Una argentina fue declarada venerable por Juan Pablo II

Catalina Rodríguez: el Papa declaró las virtudes heroicas de esta religiosa cordobesa; también, del padre Pío de Pietrelcina.
Catalina Rodríguez: el Papa declaró las virtudes heroicas de esta religiosa cordobesa; también, del padre Pío de Pietrelcina.
Jorge Rouillon
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19 de diciembre de 1997  

Catalina de María Rodríguez, una religiosa argentina que en 1872 fundó la congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús, fue declarada venerable por decreto de Juan Pablo II.

La declaración supone que vivió las virtudes cristianas en grado heroico y es un paso previo a la beatificación, para la cual es imprescindible probar un milagro (una curación científicamente inexplicable). Otro milagro posterior es requerido para la canonización. "Siendo venerable es un ejemplo para todos, aunque no se le da culto público", expresó a La Nación monseñor Jorge López, arzobispo emérito de Rosario, encargado por el Episcopado argentino de seguir las causas de beatificación de connacionales.

En el mismo acto, el Papa decretó las virtudes heroicas del famoso padre Pío de Pietrelcina, monje capuchino italiano que desde los 31 años tenía los mismos estigmas -heridas- sangrantes de Cristo en la Cruz.

La madre Catalina de María fundó en 1872 las llamadas popularmente Esclavas Argentinas, una congregación que tiene casas en nuestro país, Chile, España y Benin, en Africa occidental.

En la audiencia de ayer, el Papa animó a la madre general de la congregación, Nidia Espejo, que viajó desde Córdoba, a hacer conocer la figura de la fundadora.

La madre Catalina nació en Córdoba en 1823. A los tres años perdió a su madre y a los nueve a su padre. En 1840 se le despertó la vocación religiosa, pero siguiendo los consejos de su confesor, se casó con el coronel Manuel de Zavalía, viudo, padre de dos hijos. No tuvo hijos; fue modelo de casada y como una madre para los hijos de Zavalía.

El alcance de su misión

La muerte de su esposo, en 1865, la dejó en libertad para seguir su primera vocación, que renació con vehemencia. Tras muchas dificultades pudo concretar su sueño en 1872, en Córdoba. La misión de sus religiosas es propagar la devoción al Corazón de Jesús y trabajar en colegios, centros de misión, hogares de niños pobres y casas de ejercicios espirituales. Dirigen la casa de ejercicios que fundó el cura José Gabriel Brochero en la localidad que hoy lleva su nombre; él mismo guió a la madre Catalina de María y sus religiosas hasta ese lugar desde la capital cordobesa a lomo de mula.

Tienen 17 colegios en varias ciudades argentinas y del exterior. "Trabajamos mucho porque somos pocas: unas 200 religiosas. Pero la mayoría son jóvenes, y hay doce novicias", explicó a La Nación la madre Estela Ludueña, superiora provincial, que reside en el colegio Divino Corazón, que tiene mil alumnas, en Charcas 3586.

En enero de 1997, tres religiosas argentinas iniciaron un centro misionero en Benin. El reconocimiento de las virtudes heroicas es un paso hacia la beatificación. Hasta ahora tres personas nacidas o fallecidas en la Argentina han sido beatificadas.

Laura Vicuña, nacida en Chile, vino a la Argentina a los 5 años. Fue beatificada en 1988. Héctor Valdivieso Sáez, hermano de La Salle, nacido en Buenos Aires en 1910 y muerto mártir en España en 1934, fue beatificado en 1990. Y la madre María Ignacia Mesa, fundadora de una congregación, nació en Madrid, pero murió en Buenos Aires en 1943. Juan Pablo II la beatificó en 1992.

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