Un tour exclusivo para nostálgicos

Seis bares fueron seleccionados por el gobierno porteño en un plan para revitalizarlos
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12 de diciembre de 2001  

Seis bares de otros tantos barrios porteños fueron seleccionados por la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del Gobierno de la Ciudad para incluirlos en la primera etapa de un plan de revitalización de cafés notables de la metrópoli, poseedores de "valor arquitectónico o social", según el fundamento de la iniciativa.

La elección recayó en los cafés Oviedo, de Mataderos; El Progreso, de Barracas; La Embajada, de Monserrat; El Almacén, de San Cristóbal; Lo de García, de Villa Devoto, y La Ideal, de San Nicolás (ver recuadro).

La recorrida de LA NACION, que bien podría formar parte de un tour para nostálgicos, se inició en el bar Oviedo. Situado en Lisandro de la Torre 2407, sus casi 100 años lo convierten en el más antiguo del barrio.

El establecimiento -cuyo frente luce en despintado tono los colores de Boca Juniors- aún mantiene cierto aire de haber sido reducto del malevaje. Su propietario desde 1986, Héctor Aventuroso, yerno del primer dueño, lo grafica así: "Hace unos años usted no habría podido entrar si no venía acompañado por un par de policías".

En su amplio y medio desvencijado salón, en el que los fines de semana continúa la tradición del "bailongo", a puro tango, durante el día se juega al dominó, al truco y al tute cabrero. Entre sus clientes más antiguos está Luis Di Benedetto (75 años). "Por aquí pasaban los tranvías 40 y 48, que llegaban hasta la Costanera Sur, pero los viernes y sábados muchos los tomaban para llegar al Luna Park", dice.

También recuerda episodios de guapos y cuchilleros. "Una noche entró el negro Bombón, que era muy pendenciero. Vio a un viejito como de 50, porque entonces ésa era edad de viejo, frente a un vaso de leche, y le ofreció un vino. El otro le agradeció, pero le contestó que no tomaba alcohol, y el negro le arrojó el vaso de tinto en la cara. El viejito se quedó en el molde, pero después lo siguió al baño y lo mató de un puntazo."

En la ochava de Montes de Oca y California se encuentra El Progreso, que ocupa la planta baja de un señorial edificio, construido en 1911. En la esquina paraba el tranvía 74, en el que se podía viajar desde el Correo Central hasta Gerli.

En la década del 50 el bar era considerado "el mejor de Barracas". Ahora, su estrecha puerta de entrada y el salón vacío y de paredes viejas en las que se han colgado algunas reproducciones de Molina Campos desmienten su nombre, que seguramente tuvo relación con mejores momentos del lugar.

María Lisiña de Moreno, dueña de El Progreso, que inauguró en 1942, vincula su época con la importante clientela que aportaba personal de la fábricas de chocolates Noel y de la editorial Fabril Financiera. "Cuando se cerraron, al igual que otras importantes empresas de la zona, empezó la declinación", se lamenta.

Jorge García, de 32 años, atiende La Embajada, en el 88 de Santiago del Estero. Su padre, José María, compró el bar en 1963.

El edificio, de seis pisos, data de 1907, y el café ocupa 150 metros cuadrados de la planta baja, pero cuenta también con altillo y sótano. En varias oportunidades intentaron comprarlo firmas textiles. "No sé muy bien qué había antes aquí, pero cuando llegamos encontramos ese cuadro", dice Jorge. En el cuadro se lee: "Almacenes Ríos, Hnos.".

El bar, que conserva su boiserie y sus mármoles originales, posee una clientela tradicional de Avenida de Mayo, sobre todo españoles de la segunda generación, junto con empleados de bancos, pero no han faltado figuras de la política, como Carlos Menem y Raúl Alfonsín.

El Almacén, en Matheu 812, es una extraña cafetería, de paredes altas y un largo mostrador sobre el cual cuelgan fiambres. Detrás se impone su enorme alacena de principios de siglo, llena de botellas y vasos. La cajonera de abajo servía para guardar todo tipo de productos. Parece una postal del almacén de antaño, descendiente de las pulperías, donde se combinaban ventas generales con algún trago. Este, en 1900, era el Despacho de Comestibles Cao Hermanos, como aún se lee en una chapa. El lugar, en realidad, es una mezcla de bar, venta de artesanías y galería de fotografía y pinturas, a lo que se une un sitio para hacer música, desde pop hasta flamenco, "a la gorra". Fue elegido el 26 de octubre último para festejar allí el Día de los Cafés de Buenos Aires.

Entre tantos bártulos antiguos, guarda un viejo Winco. "Vecinos cincuentones vienen con sus discos de vinilo para escucharlos. ¿Qué temas? De todo, desde el Club del Clan hasta óperas, de Gardel a Glenn Miller."

Tiempo pasado

  • Los establecimientos que se destacan entre los seleccionados por el gobierno local son Lo de García y La Ideal. La ubicación del primero, en Sanabria 3302, de Villa Devoto, contrasta con la muy céntrica del segundo, en Suipacha 348. Lo de García exhibe una estructura seductora, sobre todo con su salón comedor, a la vez, un increíble museo. La Ideal parece un lugar vencido por las inclemencias económicas. La historia del café barrial tendría su contrapartida en el pasado de La Ideal, con visitantes como la infanta Isabel, De Gaulle o Jorge Luis Borges.
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