Una chica en etapa de cambios

Sus conocidos dicen que no le gustaba andar con custodia
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3 de mayo de 2003  

Quienes conocen a Florencia Macri, de 19 años, aseguran que la hija menor de Franco Macri vivía una etapa de cambios, lejos de ruidos y de las luces.

A partir de este año dejó de frecuentar los ámbitos elegidos por los hijos de ricos y famosos. Abandonó la costumbre de ir a esquiar a Chapelco y Las Leñas y comenzó a estudiar cine en la Fundación Universidad del Cine, situada en el barrio porteño de San Telmo. Con el cambio de hábitos también se formaron nuevas amistades. Además, modificó su estilo. Se rapó la cabeza, se inclinó por la ropa tipo grunge, una mezcla de lo popular y lo rockero, pero más exclusivo.

Introvertida, es fanática de la música electrónica y del snowboard.

Además, en los últimos tiempos comenzó a concurrir a fiestas organizadas por gente que cultiva ese estilo de vida. Durante los primeros meses de este año las fiestas de la movida fashion de la noche porteña parecieron convertirse para Florencia en cosas del pasado.

Además de estudiar cine, Florencia toma clases de circo y acrobacias. Se trata de actividades que poco tienen que ver con el mundo de las empresas, en las que su padre se mueve con éxito. Dicen sus amigos que a Florencia nunca le gustó exhibirse como la hija de Franco Macri. No le gustaba ir a las fiestas para que la fotografiaran y aparecer luego en las revistas.

Según sus allegados, a Florencia tampoco le gustaba la costumbre de ir a todos lados con los custodios que, por una cuestión de seguridad, le puso su padre.

Florencia es la hija que el presidente de Socma tuvo en su unión con Cristina Greffier. Sandra es la hija mayor de Franco Macri e igual que Mauricio, Gianfranco y Mariano son fruto del matrimonio del empresario con Alicia Blanco Villegas.

La joven secuestrada vive con su madre y Nicolás, el hijo que su madre tuvo en un matrimonio anterior, en un edificio cerca de la Avenida del Libertador y Cavia, a pocas cuadras de la residencia de Macri.

Una de las costumbres que Florencia no abandonó, pese a su cambio de vida, era acompañar a su padre todos los veranos a Punta del Este.

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