Señal de madurez y gran calidad

Graciela Melgarejo
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27 de marzo de 2013  

Para sus lectores, que los tiene, muchos y de todas las edades, el premio concedido a Isol es un simple acto de justicia, que corona una trayectoria pródiga en títulos, algunos de los cuales tienen ya la condición de clásicos (por ejemplo, los tres reimpresos este año: Cosas que pasan , Regalo sorpresa y Secreto de familia , y La bella Griselda , un cuento de hadas ejemplar y transgresor).

En realidad, tampoco debería sorprendernos a los argentinos que, una vez más, un nombre destacado dentro de nuestra literatura infantil y juvenil reciba un galardón internacional. Justamente, el año pasado, María Teresa Andruetto, la autora de libros tan exquisitos como El árbol de lilas , Trenes o Miniaturas, ganó el codiciado Hans Christian Andersen.

Lo que este reconocimiento internacional está demostrando es que también la literatura infantil y juvenil argentina ha alcanzado un grado de madurez y calidad extraordinarios. Alguna idea ya se tenía desde el momento en que la Feria del Libro de mitad de año, dedicada específicamente a esta producción, ha ido creciendo cada vez más y sumando nombres, difusión y hasta metros cuadrados de nuevos stands.

Sin embargo, este fenómeno no es azaroso. Hunde, por supuesto, sus raíces en una tradición riquísima de la cual siempre se suelen rescatar en primer lugar los nombres de Javier Villafañe o María Elena Walsh. Esta última, sobre todo, con la potencia inspiradora de una obra sin igual, ha sido un motor poderoso para influir en los escritores que vinieron tras de ella y que ya constituyen una nueva etapa.

Vale la pena recordar que el año pasado, en la Biblioteca Nacional, y por tercera vez consecutiva, se organizó el Congreso Internacional de Literatura para Niños, otra ocasión para establecer un activo intercambio entre investigadores y académicos de la Argentina, de América latina y del resto del mundo.

El premio recibido por Isol reconoce además en su persona a la gran camada de ilustradores argentinos que trabajan dentro y fuera del país, y que cada vez más son también autores de los textos que tan bellamente ilustran.

Hay, también, otro fenómeno igualmente interesante que no debemos soslayar: los escritores para adultos están incursionando con éxito en el campo tan atractivo de la literatura "pequeña", porque han comprendido que no es nada pequeña, en realidad.

Quizá falte todavía un poco más de difusión: los medios escritos no están en falta, pero sí la radio y la TV, que deberían recuperar para esta literatura los espacios que alguna vez tuvo y que muchos memoriosos -no necesariamente muy mayores, por supuesto- recuerdan con emoción. Será un motivo más para enorgullecernos de ser argentinos, y eso nunca viene mal.

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