Sandra Gamboa: un centro de ayuda surgió tras un femicidio

Nelly Gamboa Guillén, frente al lugar que recuerda a su hija
Nelly Gamboa Guillén, frente al lugar que recuerda a su hija
La joven fue asesinada en 2007 en un edificio público, donde ahora se escucha a víctimas
Gastón Rodríguez
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4 de enero de 2019  

"Todavía estoy acá, no me fui", dice Nelly Gamboa Guillén. Una noche de 2007, en su casa de Lima, recibió un llamado que le avisaba que su hija Sandra, llegada hace poco a la Argentina, había desaparecido luego de ir a una entrevista de trabajo. Al día siguiente, después de salir del aeropuerto de Ezeiza, Nelly se tomó un taxi hasta el consulado de Perú y, más tarde, a la Departamental Primera de La Plata, en la ciudad donde vivía su hija. Nadie supo decirle algo; ni siquiera fueron capaces de entender su desesperación. Gracias a un bombero que alertó sobre un olor putrefacto, se supo que Sandra era un cadáver abandonado en el edificio donde funcionaba la ex Dirección de Rentas (ARBA), dependiente del Ministerio de Economía provincial. Once años después, Nelly logró abrir en ese lugar un centro de asistencia a mujeres víctimas de violencia . "No me iba a ir de este país -dijo a LA NACION- hasta cumplir uno de los tantos sueños que le arrancaron a mi hija".

Sandra Ayala Gamboa llegó a la Argentina el 25 de octubre de 2006 para estudiar la carrera de Medicina. Tenía 21 años y acababa de terminar el curso de enfermería en Lima. Pronto se instaló en una pieza de la pensión de la avenida 46 y 6, en La Plata, porque le quedaba cerca de la Facultad. "Solo estuvo unos pocos meses. Ella vivía sola y cuando me enteré de que había desaparecido, vine para llevármela", se lamentó la madre.

Según las cámaras de seguridad ubicadas sobre la avenida 7, entre 45 y 46, el viernes 16 de febrero de 2007, cerca de las 14, Sandra entró al edificio de la ex ARBA acompañada de un hombre. El motivo era una supuesta entrevista de trabajo a la joven. Nunca salió: seis días después su cuerpo apareció en una de las oficinas donde funcionaba el archivo del Ministerio de Economía bonaerense.

"Ella peleó por su honor y por su vida contra cinco hombres que ingresaron a ese lugar con la llave y salieron con la llave, porque no había ninguna puerta forzada. Esos monstruos trabajaban en ese lugar", remarca Nelly.

El dato de la resistencia contra cinco hombres no es una conjetura, sino una realidad probada. Los peritos que analizaron el cadáver de Sandra encontraron cinco ADN diferentes. El único identificado fue el de Diego Cadícamo, que, por este y otros casos, fue condenado a cadena perpetua.

"Tengo 50 años -dijo Nelly- y ya van a hacer doce que estoy acá. Me duele como si me hubieran arrancado a mi hija ayer; todavía no puedo aceptar lo que le pasó. Como una chica tan joven, llena de vida, de esperanza, de proyectos, entra a un edificio del Estado y sufre lo que mi hija sufrió".

Desde el femicidio de Sandra, el organismo público ubicado en la avenida 7 se convirtió en un emblema de la ciudad contra la violencia machista, señalizado en un mural que recuerda la cara de la joven. En simultáneo, Nelly, acompañada por el movimiento de mujeres y organizaciones sociales, luchó para exigir justicia por su hija, pero también para que su muerte sirva de algo.

Finalmente, el lunes 10 de septiembre el edificio del Ministerio de Economía provincial volvió a abrir sus puertas. Nelly fue la oradora principal de una ceremonia de apertura simbólica para recordar a su hija y anunciar que a partir de ese momento La Plata contaba con la Casa Sandra Ayala Gamboa (CSAG), un centro de atención para mujeres que sufren violencia, con un plantel de psicólogas, abogadas, profesionales de la salud y equipos dedicados a la niñez.

"Cumplí un sueño de Sandra y mi promesa de que nadie la iba a olvidar, pero no estaré conforme nunca porque no es justo que te maten así a una hija. Mi lucha continúa, voy a seguir pidiendo justicia y buscando esos cuatro ADN.

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