
Un testigo podría comprometer la coartada de Luque
Es un joven que dijo haberle vendido nafta en Catamarca la noche del crimen
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- La policía catamarqueña tiene orden de ubicar, como sea, a un hombre que habría despachado nafta a Guillermo Luque en Catamarca el día que mataron a María Soledad Morales.
De ser hallado, el potencial testigo sería la piedra de toque para probar que el principal imputado por el crimen estuvo realmente aquí y no en Buenos Aires como afirma.
Los investigadores, que rastrean la provincia por orden del tribunal, buscan a un hombre de unos 25 años, que en la madrugada del sábado 8 de septiembre de hace siete años era empleado en una estación de servicio situada en el paraje conocido como Tres Puentes, en la vecina localidad de Valle Viejo.
Fuentes seguras vinculadas con la pesquisa dijeron a La Nación que ese testigo relató a un tío suyo que difícilmente podría olvidar su ocasional encuentro con Luque.
Cuatro mosqueteros
Y esta es la historia que procuran reconstruir los jueces y el fiscal Gustavo Taranto: en las primeras horas de aquel sábado, Guillermo Luque habría llegado a la estación de servicio en su automóvil Fiat 128 celeste acompañado por Diego Jalil, Arnoldito Saadi y Miguel Ferreyra.
Diego Jalil es uno de los sobrinos del entonces intendente de la capital catamarqueña y conocido en aquella época por su fama de juerguista y alocado, pese a que era sólo un adolescente.
Su tío intendente, Guido Jalil, era a su vez propietario del Sanatorio Pasteur, donde algunos testigos del juicio oral dijeron que se intentó reanimar a la ya agonizante María Soledad. Es clave a esta altura tener presente que toda esta historia gira en torno de la hipótesis de la "fiesta" de sexo y drogas que busca probar el fiscal de la causa.
Arnoldito Saadi es primo del entonces gobernador Ramón Saadi. El conocía a la víctima ya que vivía a una cuadra de distancia, en el barrio Santa Rosa. María Soledad fue varias veces a bañarse en la pileta de los Saadi. Arnoldito, al igual que Diego Jalil, arrastra también fama de libertino y de habitante de la noche.
El hijo del entonces jefe de policía Miguel Angel Ferreyra, el presunto cuarto ocupante del automóvil en la estación de servicio en cuestión, cerraría así el sospechado círculo de los llamados "hijos del poder".
El "chango" de la manguera
Pero volvamos al momento en que el cuarteto llega al surtidor. Luque le habría pedido al empleado que cargara una cantidad ínfima de combustible, quizá porque la banda anduviera escasa de fondos.
Pero el "chango" de la manguera escuchó o entendió mal el pedido y cargó de más. Advirtió de esto a los viajeros y pidió disculpas, pero también que le pagaran el importe final. "Si no, esa plata la voy a tener que poner yo", dicen que expresó para enternecerlos.
El relato que llegó a oídos del tribunal agrega que Guillermo Luque no accedió, y su respuesta habría sido: "Jodete por zonzo", tras lo cual subieron al auto y partieron con rumbo desconocido.
La búsqueda del hombre de la nafta es prioritaria para el fiscal Taranto porque su flamante acusación sobre que la víctima fue violada y muerta por exceso de cocaína hace agua y amenaza con hundirse.
Los abogados de Luque lo desafían con que quieren una reconstrucción que difícilmente pueda realizarse con las pruebas hasta aquí reunidas, y todas las pesquisas en pos de consumidores o traficantes de drogas naufragan a poco de zarpar.
La aparición de ese eventual testigo -hasta anoche nada se supo sobre su nombre ni ocupación actual- sería altamente perjudicial para los letrados José Vega Aciar y Víctor Pinto.
Estos últimos apuestan fuerte a la única carta que creen tener: intentarán probar que su defendido, en el momento en que se cometió el crimen de María Soledad, estaba en Buenos Aires.
Una cuestión de credibilidad
El interés del fiscal se explica también por el hecho de que muchos de los testigos que afirman haber visto a Luque en Catamarca resultan poco creíbles.
Es el caso, por ejemplo, de José Antonio Gallo Melo, quien dijo que vio pasar al principal imputado en su automóvil por una calle céntrica.
Gallo Melo se hizo famoso aquí cuando aseguró que viajó en un plato volador que lo pasó a buscar por su casa. Los que no lo quieren -que no son pocos- dicen que urdió este testimonio porque hizo campaña política en favor del saadismo y en el reparto triunfal se olvidaron de él.
O el de la ex prostituta Rita Furlán, quien juró haber visto a Luque en la discoteca Clivus la madrugada fatal. Es conocida su costumbre de cobrar importantes sumas a las revistas de actualidad para prestarse a reportajes donde ella dirá lo que el redactor le indique.
No se queda atrás, en materia de poca credibilidad, el anciano Lorenzo Piazza, quien dijo que lo vio a Luque, dos días antes del sábado 8 de septiembre, en la céntrica confitería Richmond. Piazza sufre de una marcada y progresiva disminución de su capacidad visual.
Es frecuente que la gente lo pare por la calle y le recuerde irónicamente que el hombre dijo que Luque llevaba un arito con una piedra verde. "Lo que vos viste era la luz verde de un semáforo", es el chiste obligado que alude a su virtual ceguera.
La cacería del nuevo testigo está lanzada. El fiscal lo busca para que hable, y Luque quiere que siga perdido en la noche de los tiempos.
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