Un feriado dividido por la General Paz: Capital desierta, el Conurbano como un día cualquiera

En Capital no se trabajó
En Capital no se trabajó Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Evangelina Himitian
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30 de noviembre de 2018  • 14:48

La misma fecha pero dos días completamente distintos. Así se vivió de un lado y del otro de la General Paz el feriado que impuso el G-20 a los porteños. Como cuando en Pekin o en Singapur ya estallan los fuegos artificiales porque entraron en el nuevo año y en Argentina todavía estamos adobando el cerdo.

Como el feriado sólo regía para los porteños, alcanzaba con salir de los límites de la ciudad para encontrarse con un viernes muy viernes, donde había clases, había que ir a trabajar y en donde casi todos los negocios abrieron sus puertas.

Del otro lado, calles vacías y persianas bajas. En los barrios había un cierto movimiento: apenas bares, restaurantes y supermercados. Alguna que otra verdulería. Pero a medida que uno se acerca al centro, donde manda el anillo de seguridad, la ciudad se volvía un desierto.

Mientras que en los barrios era 24 de diciembre, en el centro era 25 y en el conurbano, 23, con plena actividad.

"No me salva ni Trump"

"Sí que tenemos clases. A nosotros no nos benefició la visita de Trump. Ningún presidente me salva a mí, que tengo que rendir lo que me llevé", sintetiza Vilma Delgado, de 15 años, sentada en las escalinatas del colegio Emilio Mitre, en el partido de San Martín. "Me llevé Biología y Prácticas del Lenguaje, entre otras materias. Y aunque ya no cursamos más, me tengo que juntar con los profesores para ver las fechas y enterarme de qué van a tomar", dice.

En centro de San Martín es un viernes como cualquier otro. Sin feriado ni franco. Eso sí, no hay bancos ni funcionan las dependencias nacionales. Por lo demás, es un día como siempre, donde estacionar es complicado y hay que escuchar bocinazos.

En Villa Lynch, también en la zona norte del conurbano, pasa lo mismo. "En casa fue muy extraño. Yo no trabajé, porque mi oficina queda en Capital, pero mi marido que trabaja en Vicente López sí. Y los chicos tuvieron clases. Por eso salí para hacer algunas compras. Acá no pasa nada con el G20", dice Marina Cano, de 38 años, que vive sobre la avenida Guido Spano.

En Vicente López, se sumaron

Pero el acatamiento al feriado fue dispar en otras zonas del conurbano. En Vicente López, más de la mitad de los locales sobre la avenida Maipú pusieron cartelitos de que permanecerían cerrados por el G-20. Pero otros, decidieron abrir como un día normal. Incluso varios colegios de la zona, como el San Gabriel, decidieron sumarse al cese de actividades, porque muchas familias habían decidido tomarse el fin de semana largo. Sobre todo, porque en la zona y también en San Isidro, iban a haber cortes y zonas restringidas debido al traslado de las delegaciones del G20.

Desde las 10.30, transitar por la ciudad de Buenos Aires era encontrarse con un domingo en pleno viernes. Las calles y avenidas fluían como nunca. "Esto, ni un domingo", se cansaban de repetir los taxistas en las esquinas. En la zona de Almagro, los locales de servicios estaban abiertos, pero el panorama era muy distinto.

El cafecito del domingo

Elsa, Ofelia y Amelia Durante son tres hermanas que decidieron salir a desayunar y ponerse al día. Se sentaron en la mesa de la ventana, en el bar Roses, en Corrientes y Mario Bravo. Un ritual que las reúne los domingos pero que hoy decidieron trasladar al feriado.

Unas cuadras más allá, Cristian López, de 32 y su hermano Ramón, de 12, bajaban sus bicicletas por las escaleras del PH en el que viven. "¿Te animás? Vamos por Corrientes", le decía Cristian. El chico dudaba, pero cuando vieron el tránsito no quedaron más incógnitas. Era una oportunidad histórica para andar en bici por la avenida intransitable.

Llegando a la avenida 9 de Julio, donde comenzaba el anillo de seguridad, todo cambiaba. Un semieje levantaba los contenedores de basura de la avenida Corrientes. Ya no había gente durmiendo en las calles y absolutamente todas las persianas estaban bajas.

Aunque el perímetro arrancaba del otro lado de la avenida, ya en Cerrito no se veían porteños caminando. El panorama era de una ciudad en estado de sitio. Con más efectivos de seguridad de habitantes. Los grupitos de los agentes de la Policía Federal, conversaban en las esquinas amenamente, como sin saber qué hacer con tanto despliegue de hombres fuertes. Cada dos cuadras había una hilera de escudos transparentes acumulados contra una persiana baja. Todo listo para actuar. Sólo había que esperar a que algo pase. O mejor dicho, a que no.

"Chicas, no vayan al shopping"

Tal vez fue culpa de ese bendito whatsapp que circuló en los chats de las madres, donde una supuesta enfermera desaconsejaba ir a los shoppings. "Por favor les pido chicas, no vayan a los shoppings, Por favor", repetía. Lo cierto es que en el Alto Palermo, esta mañana muy poca gente circulaba por los pasillos del centro comercial. Nada que ver con un feriado común.

Cerca de las 11, se encendió el alerta. Un joven que había entrado a robar en un local de la zona, escapaba en su moto cuando un descomunal operativo le cayó encima. Cinco patrulleros y unas siete motos lo seguían y cuando llegó a la altura del shopping, no tuvo mejor idea que tirar la moto y meterse a los locales. Toda la cuadra salió a ver qué había pasados y muchos preguntaban si era un operativo por el G20. "Nada que ver, tranquilos, es por un robo", intentaba tranquilizar uno de los efectivos.

Minutos después, varias parejas de policías recorrían el shopping, con anteojos de sol puestos y hablando por handy, en una escena que parecía copiada de la serie Chips. Un despliegue jamás visto. No sirvió de nada: de todas maneras, el ladrón se les escapó.

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