Una mujer que logra ver más allá

Por Carlos Guarella* Especial para lanacion.com
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7 de diciembre de 2009  • 03:11

Conozco desde hace muchos años a una señora que realmente es un auténtico canto a la vida. Este relato pretende ser un sincero reconocimiento para quien ha demostrado que los problemas que se le han presentado en la vida siempre resultaron un acicate para superarlos con valentía y entereza.

Durante mucho tiempo ha viajado conmigo en el taxi y de las conversaciones que surgieron en los recorridos uno aprende a valorar lo importante de cada persona.

Se trata de Claudia, que es ciega casi desde su nacimiento. En el transcurso de su fructífera vida, esto no ha sido un impedimento. Todo lo contrario, ha llegado a realizar cosas que la convierten en un verdadero ejemplo de vida y voluntad superadora.

Claudia tiene una hermosa familia, a la que también conozco. Actualmente trabaja en una importante empresa donde desarrolla su tarea diaria en el manejo integral de la sucursal, utilizando todo lo necesario: computadora, Internet, celular, SMS, etc.

Además ha estudiado piano y es psicóloga social, ama de casa y una vez por semana concurre a un centro comunitario a cocinar para quienes dependen de la comida que allí les entregan. También colabora con una red solidaria en escuelas y hospitales de la zona del Delta del Tigre.

Con este breve enunciado nos podemos dar cuenta de los valores que ella posee y con el correr del relato notaremos que, en nuestra cotidianeidad, nosotros muchas veces nos quejamos por hechos que no merecen tal grado de preocupación.

Ahora les contaré una anécdota de las muchas que fueron surgiendo en mis viajes con ella.

Una tarde cuando volvíamos de su oficina, ubicada en pleno centro, conversábamos sobre hechos cotidianos. Veníamos por Avenida del Libertador, cuando al llegar a la altura de la entrada del Hipódromo Argentino de Palermo, extrajo de su cartera el celular y realizó una llamada, a su hijo menor.

- Hola, José -dijo-. Cuando vuelva a llamarte esperame en la puerta de casa que te dejo un sobre y yo sigo con Carlos en el auto.

Tras el largo recorrido, cuando llegamos a la esquina de Loreto y Cabildo, nos detuvimos ante el semáforo en rojo. En ese momento, Claudia volvió a llamar a su hijo y le dijo:

- José, estoy por cruzar Cabildo, esperá en la puerta.

Levanté la cabeza y miré atónito por todos los espejos que tengo en el auto, no podía creer lo que había escuchado. Pensé, algo debe ver: ¿cómo se dio cuenta que estábamos por cruzar la avenida Cabildo?

Se cambió el semáforo, arranqué y a las pocas cuadras llegamos a la puerta de la casa, allí estaba su hijo, le entregamos el sobre y continuamos el viaje. Luego de transcurrido unos metros no me pude aguantar y le pregunté:

-Dígame Claudia, ¿cómo supo que estábamos por cruzar Cabildo?

-Muy simple -me respondió-. Se acuerda que siempre le digo que ustedes porque ven, no reparan en muchos detalles. Bueno, usted me trae siempre por el mismo camino, por la calle Loreto, al cruzar Luis María Campos, tiene una subida muy pronunciada, luego de la segunda cuadra comienzan cuatro cruces con cunetas muy marcadas y luego hay dos cuadras más pero sin desniveles. Finalmente usted detuvo el auto, por consiguiente estaba por cruzar Cabildo.

Tenía razón, después que la dejé en su destino, luego de ayudarla a bajar, volví a realizar el recorrido por la calle Virrey Loreto, desde Libertador hasta Cabildo y pude corroborar todo lo descrito por Claudia.

En otra ocasión volviendo del centro, me preguntó si me gustaba viajar en barco. A lo que respondí que no, porque no sé nadar. Se produjo un breve silencio y entonces me volvió a preguntar:

- ¿Y le gusta ir en avión?

- Si, por supuesto, me encanta -le respondí-.

- Ah... ¿y sabe volar?

Este razonamiento la pinta de cuerpo entero: su capacidad de razonamiento, el buen carácter y su buen humor. Con esta anécdota, nos queda el ejemplo que nos brinda esta mujer que ve más que muchos de nosotros.

Será hasta nuestro próximo encuentro.

Recomendaciones útiles

Amigos lectores: recuerden respetar las normas de tránsito, cuando manejamos un auto, moto o bicicleta, o cuando somos peatones. Debemos cruzar por las sendas peatonales, atender a los semáforos. Es importantísimo utilizar el cinturón de seguridad. No solo nos protege en caso de un choque, también hace que nos cansemos menos al manejar porque al estar atados no acompañamos la inercia del auto en el arranque, las frenadas y en los giros.

* Cada lunes, el taxista Carlos Guarella cuenta una de sus particulares historias para lanacion.com. Hace 15 años que es taxista y remisero. Su profesión original es Dibujante, Ilustrador y Diseñador Gráfico. Además es historietista y estudió con maestros del dibujo como Alberto Breccia y Hugo Pratt. También es Maestro Mayor de Obras. Trabajó muchos años como diseñador para importantes laboratorios medicinales, desarrollando literaturas, folletería y packaging. Integró la Asociación Argentina de Promotores Publicitarios y fue editor y director de la revista "Horas de Radio", un mensuario de 10.000 ejemplares que se vendía en todos los kioscos de Capital y GBA. Fue productor y conductor de varios programas radiales en distintas emisoras y columnista. Sus placeres: manejar automóviles; dibujar, escribir y la hacer radio. Tiene 66 años y el auto que maneja en la actualidad es un Chevrolet Corsa Wagon. Trabaja al volante 12 horas diarias.

Confesiones anteriores

30 de noviembre . Un publicista que no se privó de nada

23 de noviembre. Un "pequeño pueblo" en el medio de Buenos Aires

16 de noviembre. El viaje más corto de mi vida

9 de noviembre. De nombres extravagantes

2 de noviembre. Un tributo adeudado

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