Un socio de Garbellano también vio a Oyarbide

Spartacus: uno de los propietarios del prostíbulo para hombres admitió haber visto varias veces al juez en el lugar; aportaron nuevos contactos telefónicos.
(0)
2 de junio de 1998  

Uno de los socios de Luciano Garbellano, el amigo despechado del juez en apuros Norberto Oyarbide, declaró ayer en la Justicia que vio varias veces al magistrado en el prostíbulo para hombres Spartacus.

Antonio Soldano fue indagado por el juez de instrucción Fernando Rodríguez Lubary en la causa en la que se investiga si Oyarbide se enriqueció en forma ilícita, si amenazó de muerte al recepcionista de un restaurante, si tenía participación en la gestión de locales dedicados al comercio carnal y si instigó el intento de homicidio de Garbellano.

En comparación, los delitos que le imputan a Soldano, son menores: violación a la ley de profilaxis y exacciones ilegales.

Soldano sostuvo que las veces que vio a Oyarbide estaba en compañía de Garbellano, en unas habitaciones que estaban en la parte superior del petit hotel situado en Aguero 1916, donde funcionaba Spartacus, hasta que fue clausurado.

Oyarbide admitió, cuando se presentó en la Comisión de Juicio Político de la Cámara baja, que había concurrido a Spartacus, pero dijo que estaba convencido de que se trataba de la casa de su ex amigo. "Algo difícil de aceptar si se recuerda que buena parte de su carrera la realizó en el fuero correccional, donde abundan la causas por prostitución", opinó un legislador.

Fuentes judiciales informaron que el nombre de Soldano figura en el contrato de alquiler del inmueble de Spartacus y en la líneas telefónicas que funcionaban allí.

Amigos son los amigos

Cuando intentó explicar las características del negocio que encabezaba, no se puso colorado cuando sostuvo que se trataba de un lugar donde se concertaban citas, pero aseguró que quienes llegaban a entablar una "amistad" se iban a otro lugar.

También dijo que el sitio había sido ambientado como estudio fotográfico. Nada dijo de las filmaciones clandestinas que allí se habrían realizado a varios clientes supuestamente para extorsionarlos.

Cuando se le recordó que Spartacus se promocionaba con avisos en los diarios y que hasta tenía una página en Internet para seducir a potenciales interesados, sólo calló.

Tampoco pudo explicar por qué en el allanamiento realizado en la casa de la madre de Garbellano se secuestró un video filmado en el prostíbulo en el que aparecen dos hombres mientras mantienen relaciones sexuales. Son todos elementos que pueden demostrar que Spartacus no era un alegre club de amigos.

Aseguró que su familia era propietaria de un supermercado y no dio detalles sobre la forma en que se ganaba la vida.

-¿Soldano, usted a qué se dedica, concretamente?-, le preguntaron durante la indagatoria.

-Soy estudiante-, respondió sin inmutarse.

-¿Qué estudia?-, le insistieron.

-Italiano-, cerró la cuestión.

Al parecer, ésa debe ser su principal ocupación, según sus dichos ante el juez. Una vida bastante tranquila para un hombre de 31 años.

Cuando La Nación publicó que Oyarbide había sido denunciado por Zineddine Rachem, el encargado de recibir a los comensales en el restaurante El Mirasol de la Recova, se desató un escándalo que obligó al magistrado a pedir una oportuna licencia.

Se cruzan la amistad de Oyarbide y Garbellano, la existencia de prostíbulos supuestamente con la vista gorda de la policía y las filmaciones clandestinas en Spartacus de clientes famosos para poder extorsionarlo.

Según fuentes judiciales, el 6 de mayo último, al día siguiente de la publicación del caso en La Nación , se descubrieron contactos telefónicos entre el celular del comisario Roberto Rosa, la secretaría privada de Oyarbide y el teléfono móvil de Garbellano. La trama comenzaba a develarse.

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.