Un proyecto para que los chicos ingresen más tarde al colegio secundario

Se probará el año próximo en cuatro escuelas; creen que mejorará la productividad de los alumnos
Teresa Sofía Buscaglia
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20 de julio de 2015  

"Los adolescentes son típicos «búhos», las agujas de sus relojes biológicos apuntan hacia más tarde", dice el biólogo Diego Golombek. De acuerdo con estas investigaciones y muchos otros aportes de las neurociencias a la educación, desde el año próximo se lanzará un plan piloto en el que cuatro escuelas de la ciudad comenzarán sus actividades en un horario posterior al habitual de las 7.30.

La directora general de Planeamiento e Innovación Educativa del gobierno de la ciudad, Mercedes Miguel, trabaja junto con su equipo desde hace varios años en la reforma del plan curricular de todos los niveles educativos y las neurociencias ocuparon un lugar principal en este nuevo enfoque. "Vamos a seleccionar algunas escuelas secundarias que estarían dispuestas a modificar el horario de ingreso o, en su defecto, seleccionarían asignaturas más afines para las primeras horas de la jornada", señala.

También en la provincia se usan las investigaciones y los hallazgos de las neurociencias en la educación. Pero de acuerdo con el proyecto escolar de cada escuela. Pilar Vasena, directora del jardín de infantes Santa Clotilde, del barrio Las Tunas, en Tigre, entendió que sólo a partir de las emociones se puede entender a los chicos para poder enseñarles. Cada mañana, los niños de la sala de cuatro años se sientan en ronda junto a su maestra y frente a una lámina en la que están dibujadas caras con distintas expresiones señalan las que más se asemejan a sus estados de ánimo. Luego, explican por qué y a partir de una charla grupal comienzan el día. "Se trabaja mucho la comunicación porque en las casas no hablan. Cuando los padres de los chicos ven lo que hacemos con ellos, nos piden que les demos talleres, porque los quieren acompañar y mejorar la comunicación familiar", reflexiona.

En las últimas décadas, los avances científicos permitieron estudiar cómo funciona biológicamente el cerebro gracias a la tecnología que permitió experimentar y verlo por dentro. En el campo de la educación, estos descubrimientos se siguen con gran curiosidad porque ver el funcionamiento del sistema neuronal al momento de aprender brinda a los docentes una información muy valiosa para preparar sus clases y tener éxito en la enseñanza.

El proceso de enseñanza en las escuelas tradicionalmente se basó en el sistema de aprendizaje lógico-verbal, comandado por la parte izquierda de nuestro cerebro. A partir de experimentos neurocientíficos, se pudo comprobar, sin embargo, que las emociones también ejercían un rol fundamental en este proceso. Silvia Criado es vicedirectora de la Escuela Escocesa San Andrés y, desde 2011, organiza talleres de perfeccionamiento docente con un enfoque neurocientífico. "Me interesó el tema de las neurociencias porque no hay que dejar de lado las emociones en la enseñanza. La formación docente que recibí no lo tenía incorporado en su programa. Tenemos que entender qué le pasa al adolescente en el momento en que le damos clases, entender por qué está con esa actitud y qué puedo hacer para que se conecte con lo que estoy diciendo", reflexiona.

"Lo interesante de las neurociencias es que no vinieron a dilapidar nuestras prácticas pedagógicas y a decirnos cómo debemos enseñar, sino que reafirman muchas ideas que ya sabíamos desde la psicología y desde la educación misma", señala María Eugenia Podestá, asesora pedagógica en el área de ciencias y educación. Y completa: "Hoy tenemos explicación científica para afirmar que los períodos atencionales son cortos en los niños, que es muy importante dormir más de ocho horas para la liberación de la serotonina, un neurotransmisor que cementa los conocimientos en la memoria. También sabemos que nuestros alumnos adolescentes no tienen desarrollado completamente el lóbulo prefrontal, que es el responsable de inhibir las conductas inapropiadas o riesgosas".

Sin embargo, hay también quienes prefieren mantener una distancia prudencial con respecto a los avances de estas disciplinas y su influencia en la educación. Daniel Braslovsky, docente en la Escuela de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), reflexiona: "Los defensores de una alianza entre las neurociencias y la pedagogía utilizan en general argumentos parecidos a los de la vieja psicología evolutiva: «Si entendemos cómo funciona la mente, educaremos mejor». La diferencia reside en que, al menos, la psicología emplea metáforas surgidas de la experiencia y no resultados de laboratorio. En ambos casos, el riesgo es similar: se intenta reemplazar los esfuerzos que demandan las relaciones educativas (complejas, cambiantes, políticas, insertas en instituciones) por fórmulas esenciales sobre el alumno o el aprendizaje".

Los neurocientíficos son conscientes de que no hay soluciones mágicas. "Las recetas no funcionan en educación ni en neurociencias. Los cerebros encuentran diferentes caminos para resolver sus problemas. El camino que hace cada cerebro puede ser diferente y la misma receta no funciona igual", aclara Andrea Goldin, del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella.

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