Un arca de Noé para los más débiles

Comenzó su trabajo hace 40 años y ya creó 120 comunidades para darles cabida a los discapacitados
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17 de mayo de 2003  

TROSLY BREUIL, Francia.- Tenderle la mano a un discapacitado es un gesto noble. Vivir con él, especialmente en el caso de minusválidos mentales, es algo que estira la capacidad solidaria al máximo. Jean Vanier ha pasado por esa experiencia y la ha repetido no una, ni dos, ni tres, sino cientos de veces, creando una verdadera "arca de Noe" para los más débiles en la sociedad.

Todo comenzó hace 40 años, con la visita a un sacerdote dominicano, Thomas Philippe, que acababa de crear un centro para ayudar a una treintena de hombres discapacitados en Trosly Breuil, una villa ubicada al borde de los bosques imperiales de Compiégne, unos 100 kilómetros al norte de París.

Ese encuentro le cambiaría a Vanier la vida. Hijo de Georges Vanier, diplomático y gobernador de Canadá, el joven Jean había abandonado poco antes su carrera de marino en la Royal Navy -a cuyas filas se había sumado durante la Segunda Guerra Mundial- para doctorarse en Filosofía Moral en el Instituto Católico de París y enseñar en la Universidad de Toronto.

Ante lo que era una evidente búsqueda espiritual, Philippe lo desafió a poner en la práctica lo que venía predicando en las aulas. Profundamente conmovido por el sufrimiento de dos hombres de su misma edad, pero con retardo mental, Raphael Simi y Philippe Seux, Vanier compró una casona ahí mismo, y sin la más mínima experiencia en la asistencia a discapacitados los invitó a compartir su hogar.

Más de cien comunidades

Hoy existen 120 comunidades El Arca en Europa, Estados Unidos, Africa y Medio Oriente, incluidos lugares tan peligrosos como la Franja de Gaza, en Palestina.

Algunas están integradas por tres o cuatro personas; otras, por 200 o 400. Todas operan en forma independiente.

El próximo martes Vanier visitará por primera vez nuestro país con la intención de incluirlo en la lista. En la Argentina se lo conoce por ser también cofundador de una red internacional de ayuda a los familiares de discapacitados, Luz y Fe, que ya cuenta con representantes en Mendoza, Entre Ríos, Santa Fe y la Capital Federal.

Basta con llegar a la puerta del centro de Trosly Breuil para encontrar a sus residentes atendiendo tareas de mantenimiento, como el corte del césped del jardín o el lustrado de un portón, con la sonrisa dibujada en el rostro. Testimonios de felicidad abundan también en las fotografías que adornan la sala de espera donde a Vanier se lo puede ver abrazado tanto por sus huéspedes como por figuras que le han transmitido su admiración, como la Madre Teresa, Juan Pablo II y el arzobispo de Canterbury.

Sentido de pertenencia

"Nuestra comunidad no es un grupo religioso. Lo que nos define es un sentido de pertenencia común. Se trata de un hogar donde todos los residentes, discapacitados y no discapacitados, se sienten libres para crecer", advirtió Vanier a LA NACION, ataviado con la humildad de un fraile y rodeado por papeles y libros en su estudio de la casona que, a los 73 años, sigue compartiendo con dos centenares de discapacitados, incluidos varios esquizofrénicos, y una mujer de 70 años sorda, muda y ciega.

-¿Sólo minusválidos abandonados viven en El Arca?

-En América latina nos inclinamos por esa opción por una cuestión de necesidad. Tenemos que rescatarlos de instituciones terribles o de la calle. En Francia la mayoría cuenta con sus padres. Lo ideal sería que vivieran con ellos, pero si sufren de una enfermedad que los torna abruptamente violentos es mejor que permanezcan con nosotros y los visiten una vez por mes.

- ¿Cuál es el tamaño máximo que puede alcanzar una comunidad antes de convertirse en una institución?

-No es una cuestión de tamaño, sino de cómo mantener el espíritu. Lo importante no es dejarse llevar por la necesidad de seguridad, por las presiones de control de los gobiernos o de las instituciones religiosas que a veces buscan imponernos normas. Hay que mantener el clima en el cual el discapacitado pueda recuperar su condición humana. Lo importante en El Arca es el individuo, no el grupo.

-¿Cómo se financian los hogares?

-Creando en cada lugar una red de amigos que nos envían unos pocos dólares por mes. Es la única manera de mantenernos independientes. Preferimos no depender de ayuda estatal. Especialmente en América latina, donde nos cuesta hacerles entender a las autoridades que es mejor para los discapacitados vivir en El Arca que en una institución. Ellos sacan la cuenta de los costos "por cabeza" y, claro, es más barato pagar el salario de 10 personas para que cuiden a 200 que financiar a comunidades enteras donde los discapacitados recobran su dignidad de seres humanos y pueden aportar algo a la sociedad.

-¿Qué se puede aprender de un discapacitado?

-A aceptarnos a nosotros mismos tal como somos. Muchos, afuera, suelen decir "si tú cambias, te amaré". Aquí nosotros decimos "si te amo, cambiarás". Los discapacitados también nos dan otro sentido a la existencia. Vivimos en un mundo donde estamos atrapados por la búsqueda del éxito y por la sed de competencia. Esa preocupación no existe para los discapacitados. Lo importante para ellos son las relaciones, los afectos. A la gente "normal" le cuesta trabar relaciones y manejar la angustia y el dolor que éstas naturalmente generan. Amar es transformarse en vulnerables. A través de la ternura los discapacitados nos guían en una visión digna del Evangelio. San Pablo, en los Corintios, lo explica bien cuando, al comparar a la Iglesia con el cuerpo, dice: "Aquellas partes que son menos presentables y más débiles son esenciales para la salud del cuerpo".

-Usted se refiere mucho a la Iglesia y es autor de varios libros de contenido espiritual, ¿por qué no siguió el sacerdocio?

-Para mantener mi libertad. Muchos han sido heridos por la mediocridad y la falta de compasión de personas que operan en instituciones religiosas. Todos somos parte de la Iglesia desde el momento en que nos bautizan. No necesito vestir hábitos para hacer mi trabajo, pero a través de él he descubierto que ser libre significa no dejarse llevar por el miedo, los prejuicios y el elitismo. La libertad es esencial en El Arca.

- ¿Libertad sin disciplina?

-¡De ninguna manera! Aquí todo el mundo trabaja desde las 8.30 de la mañana. Aquel que se niega a hacerlo por pereza es invitado a dejar la comunidad. La libertad implica respeto al prójimo, y aquí todo el mundo hace algo a la altura de sus capacidades.

-¿Qué pasa si un discapacitado le dice que no tiene fe en Dios?

-Me ha ocurrido varias veces, no sólo con los discapacitados, también con la gente que dirige las comunidades. A todos les digo lo mismo: es mejor una persona que tiene fe en los discapacitados y no en Dios que una que cree en Dios pero no en el potencial de los discapacitados.

En la Argentina

  • Jean Vanier dará una charla con entrada libre y gratuita el próximo martes en el auditorio San Agustín de la Universidad Católica Argentina, situado en Alicia Moreau de Justo 1300.
  • Vanier es autor de los best-sellers "Transformarse en humano" y "Hecho para la felicidad". Su último libro, "Encontrando la paz", es una reflexión sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 donde destaca que la paz no es una tarea para dejar en manos de gobiernos, ejércitos o diplomáticos, "sino una tarea a realizar diariamente por cada individuo que habita el planeta".

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