmente diferente. Así, el primer problema que hubo que enfrentar es que no había un mapa con curvas de nivel desde lago Fagnano hacia el Sur. Esto es, la mitad de este territorio argentino no estaba relevado.

Sea como sea, hoy el centro de esquí, desarrollado en 650 has., cuenta con 40 km. de pistas balizadas y pisadas, para solaz de los 4.500 esquiadores que puede recibir con comodidad.

Conclusión: hoy la ciudad tiene una afluencia de turistas casi todo el año, eliminando la estación alta que siempre se localizaba entre los meses de noviembre a marzo. Es más, Begué cuenta que ahora los lugareños cuando se cruzan con él, al empezar el invierno, le preguntan cuándo comenzará a nevar, para calcular el inicio de flujo de turistas. Hoteles con pasajeros; restaurantes con clientes; comercios repletos de mercadería importada recibiendo compradores ávidos de sus productos; taxis; etcétera, todos tienen trabajo en un período más extendido. Así, la nieve en Ushuaia se volvió bendita. Cambia, todo cambia, como dice la canción...

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