Sin seguridad: la casi nula presencia policial y la falta de controles agravaron el caos

En la periferia hubo sólo unos pocos patrulleros; el tránsito se desbordó y los autos quedaron atascados
Darío Palavecino
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13 de marzo de 2017  

OLAVARRÍA (De un enviado especial).- Más que el ticket en mano, el santo y seña en las cabinas de control de accesos, sobre todo cuando ya oscurecía, era no empujar. "Tranquilos y pasan", se escuchó seguido entre los asistentes al recital en el que la enormidad del espacio verde La Colmena se diluyó ante la literal marea humana que se instaló frente al escenario donde se presentaron el Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Espectadores que participaron y disfrutaron del show exhibían ayer las entradas intactas, con el correspondiente talón troquelado que se corta y queda como constancia para la organización. "Le voy a hacer un cuadrito", dijo la santafecina Paula Benítez, que junto con su esposo compartió el décimo recital consecutivo del ídolo que lleva tatuado en el hombro izquierdo. La había comprado anteayer, a las 20.30, una hora antes de que sonara "Barbazul", el primer tema del recital.

Las falencias en los controles no sólo quedaron acotadas a la organización privada del recital, sino también al gobierno municipal, que aceptó recibir este show cuando las nuevas autoridades del Hipódromo de Tandil se negaron a alquilar sus instalaciones, como ya lo habían hecho el año anterior.

El tránsito en general y los espacios elegidos para estacionamiento en particular, sobre todo para el millar de ómnibus o más que llegaron a Olavarría desde el viernes, no encontraron límites.

Trabado, pero al fin fluido el ingreso, los problemas mayores se dieron a la salida. Durante la madrugada de ayer y hasta primeras horas de la mañana, un tramo parecía extraído del cuento "La autopista del Sur", de Julio Cortázar. Autos trabados, camiones inmóviles, colectivos cruzados. Entre la oscuridad y el frío, conductores y acompañantes durmieron en sus butacas hasta que, con luz de día y algo de buena voluntad, se resolvió el atascamiento.

Fue el mal momento que siguió a la salida del show, que dio miedo. Papás llevaban sobre los hombros a niños que lloraban en la oscuridad. Hubo mujeres que se descompensaron. Y ese avance hacia la salida ya no a paso de hombre, sino de bebe. Casi en puntas de pie y, peor aún, sobre barro. Ni un chaleco verde de control y guía a la vista.

La presencia policial fue casi nula. Es cierto que Solari y su organización tienen una historia de malas experiencias con la fuerza provincial. En la periferia sólo hubo unos pocos patrulleros alejados del grueso de los espectadores que ingresaban o salían del show. Los efectivos recién asomaron ayer, ante los incidentes en la terminal y los comercios.

Al caos vehicular no se le encontró solución. No hubo en zona ni un solo gesto oficial de intento de orden. Se salió a la ruta cuando y como se pudo. Se circuló en medio de miles de personas que a pie, en penumbras, hacían dedo por la banquina o la propia calzada. Tambaleantes, como personajes de series de zombies, se cruzaban sobre autos o se tiraban sobre los capots para pedir que los llevaran a su localidad.

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