
Un defensor de los desprotegidos
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Por la energía con que defendió a los sectores sociales más desprotegidos, por la pasión y la independencia con que asumió su compromiso pastoral, monseñor Gerardo Sueldo ocupó un lugar sobresaliente en las filas de la Iglesia argentina.
Si lo que se espera de un obispo es la entrega visceral al cumplimiento del mandato evangélico, puede asegurarse que Sueldo ejerció la función episcopal con rasgos de neta ejemplaridad.
En Santiago del Estero, la provincia en la que desarrolló una parte sustancial de su ministerio, su prédica en favor de la moralización de los hábitos políticos adquirió excepcional relevancia. Crítico infatigable de la gestión del gobernador justicialista Carlos Juárez, denunció permanentemente a los dirigentes que anteponen sus conveniencias personales o de partido a los genuinos reclamos del interés público.
Pero la voz de Sueldo resonó mucho más allá de los límites de las diócesis que el Papa le confió. En las reuniones de la Conferencia Episcopal Argentina se lo oyó exponer muchas veces, con calor y acento apasionado, una visión fuertemente crítica de las políticas impulsadas desde el gobierno nacional.
Su palabra provocó más de una vez un efecto revulsivo en la asamblea episcopal y hasta determinó, en alguna ocasión, que el presidente Menem se movilizara hasta la casa de ejercicios de San Miguel para visitar personalmente a los obispos, en una visible maniobra tendiente a contener la ola de críticas.
Sueldo era, en ese momento, obispo de Orán. Pero estaba ya madura su aguerrida personalidad de pastor. Su estilo personal no era, sin embargo, el de un hombre combativo o belicoso.Al contrario, tenía los modales distendidos del provinciano clásico y era un interlocutor campechano. Reunía virtudes que podían suponerse antagónicas: una vasta y fina cultura (hablaba el italiano, el alemán y el latín) y, a la vez, un espíritu sensible y intuitivo.
Había nacido en Rosario en 1936, pero vivió su infancia en Catamarca, donde inició sus estudios como seminarista y donde en 1961 fue ordenado sacerdote. En 1965 viajó a Europa para perfeccionar su formación. Estudió Sagrada Liturgia en la Pontificia Universidad de San Anselmo y siguió cursos de especialización en la Universidad de Tréveris, Alemania, donde obtuvo el título de perito en Liturgia.
El 30 de abril de 1982 fue designado por Juan PabloII obispo de Orán.El 15 de mayo de 1993 fue trasladado a Santiago del Estero como obispo coadjutor. Al año siguiente, cuando el obispo titular, Manuel Guirao, se alejó del cargo por haber cumplido la edad reglamentaria, Sueldo tomó posesión plena de la diócesis santiagueña.
En el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) fue presidente del Departamento de Liturgia. Desempeñó, además, muchas otras funciones en el Celam y en el Episcopado nacional.
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