Una idea que fue sumando socios

La historia de Trimaker, la primera startup en vender impresoras 3D en negocios minoristas
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24 de junio de 2014  

La historia de Trimaker comienza con Maximiliano Bertotto, ingeniero egresado de la UBA, que luego de superar la noticia del accidente que había sufrido su prima en el exterior se quedó absorto al enterarse de que, al operarla, le habían reconstruido parte del cráneo y la cara con una impresora 3D. En ese momento entendió la importancia de esta nueva tecnología. Fue entonces cuando decidió construir una impresora 3D.

Después de un tiempo de haber armado el primer prototipo, Bertotto asistió a Emprending, una cátedra abierta de Emprendedorismo en la UBA, con el objetivo de encontrar el modelo de negocios que podía impulsar la fabricación de impresoras 3D. Así, su camino se cruzaría con el de sus actuales socios.

El primero en sumarse al emprendimiento fue Emiliano Chamorro, inversor y profesor en Emprending. Y fue justamente Chamorro el que luego de unas semanas decidió invitar a una persona más a la empresa, Alexis Caporale.

Caporale tenía sólo 22 años, pero contaba con la experiencia suficiente, ya que había armado Bixti, una plataforma de compraventa de objetos artesanales, y la había vendido a sus competidores en Brasil pocos meses antes.

Luego de seguir trabajando sobre un segundo prototipo, y tras ganado el premio Innovar, los tres socios decidieron sumar a un dúo que venía llevando adelante con mucho éxito varios emprendimientos más y a los que habían conocido haciendo el programa de emprendedores del IAE.

Fue así que en noviembre de 2012 se sumaron Juan Chereminiano y Facundo Imas, actuales gerente general y gerente financiero de Trimaker, respectivamente.

Los dos nacieron en La Pampa y tienen 28 años. "Encaramos este proyecto y trabajamos estos años confiados en que podíamos hacer una empresa de impresión 3D que pudiera posicionarse como número uno en el mercado hispanohablante, y conformamos nuestro equipo con ese propósito", dijo Chereminiano, que lidera un equipo extremadamente joven.

Después de unos meses de seguir trabajando sobre el producto, el plan de negocios y armado del equipo, terminó de constituirse la empresa con el último socio: Andrei Vazhnov. Nacido en Siberia, Vazhnov se recibió de físico en Rusia y, tras hacer un máster de políticas públicas en Harvard y trabajar en Wall Street y en una startup que desarrollaba software para los nacientes sitios online de medios de comunicación, como The New York Times y Financial Times, decidió quedarse en Buenos Aires, enamorado de la ciudad, el clima y la música latinoamericana.

Cuando llegó a la Argentina hizo una maestría en Dirección de Empresas (MBA) en la Escuela de Negocios del IAE con la idea de incorporar nuevas herramientas, pero también de aprender español.

Allí fue donde conoció a varios de sus actuales socios de Trimaker. Ellos le propusieron sumarse a la empresa y, con la ayuda de Vazhnov en el software, el equipo desarrolló la tecnología desde cero. Hoy, Trimaker ya tiene dos modelos de impresoras 3D en el mercado. Imprimen en distintos colores y materiales, como goma o plástico con propiedades mecánicas que emulan el utilizado en electrodomésticos.

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