Un operativo que no impidió los incidentes

Se ordenó el desalojo total del recinto
Laura Rocha
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1 de marzo de 2006  

La última jornada de debate oral del juicio político que la Legislatura le sustancia al suspendido jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, había comenzado por la mañana con tranquilidad.

Nuevamente un impresionante operativo de seguridad controlaba el ingreso al Palacio Legislativo. Después de escuchar el alegato de los fiscales se pasó a un cuarto intermedio hasta las 16, cuando le llegó el turno a la defensa.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia y presidente de la Sala Juzgadora, Julio Maier, había pedido una vez a los familiares presentes en el recinto que evitaran las expresiones de aprobación o rechazo a lo que se escuchaba en el recinto. En esa ocasión habían aplaudido a los fiscales después de su alocución.

Cuando llegaron los abogados defensores de Ibarra los padres mantuvieron la tranquilidad. Sólo había expresiones de rechazo a Ibarra alrededor del palacio y en un improvisado escenario que un grupo de familiares, que pasó allí la noche, montó frente a la entrada de Perú al 100. Acompañados de bombos y con la ayuda de dos altoparlantes, el grupo, de unas 15 personas, coreaba consignas contra el suspendido jefe de gobierno.

En el recinto la defensa realizó su descargo, que se extendió durante una hora y cuarenta y cinco minutos. Los diputados Teresa de Anchorena y Enrique Olivera, de ARI, escucharon parte del alegato. También estaba María Eugenia Estenssoro (Bloque Plural). Los kirchneristas, excepto los tres miembros de la Sala, no estuvieron en el recinto, aunque siguieron de cerca cada detalle.

A las 18.30 Ibarra entró en el recinto acompañado de su gabinete y comenzó con su descargo. Todo se desarrollaba normalmente hasta que un familiar empezó a gritar después de que Ibarra dijera que habían existido presiones y que incluso amenazaron a sus hijos. Maier le aclaró que iba a desalojar la sala si seguían las manifestaciones. "Si no le gusta lo que escucha vaya afuera", dijo.

Y comenzaron los gritos, los insultos y las acusaciones al jefe de gobierno de parte de los familiares. Maier ordenó desalojar completamente el recinto. Sólo dejó que la prensa estuviera presente. Afuera un grupo de padres se lamentaba por el episodio que podría impedirles la entrada en la jornada final.

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