En el Amazonas, la selva está llamando

Para combatir la tala ilegal en una reserva indígena, una ONG equipa los árboles con teléfonos móviles que alertan de la llegada de los madereros
Astrid Christophersen
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20 de junio de 2015  

TIERRA INDÍGENA ALTO RÍO GUAMÁ, Brasil.- En medio de la algarabía de la selva, con el crujido de las hojas, el zumbido de los insectos, los aullidos de los monos y el chillido de los papagayos, otros sonidos más amenazadores pueden oírse: un motor de revoluciones y el ruido de los neumáticos de los camiones que podrían silenciar la sinfonía de los bosques para siempre.

En un rincón perdido en la selva del Amazonas, los miembros de una tribu indígena esperan que un dispositivo de alta tecnología, que detecta los camiones, las motosierras y otros sonidos que revelan el acercamiento de los madereros, pueda ayudar a salvar su tribu y sus hogares en la selva.

Hecho de smartphones desechados y escondido en la copa de los árboles, el dispositivo es una idea original del físico convertido en defensor de los bosques Topher White. Su organización no gubernamental con sede en San Francisco, Rainforest Connection, se ha asociado con el pueblo de Temble, en el estado brasileño de Pará, en el extremo norte del Amazonas, zona cero en la lucha por el futuro de la mayor selva tropical del mundo.

"El pueblo de Tembé cree que está luchando contra la aniquilación, por lo que es mucho lo que está en juego", dice White al inicio de una prueba de campo de meses de duración en la reserva de los Tembé, donde miembros de una tribu de 1000 fuertes efectivos se han enfrentado en los últimos meses con secuaces ganaderos armados que están invadiendo su territorio por ambos lados. "El fracaso no es una opción, incluso en el primer intento."

A pesar de lo que White llama la "red móvil en bruto" en el área -los Tembé dependen de antenas rudimentarias para captar incluso la más mínima de las señales-, los primeros tests han arrojado esperanzas. Apenas unas horas después de que fuera instalado, un dispositivo recogió con éxito el sonido de un coche que pasaba y envió una alerta al teléfono de White.

Una vez que el sistema esté instalado y operativo, con dispositivos repartidos a lo largo del perímetro de 6000 kilómetros cuadrados de la reserva, la idea es que las alertas se envíen en tiempo real a los cerca de 30 miembros de la tribu a los que se ha denominado los "guardabosques" de Tembé, encargados de repeler a los invasores.

El vehículo que activó la alerta inicial "no era un camión maderero, sólo era un coche que pasaba", dice White. "Pero es realmente emocionante porque muestra que el sistema puede funcionar y funciona." White, de 33 años, tuvo la idea de crear el dispositivo durante sus vacaciones en Indonesia, en 2011. Estaba de voluntario en un santuario para gibones, simios de tamaño medio que están entre los primates más amenazados del planeta.

Para dar a los gibones una oportunidad de luchar, sabía que su pequeño hábitat tenía que ser protegido de los madereros ilegales. Pero ¿cómo parar a los madereros si la propia selva ahoga el rugido de sus motosierras? "Estuve pensando que la mejor forma de hacerlo era escuchando los sonidos de las motosierras, aislarlos de forma automática en la selva y ser capaces de averiguar dónde estaban", dice White. "Había una cobertura bastante buena, así que pensé que podía encontrar una solución usando eso."

El dispositivo que fabricó se parece a una margarita con un teléfono resistente al agua en el medio del que irradian paneles solares que lo cargan. Atado al tronco de los árboles, a unos 35 metros sobre el suelo, el smartphone recoge el sonido ambiental en un radio de unos tres kilómetros y lo sube a Internet, donde un software programado para reconocer los sonidos de las motosierras envía una alerta a los teléfonos de los guardabosques cuando ese ruido es detectado.

En 2013, White regresó a Indonesia a otra reserva de gibones para probar su invento. El dispositivo funcionó tan bien en las primeras 48 horas después de su instalación que desanimó a los posibles madereros. "Desde entonces, porque es una reserva bastante pequeña, fueron capaces de aprovecharlo (la primera aprehensión) para mantener a los madereros alejados. No fuimos capaces de detectar ninguna otra actividad ilegal", dice.

A pesar de su tamaño -Rainforest Connection es una organización de dos hombres, ayudada por un marco de dedicados voluntarios-, la organización tiene grandes proyectos. "Queremos mostrar que esto es algo que se puede usar en cualquier otra parte", dice White por teléfono desde una ciudad a las afueras de la reserva de Tembé. "La mejor forma de hacerlo es trabajando con otras tribus. La tesis subyacente es que si quieres proteger el Amazonas lo mejor es trabajar con gente cuya existencia misma se defina por la existencia de la selva."

"Es la diferencia entre luchar contra la aniquilación y luchar contra la destrucción del medio ambiente", dice White. "A la mayoría de la gente para la que trabajamos la apasiona, pero la urgencia que vemos en Temble es especialmente palpable."

Más información: https://rfcx.org

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