Un virus que inquieta y desconcierta

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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28 de enero de 2016  

La explosiva epidemia del virus zika, que ya ingresó en 22 países americanos, tiene desconcertados a virólogos y sanitaristas.

Integrante de la familia de los arbovirus (que son los transmitidos por artrópodos, especialmente mosquitos y garrapatas), con más de 500 miembros, es un recién llegado al continente. Fue identificado casualmente en Uganda, en 1947, pero los primeros casos de la región fueron registrados en Brasil, en 2014.

Como sus predecesores en la oleada de virus emergentes, el dengue (que ingresó en 1990) y el chikungunya (en 2013), se transmite principalmente a través del mosquito Aedes aegypti, que hace 5000 años se adaptó a depositar sus huevos en las vasijas que pueblos africanos usaban para acumular agua doméstica y a alimentarse de sangre humana, según explican Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de los Estados Unidos, y su colega David Morens, en un reciente artículo para el New England Journal of Medicine.

Aunque los síntomas que provoca son más leves que los del dengue y el chikungunya, y sólo se manifiestan en uno de cada cuatro infectados, la asociación de la epidemia en Brasil con una multiplicación por 20 de los casos de microcefalia (una malformación que hace que los niños nazcan con el cerebro más pequeño) activó las alarmas de los sistemas de salud del continente y del mundo. Hoy mismo, la Organización Mundial de la Salud convocó a una sesión informativa en Ginebra sobre este tema.

El gran problema es que, en este momento, es más lo que se ignora que lo que se sabe sobre el virus. En una carrera contra el reloj, los virólogos están abriendo nuevas líneas de investigación, intentando desarrollar tests de diagnóstico que permitan distinguirlo de los otros dos virus que circulan por la región, y tratando de confirmar o descartar su asociación con la microcefalia, un dato sobre el que todavía no se tiene certeza absoluta.

"La vinculación es débil -explica el doctor Daniel Salomón, director del Instituto Nacional de Medicina Tropical-. Es difícil determinar causalidad en un momento de emergencia epidémica."

"Si bien puede atravesar la placenta y modificar los tejidos en desarrollo, para atribuirle la causa de la microcefalia es necesario hacer estudios largos y complicados, seguimiento de embarazadas, descartar otros virus y agentes no virales -coincide Guadalupe Carballal, viróloga de Cemic-. Hay que demostrarlo con estudios epidemiológicos y con modelos animales."

Tampoco se sabe qué pasa si el mosquito está infectado simultáneamente con varios de estos virus, en qué tasa de mujeres se presentarían complicaciones, ni si el zika tiene además otras consecuencias, como las que se asociaron con su paso por la Polinesia francesa, donde se documentaron 72 casos de síndrome de Guillain-Barré y otros trastornos neurológicos en una población de alrededor de 270.000 personas.

"Tenemos que aislar el virus, secuenciarlo y ver las semejanzas y diferencias que tiene con el dengue en el nivel genético, hasta dónde podemos aplicar lo que aprendimos con dengue en zika -destaca Andrea Gamarnik, del Instituto Leloir-. Hay 40 flavivirus emparentados con dengue que pueden causar enfermedades en humanos. Hoy es zika y mañana no sabemos cuál será."

Mientras se contestan estos interrogantes y sin vacuna a la vista, los científicos consideran una prioridad confirmar o descartar las inquietantes complicaciones de este nuevo protagonista del escenario epidemiológico americano.

Por: Nora Bär

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