Sin rastros de 67 personas desaparecidas

Son aquellas sobre las que la policía no tiene pista alguna; la Justicia investiga qué sucedió con esos casos; cifras disímiles
Evangelina Himitian
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14 de mayo de 2003  

El misterio de la suerte que corrió medio millar de santafecinos durante el desborde del Salado está lejos de terminar. El gobierno provincial admitió ayer la existencia de 67 personas desaparecidas sobre quienes la policía no encontró ningún rastro hasta el momento. El titular del Juzgado Federal N° 2, con sede en esta ciudad, Francisco Miño, deberá investigar qué ocurrió con estos casos que mantienen en vilo a los familiares que, sin suerte, movieron cielo y tierra para encontrar a su gente.

Hasta el momento, el gobierno provincial había hablado de 24 muertos (dos de ellos aún no fueron identificados) y de 500 "desencontrados". El término buscaba trazar una diferencia entre quienes no habían dado con sus familiares y quienes, según las actuaciones policiales o judiciales, no han sido vistos con vida desde el 29 del mes último, cuando comenzó la inundación.

Ahora, según el gobierno, el número de desencontrados bajó a 300, mientras que en las bases de datos del Centro de Búsqueda de Personas que organizó La Federación Universitaria del Litoral y la Asociación de Trabajadores del Estado figuran 465 nombres. Es la cantidad de desapariciones confirmadas al viernes último de las más de 1700 denunciadas que hubo en un comienzo.

LA NACION accedió al listado completo de personas desencontradas, que se pueden consultar en la edición de hoy de LA NACION Line(ver aparte).

Como si no hubieran pasado más de 15 días desde la catástrofe, todavía hay personas que peregrinan de un centro de evacuados a otro, con la esperanza de reencontrar a su familia.

Pero, ¿quiénes son ese medio millar de desencontrados? Donde están. El Centro de Búsqueda de Personas, que se organizó con voluntarios en el peor momento de la catástrofe, explicó que es la cantidad de personas no encontradas por sus familiares, actualizada hasta el viernes último. A partir de entonces los datos fueron entregados a la Unidad de Búsqueda del Ministerio de Gobierno.

Según pudo comprobar LA NACION, el 8,7 por ciento de los desencontrados son chicos menores de diez años; el 15,5% tiene hasta 20 años; el 37%, entre 20 y 40 años; hasta 50, el 14,6%; hasta 60, el 11,9%, y el 12,3%, entre 60 y 90 años.

La mayoría son personas residentes en el barrio Santa Rosa de Lima (24,4%), Centenario (21) y Barranquitas (8). Además, al menos un 20% de las personas que habían iniciado la búsqueda no vive en Santa Fe, por lo cual, en muchos casos se trató de familiares que quedaron incomunicados con su gente cuando todas las líneas de teléfono de ciertos barrios se cortaron y ante las noticias que recibían de lo que estaba pasando,querían confirmar que estuvieran bien, aunque en realidad no hubieran desaparecido. "De todas maneras, muchas personas que figuran en el listado ya se reencontraron con su familia", explicó Jorge Hoffman, de ATE.

LA NACION se comunicó con unos 20 hogares que aparecían en el listado. La mayoría confirmó que ya se había reencontrado con sus parientes, aunque sin informarlo al Centro de Búsqueda.

Marcela sigue buscando

Marcela Martínez atiende con nervios cada vez que suena el teléfono. Está desesperada por una noticia, una pista, algo. Necesita encontrar a su hermano Aurelio, de 21 años, y a su hermana Aurora, de 25, a quienes no vio más desde la gran inundación. "Ya recorrí centros de evacuados, consulté todas las listas, pero no pude dar con ellos. No están. Y tengo miedo... porque a estas alturas si estuvieran bien se tendrían que haber comunicado...", solloza Marcela, mientras le acaricia la cabeza a su hijo de cuatro años. Sus hermanos viven en Santa Rosa.

"La casa quedó inundada. Rezo porque se hayan podido escapar y que me llamen si se enteran por el diario que los estoy buscando." Y a medida que pasan los días, la angustia la carcome.

Lo mismo que a Teresita Barrios, de Las Flores, que busca desesperadamente alguna seña de vida de su hermano Juan Gregorio, de 60 años, y de su hijo Juanjo. "Los vecinos dicen que no los vieron. Que el agua subió en cuestión de cinco minutos y tapó todo. Que eran como las dos de la mañana y una no quiere pensar en lo peor. Pero, ahora que ha bajado el agua, no nos animamos a entrar a la casa de ellos. Sería terrible comprobar que lo que tememos... sea cierto", dice con un profundo pesar.

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