srcset

Elecciones 2019

Rituales de elecciones: pastas, facturas y vuelta al barrio

María Ayzaguer
(0)
8 de agosto de 2019  • 17:51

Los hermanos Saldías son tres profesionales que rondan los treinta años y hace varios que dejaron la casa materna. Pero por comodidad o pereza, nunca cambiaron la dirección del DNI. Viven en Núñez, Palermo y Balvanera, pero cada votación los hace volver a Colegiales. Y eso les da también la excusa perfecta para almorzar en familia y jugar a las cartas. En esa casa el menú puede variar, pero el tute cabrero es innegociable. Para Fernando García, en cambio, el clásico de cada elección son los sorrentinos en el departamento de su infancia. Él está casado, tiene una hija y también hace mucho que se fue de la casa de sus padres. Pero formalmente podría decirse que sigue viviendo con ellos.

Para muchos, los domingos de elecciones son sinónimo de volver al barrio. Los que no actualizan el domicilio privilegian beneficios impositivos, se dejan llevar por la costumbre, son reacios a los trámites en general o hasta comparten cierto dejo de nostalgia. Muchos tienen que volver cerca de la casa de los padres para votar. Dentro de ellos. hay quienes disfrutan ir siempre a la misma escuela, espiar el libro del padrón para ver si ya votaron otros familiares, cruzarse con vecinos que no veían hace rato y rescatar algunos clásicos.

En Master, una tradicional casa de pastas con locales sobre las avenidas Pueyrredón y Crámer, los días de elecciones suponen una dinámica de domingo alterada. "Un domingo normal, sin importar si llueve o hay sol radiante, no entra nadie antes de las diez de la mañana. Pero los días de elecciones ya a partir de las 8.05 tenés gente atravesando la puerta. Muchos pasan primero, llevan las pastas y se van a votar. O votan re temprano para evitar filas y a la vuelta pasan directamente por acá", dice Juan Barón, encargado de la sucursal de Belgrano. Otra curiosidad: se venden muchas más cosas dulces. "Se llevan de todo porque saben que tienen para un día largo viendo los resultados de los comicios".

En la confitería Tres Escudos, un clásico de Retiro, saben que los días de votación se trabaja el doble. Por lo que unos días antes ya comienzan a prepararse. "Hay que prever que desde las 8 hasta el cierre se van reponiendo las bandejas constantemente", cuenta Graciela, encargada del local de la calle Juncal. Ahí el movimiento fuerte dominical nunca empieza antes de las 11, hora en que llega el público que sale de misa en la Iglesia del Socorro. Este domingo será mucho antes.

Las panaderías y fábricas de pastas se preparan especialmente
Las panaderías y fábricas de pastas se preparan especialmente Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Volver al barrio

"Mi papá, mis tres hermanos, mi tía abuela y yo votamos todos en la misma mesa de la misma escuela hace muchos años", cuenta Tomás Bondoni, un vecino de Almagro que lleva a su Recoleta natal en el corazón. Por lo que en cada votación la familia se organiza para ir al mismo tiempo a la mesa asignada y después ir a almorzar todos juntos en el departamento de la calle Arenales. "Ya casi es un ritual. La verdad que no me fui muy lejos de la casa de mis viejos pero no cambié el domicilio en el documento, tal vez por nostalgia".

Cristian Galeano va a ir de Villa Urquiza a Don Torcuato. De seis hermanos solo dos siguen viviendo con los padres, ninguno actualizó la dirección y el más perjudicado está en Avellaneda. "Ninguno lo cambió porque la verdad que preferimos que llegue la correspondencia ahí, yo a mi departamento nunca vuelvo antes de las 19 y ni siquiera hay portero", explica el joven empleado bancario. Siendo tantos hermanos no es fácil que se reúnan todos y las elecciones marcan una excusa perfecta. "Se super disfruta porque por lo general somos dos o tres, pero el domingo vamos a estar todos y probablemente hasta cualquier hora: entre la sobremesa y algún juego no es raro que terminemos a las 23", cuenta.

En el caso de Aldana Fabián, la peregrinación para votar es un poco más larga. Hace ya seis años que dejó Berazategui para acompañar el trabajo de su marido en Bolívar, provincia de Buenos Aires. Después ambos fueron a vivir a Mar del Plata. Muchas cosas cambiaron desde entonces, salvo por su dirección del DNI: cada vez que hay una votación Aldana se sube a una combi o a su auto para ir a la escuela de siempre en Ranelagh. "Tratamos de votar temprano con mi papá y mi hermana. Después siempre hay asadito y mucho noticiero", cuenta. Su marido hizo el trámite de cambio de domicilio para que figure el actual de Mar del Plata, pero no llegó a entrar a tiempo en el padrón electoral. Por lo que si quiere votar en las PASO, tendrá que manejar más de 400 kilómetros hasta Bolívar.

A algunos el domicilio "falseado" les trae alguna complicación mayor: como a Gastón, que no quiere revelar su apellido, vive en Villa Santa Rita y este año tendrá que ser presidente de mesa en Temperley. Su esposa no podrá llevarle termos de café ni medialunas porque se quedará cuidando a las hijas de ambos en Capital. Por lo que la familia pasará el domingo separada. "Este es un mensaje para los giles que no hacen cambios de domicilio", dice Gastón a la salida de la capacitación para ser autoridad de mesa. El domingo tendrá que madrugar un poco más que el resto sus compañeros.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.