Sobre llovido, mojado

Por Héctor Müller De la Redacción de LA NACION
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19 de diciembre de 2001  

Difícilmente el sector agropecuario recuerde un año tan complejo como el que se transita.

Las inundaciones que afectaron extensas zonas de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa produjeron pérdidas por ingresos cercanos a los 850 millones de dólares y propinaron un duro golpe a la infraestructura de las explotaciones rurales, que se vieron afectadas en el orden de los 650 millones de dólares. El agua se llevó 1500 millones de dólares en explotaciones tamberas, agrícolas y ganaderas.

Por el lado de las carnes, las noticias tampoco son buenas. El cierre de los principales mercados por el episodio aftósico colocó a la industria exportadora al borde de una profunda crisis del sector, que arrojó pérdidas por 470 millones de dólares y arrastró en su caída 4500 puestos de trabajo.

A la industria proveedora del mercado interno no le fue mejor. Por la persistente recesión por la que atraviesa el país y por cambios en los hábitos de consumo la demanda fue cayendo sistemáticamente hasta llegar hoy a los 60-65 kilogramos por habitante y por año. Quedaron muy atrás los históricos 90-95 kilogramos que llegaron a consumirse.

En el Mercado de Liniers el precio promedio del novillo el jueves de la semana última fue de $0,638 por kilogramo; un 30,72% por debajo de igual fecha del año anterior. Según información difundida por la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), por la aftosa, las inundaciones y la recesión el sector productor de bovinos tuvo una pérdida de ingresos de 350 millones de pesos.

Así como la ganadería anhela la que pronta reapertura de la Unión Europea comience a descomprimir la difícil realidad por la que atraviesa, no es menos cierto que la incertidumbre económica se apoderó del agro en general. Los problemas financieros están en alza y crecen las voces que alertan sobre el tan temido corte de la cadena de pagos. El campo afronta una deuda bancaria de 6000 millones de dólares y hoy se estima que la morosidad asciende al 40 por ciento.

El hecho positivo

Como hecho positivo se destacó la puesta en vigor de los planes de competitividad que permitieron eliminar impuestos distorsivos como la renta mínima presunta y el gravamen a los intereses, así como la mayoría destaca la creación del Instituto de Promoción de Carnes.

Si bien es cierto que hay que persistir en la lucha contra los subsidios -un productor de la Unión Europea recibe 17.000 dólares anuales por ese concepto y otro de los Estados Unidos, 21.000- también resulta fundamental la revisión de los problemas internos.

"Sentimos que estamos pagando los gastos de una larga fiesta de la que no participamos", dijo recientemente Manuel Cabanellas, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).

Con esas palabras, atacó el desproporcionado aumento del gasto público respecto de la capacidad de pago de la economía argentina.

Y dio cifras. Por ejemplo, en 1990 la deuda pública era de 61.000 millones de dólares y, actualmente, supera los 150.000. En términos del PBI, a comienzos de la década pasada, la deuda representaba el 33 por ciento y hoy supera el 50 por ciento. El gasto público en ese período se duplicó y el PBI subió sólo el 57 por ciento.

Los números hablan por sí mismos. Los gastos del Estado aumentaron mucho más que la generación de riquezas. El país productivo reclama la urgente reversión de esta asfixiante situación.

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