Roxana Morduchowicz: "Necesitamos promover en los chicos el pensamiento crítico"

La autora, especialista en culturas juveniles, presentó ayer su libro Los chicos y las pantallas. Las respuestas que todos buscamos
Fernando Massa
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25 de abril de 2014  

Rodeados de pantallas, en los últimos cinco años el mundo de chicos y adolescentes cambió: la forma de construir su identidad, de aprender, de informarse y relacionarse. Cambios que en los adultos generan más preguntas que respuestas. La especialista en culturas juveniles Roxana Morduchowicz reunió estas preguntas y sus respuestas en un nuevo libro editado por Fondo de Cultura Económica que busca ayudar a comprender y valorar la cultura de las nuevas generaciones: "Los chicos y las pantallas. Las respuestas que todos buscamos".

-¿Cuál es la edad ideal para que un chico empiece a usar una tableta?

-La tableta es muy popular entre los chicos porque ha introducido lo táctil, que el celular también lo tiene pero con una pantalla más pequeña y más difícil de manipular para un chico. El deslizar la mano por la tableta ha ayudado a los chicos a que tengan un acceso más simplificado. Lo ideal es que hasta los tres años no tengan contacto con ninguna pantalla y priorizar los cinco sentidos, sobre todo el motriz.

-Hoy que tanto se discute sobre los medios de comunicación, resulta interesante que en el libro se vea con buenos ojos que los chicos miren los noticieros...

-Los chicos saben perfectamente lo que está pasando porque forman parte de la sociedad, lo ven en su casa en la preocupación de sus padres, o en la alegría si es una buena noticia. Por eso ocultar la realidad no tiene ningún sentido porque los chicos igual se enteran. Y porque mucho mejor que ocultarla es ponerla en palabras, dialogar sobre lo que están viendo y contenerlos, explicarles que es verdad, que eso está pasando pero que los adultos están para contener, para ayudar, y que el chico se sienta contenido.

-¿Es cierto que en las búsquedas laborales ya se fijan qué subió una persona a Internet?

-Es cierto. Sobre todo en Estados Unidos y en algunos países de Europa. Y tanto es cierto que California propuso sancionar la ley del derecho al olvido. Es decir, que para los menores de 18 años que suben informaciones o imágenes inconvenientes que los puedan perjudicar en el futuro porque no miden el alcance de Internet por ser muy jóvenes, se les pueda permitir pedirles a los servidores o a las redes sociales que eliminen esos rastros o esas huellas. Es un de debate hoy en día.

-¿Por qué decidió incorporar la red social Snapchat al libro?

-Snapchat es una forma de comunicación muy tentadora para los adolescentes porque al enviar un contenido a un amigo sólo dura treinta segundos y después se auodestruye. Pero lo que se destruye es el mensaje enviado y no lo guardado. Otra vez hay que explicarle a los chicos que nada es absolutamente seguro y privado en Internet. Y que las huellas son difíciles de borrar.

-El libro recomienda que los docentes se acerquen a la cultura de los chicos... ¿Pero cómo?

-La escuela tiene objetivos con los que tiene que cumplir y eso no lo tiene que sacrificar. Lo que sí me gusta decir es que para llegar a algunos contenidos que la escuela tiene que llegar hay que tener un punto de partida desde donde está el chico. Dicho de otra manera, tenemos que partir desde donde los chicos están para llegar donde queremos que estén.

-Al contrario de lo que podría pensarse el libro plantea que la brecha tecnológica entre chicos y adultos podría acortarse. -Existe la creencia entre los adultos que los chicos saben más de Internet y de computación porque nacieron con esa tecnología y ellos no. Eso es parcialmente cierto. Es verdad que conocen más, porque además tienen más tiempo para el ensayo y error. Pero el aprendizaje y el saber que tienen los chicos de Internet es instrumental. Saben del soporte, dónde clickear, pero el criterio, el sentido común, es de los adultos. De ahí la frase "cuando un chico navega por Internet la mejor brújula sos vos". En definitiva, lo que tiene que hacer la familia y la escuela cuyo rol no ha cambiado es enseñar a pensar.

-Podríamos decir que ese es también el meollo del libro, ¿no?

-Es lo que queremos. Los chicos son diferentes en la manera de relacionarse, de aprender, de conocer y de informarse. Lo que necesitamos es enseñarles a pensar y promover el pensamiento crítico, porque hoy información es lo que sobra y la escuela ya no puede creer más que es el monopolio de la información. Necesitamos una escuela que enseñe a leer, analizar, a interpretar, a evaluar esa información y a construir la propia opinión.

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