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Rosario: historias de solidaridad en una madrugada dolorosa

Paramédicos del Instituto Ret, se autoconvocaron y fueron a dar un mano a la zona de la explosión
Paramédicos del Instituto Ret, se autoconvocaron y fueron a dar un mano a la zona de la explosión Fuente: LA NACION - Crédito: Ezequiel Muñoz
Un bar que decidió abrir sólo para brindarle un lugar y comida a familiares de víctimas del derrumbe; Ongs y bomberos autoconvocados; los héroes anónimos de la tragedia
Diego Yañez Martínez
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7 de agosto de 2013  • 12:55

ROSARIO.- Un bar que cierra sus puertas y las abre sólo para familiares y que les da comida y refugio. Voluntarios que llegan no sólo desde esta ciudad, sino desde varios puntos, incluso desde Buenos Aires. Ex combatientes de Malvinas. La otra cara de la tragedia que saudió en la mañana de ayer a esta ciudad, con un saldo de al menos 10 muertos y más de 60 heridos tras el incendio y posterior derrumbe de un edificio por un escape de gas, son las historias de héroes anónimos.

Pablo Pezzoli, de la ONG Rosario Solidaria, y que pertenece a la Mano Pastoral Universitaria de Rosario, es uno de los voluntarios que permanece firme ayudando en la madrugada de hoy. Se emociana al contar cómo los vecinos "dan una mano". Hay panaderías que dan pan a los rescatistas. Además, un instituto de comidas, en Boulevard Oróñez y Salta, se ofreció a servirle en el mediodía hoy comida a los voluntarios y trabajadores. Los ejemplos se repiten. "Venimos a darle una mano a la gente que labura. Muchos vecinos se acercan a ofrecer ayuda. Hay una muy buena respuesta", dice Pezzoli.

Los paramédicos del Instituto Ret, al enterarse por las noticias de la tragedia, se autoconvocaron y llegaron rápido al lugar. "Vinimos y nos pusimos a disposición de las autoridades. Realizamos atención a los pacientes que salían", expresa Andrés Pérez.

Una carpa de voluntarios, en Jujuy y Oróñez, contiene a familiares que se acercan. A escasos metros, el emblemático bar de Rock And Felleres, luce hoy diferente, como toda una ciudad que se mantiene en vilo. Su dueño no sólo le da refugio y comida a damnificados y familiares de víctimas, sino que les brinda contención. Historias de solidaridad que se repiten en una ciudad que llora una tragedia.

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