
Una cita con Borges
Por Rolando Riviére Corresponsal en Europa
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MADRID.- Ambos eran ciegos. Ambos soñaban. María Kodama inauguró en la diputación de Sevilla una cita de escritores sobre Borges comparándolo con Homero. Es el centenario de su nacimiento y por esas lecturas diversas que hacen a nuestro oficio leímos hace unas semanas, en una revista de información general, citar a Borges como premio Nobel de Literatura. El que nunca obtuvo.
El español, el castellano, dejemos a eruditos la polémica, tiene una deuda con Borges que este centenario procura pagar. Suponemos.
Siempre vigente
Jon Juaristi, autor de uno de los mejores trabajos sobre el problema vasco y ex miembro de ETA en su período no agresivo, recordó que el escritor había llamado a Unamuno "artefacto vascuence", para luego memorarlo como "el mayor escritor en castellano". También había calificado a Lorca como "andaluz profesional" y así están las cosas.
En estos comienzos participaron Marcos Ricardo Barnatán, José María Alvarez y el citado Juaristi. Continuarán, siempre en Sevilla, Felipe Benítez Reyes, Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca.
Kodama dijo algo sustancial sobre él: "Jamás utilizó en su beneficio nada de lo que dijera. Nunca se traicionó a sí mismo".
Recordamos ahora un cuento de Leo Perutz, escritor de difusión escasa y admirable.
Narra la muerte de un pobre zapatero solitario. Su desaparición se concreta cuando todos sus utensilios, los restos del cuero para las suelas, se pierden definitivamente.
Borges no corre esos riesgos. Aunque el destino del zapatero de Perutz no le sería totalmente ajeno a su duermevela constante.





