Revuelo y nervios en la Legislatura

Algunos integrantes le contestaron
Ángeles Castro
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9 de septiembre de 2005  

El despacho de Santiago de Estrada, vicepresidente 1° de la Legislatura, era un hervidero. Mientras en el recinto la sesión continuaba, los legisladores más comprometidos -desde un lado y desde el otro- con el juicio político a Aníbal Ibarra por presunto mal desempeño escuchaban la conferencia de prensa del jefe de gobierno. Y reaccionaban.

"¿No le habíamos mandado una ampliación aclaratoria de cada causal?", indagaba un movedizo Martín Borrelli (Compromiso para el Cambio-CPC), miembro de la comisión, al presidente de la misma, Marcelo Godoy (CPC). Ibarra explicaba que resultaba muy difícil responder a cargos sin la prueba especificada sobre la que se basaba. "Sí, él me la pidió informalmente y yo se la respondí informalmente", contestaba Godoy hasta que debió volver a la sesión a votar. "Eso fue un error", le señalaba Fernanda Ferrero (Juntos por Buenos Aires), presidenta de la comisión ad hoc, que esperaba un ataque más profundo de Ibarra en su contra.

"Acá quedo mal yo, acá el que perdió soy yo", se indignaba Alvaro González (Juntos), que había propuesto a la comisión instructora que cada cargo remitiera a la foja correspondiente, pero perdió la votación. Los cigarrillos iban y venían.

Sin poder evitar que la preocupación se filtrara por su mirada, pero con una contestación ante cada denuncia del jefe de gobierno, Gabriela Michetti (CPC) releía el dictamen. "Ibarra es un caso clínico de cinismo", repetía, acusación que luego hizo pública. "Obviamente que repetimos párrafos, porque una misma declaración sirve para sustentar distintas hipótesis. Además, hay un hilo conductor por sostener. Hasta el canciller Rafael Bielsa respaldó el dictamen", se ofuscaba. A su lado, el kirchnerista Diego Kravetz, defensor de Ibarra, escuchaba al jefe de gobierno, observaba el ambiente y azuzaba a Michetti. "¡Qué desprolijos! Ahora van a tener que explicarlo a la Justicia...", le decía, por el testimonio del médico Juan Antonio Mazzei.

Michetti y Borrelli afirmaron luego que, al momento de la declaración, ignoraban que Mazzei no había estado en el Hospital de Clínicas la noche de Cromagnon.

"Yo a Mazzei lo cité como especialista en vías respiratorias, no en emergencias. Necesitaba una interconsulta médica, para contrastar la versión de los médicos del SAME sobre la atención de las víctimas. No era relevante que hubiera estado allí esa noche o no", explicó más tarde María Eugenia Estenssoro, que citó a Mazzei a la comisión ad hoc. Ella no pasó por el despacho de Estrada.

Al entrar en éste, Jorge Enríquez hablaba a los gritos por su celular. "Yo no tengo que pedir perdón por nada, por qué voy a tener que pedir perdón", voceaba luego de que Ibarra dijera que él era responsable del área que habilitó irregularmente Cromagnon. "Durante mi gestión como secretario de gobierno de De la Rúa no tenía a cargo ni Policía Municipal ni Registro y Certificaciones", aclaraba, y mostraba papeles en su aval. Ni él ni nadie despejó, en cambio, la incógnita sobre por qué su nombre no aparecía en el dictamen, pero sí en la versión taquigráfica.

El kirchnerista Francisco Talento, que permaneció en el recinto, defendió luego a Ibarra: "No correspondía haber dado traslado de las actuaciones al jefe de gobierno, ya que no se había especificado la prueba recabada. Lo advertí".

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