Un alimento que nadie logró imitar

Fernando polack
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3 de agosto de 2015  

La lactancia materna es la intervención más rica y diversa en sus beneficios que puede recibir un recién nacido. Contribuye al crecimiento, al desarrollo intelectual, a optimizar las funciones de los órganos del cuerpo y, en su faceta más conocida, nos protege contra un sinnúmero de infecciones.

Estas propiedades biológicas sólo cubren un aspecto de sus propiedades, ya que sus beneficios en la relación madre-hijo y en el empoderamiento de la madre como dadora de vida son fenómenos de dimensiones extraordinarias.

La lactancia, refinada por seis millones de años de evolución de los seres humanos en la Tierra, desborda en ventajas cualquier estrategia inventada por el hombre. Ni la industria farmacéutica ni los laboratorios académicos han conseguido un descubrimiento que se aproxime a proporcionar la variedad de beneficios que ella esconde.

Nuestro programa de investigación en lactancia en la Fundación Infant reveló un concepto contraintuitivo en los mecanismos que utiliza la leche para proteger contra las enfermedades respiratorias.

Contrariamente a lo aprendido en años de estudios, la lactancia no cubre el pulmón de anticuerpos protectores contra cada germen. Mucho más inteligentemente, ayuda al pulmón a crecer, al permitir que un órgano más maduro y robusto resista embates que dañarían un pulmón inmaduro.

Por ello, la leche disminuye 95% los episodios graves de bronquiolitis causados por todos los gérmenes, mientras el mejor producto farmacéutico disponible alcanza una efectividad de 50% contra un único virus. Todos los otros gérmenes infectan sin frenos.

Hemos invertido décadas en desarrollar vacunas individuales para prevenir infecciones respiratorias en bebes contra cada virus con éxito escaso, mientras la leche humana simplificó todo al prevenir los problemas potenciales de todos con una única bebida.

Esta diferencia entre el poder de la naturaleza y nuestros mejores esfuerzos revela los límites de nuestra omnipotencia, y también enseña que mirando a la naturaleza (por ejemplo, desentrañando los mecanismos de protección de la lactancia) los científicos conseguiremos ampliar enormemente los beneficios de salud para nuestros chicos.

El autor es director de la Fundación Infant y profesor titular de pediatría de la Universidad de Vanderbilt, EE.UU.

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