Una nómada apasionada: cómo abandonar la rutina para salir a conocer el mundo

Una de las fotos Polaroid tomadas por Maia, en París
Una de las fotos Polaroid tomadas por Maia, en París Crédito: Gentileza Maia Falichikes
Maia Failchijes viaja por el globo hace siete años; cómo vive la joven de 29 años que ya conoce decenas de destinos
Domitila Dellacha
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20 de febrero de 2017  • 23:05

Maia Failchijes tiene 29 años. Nació en el barrio porteño de Paternal y es la hija de padres divorciados. Es la mayor y única hija mujer de un clan ensamblado por cuatro hermanos. Dice tener un título que dice que estudió Producción de Televisión pero que jamás trabajó de eso. Su vida suena como la de una persona común y corriente que habita las calles de Buenos Aires. Pero no es así. A los 17, perdió a su mamá. El golpe la sacudió, la perdió y la quebró. Abandonó la rutina e hizo lo que muchos sueñan: salió a ver el mundo.

Cuatro años después de la tragedia que se llevó a su madre, Maia renunció a su trabajo junto a una amiga, compró pasajes a Guatemala y México y emprendió su aventura. Sus ahorros sumaban unos mil dólares y con eso pensaba viajar por tres meses. Cuando llegó la fecha final, su amiga emprendió la vuelta, pero para Maia los 90 días se convirtieron en siete años que hoy siguen avanzando. Estados Unidos, México, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Chile, Costa Rica, Panamá, Cuba, Grecia, Turquía, Georgia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Italia y Francia, son sólo algunos de los destinos que lleva recorridos.

Maia encontró una llave que hoy la conecta con la gente que conoce en sus viajes. Su cámara. Su fiel compañera la llevó a crear el proyecto Project Photo Nomada mientras atravesaba una fuerte crisis tras separarse de su pareja. Como a muchos mortales les sucede, la viajera se vio llorando, angustiada, y dijo basta. “Voy a comprarme una cámara instantánea y voy a viajar por el mundo retratando los aquí-ahora de la gente”, recuerda. Lo particular del proyecto es que se lleva a cabo con una clásica cámara Polaroid. La idea lleva dos años y más de cinco mil imágenes retratadas. "Es magia al instante ver como se revela en el momento", cuenta la trotamundos a LA NACION desde San Cristóbal de las Casas, México (uno de sus lugares favoritos).

La fotógrafa tiene su imagen preferida. Emocionada, Maia confiesa: "Una foto que me gustó mucho sacar fue en el País Vasco. Unos amigos me habían llevado a un bodegón y apenas entramos vi a un abuelo de unos 80 años bailando con su nieto en sus brazos, era un bebé de unos pocos meses. Sin que se diera cuenta le tomé la foto y luego se la regalé. El abuelo se puso a llorar de la emoción y yo también".

Encontrarse, sola

Viajar, y hacerlo sola, no siempre es tarea fácil. Uno se enfrenta miedos, uno se enfrenta a uno mismo. “El miedo a dejar todas mis comodidades, el miedo a dejar un buen trabajo, el miedo a salirme de mi zona de confort, el miedo a lo desconocido…”, advierte la joven viajera.

“Los miedos siempre estarán, son famosos por bloquearnos y no dejarnos hacer lo que realmente queremos, sólo es cuestión de pasarlos por alto y confiar en nosotros y en lo que sentimos”, añade.

Volver a casa es volver para encontrarse con que el tiempo pasa, y pasa rápido. Si bien Maia disfruta recorrer y conocer culturas, una vez al año se hace tiempo para regresar a sus raíces. Allí también es dónde la viajera aprovecha para trabajar y acumular capital que le sirve de ayuda para seguir con sus viajes. Su herramienta laboral, por supuesto, es su cámara. "Al principio empezó como un juego, pero como me gusta soñar en grande me propuse trabajar en eventos y desde el año pasado empecé a dar el servicio de las fotos instantáneas en eventos de marcas, casamientos y cumpleaños", dijo la joven.

Experiencias

Viajar es caro y viajar es tiempo, suelen decir. Así no lo piensa Maia. "Realmente no se necesita mucho dinero para viajar", asegura la fotógrafa, y cuenta su experiencia: "Aunque no parezca, vivir viajando es mucho más barato que quedarse fijo en un lugar (...), cuando se viaja lento, los costos son menores".

¿De qué se trabaja cuando se va recorriendo el globo? "Viajando se puede trabajar de muchas cosas, es cuestión de que encuentres algo que te guste y le saques provecho", dice Maia. Hasta el momento, la viajera fue bartender, niñera, extra de televisión, vendió empandas en la playa y se desempeñó como relacionista pública para una tienda de helados. Los límites los pone uno pues las posibilidades para salir adelante con la aventura parecen no tener fronteras. "Es una de las cosas más lindas de viajar, todo lo que uno ve y aprende", dice la joven a LA NACION y determina: "Viajar es la mejor escuela. Vivís y experimentás situaciones que la universidad no te enseña".

La fotógrafa abre su corazón y mente: "Creo que todos o la gran mayoría de nosotros, sin importar que estilo de vida tengamos, tratamos de conseguir lo mismo, ser felices haciendo lo que uno ama. En mi caso es seguir buscando nuevas aventuras, nuevas experiencias de vida y seguir creciendo como ser".

A pedido de LA NACION, Maia dio su consejo para quienes busquen hacer lo mismo pero todavía no se animen: "Salí, no lo pienses mucho, no lo analices demasiado. Los miedos siempre van a estar ahí para no dejarnos crecer, pero sé valiente, merece la pena salir a ver el mundo y vivir nuevas experiencias. La vida es muy corta para estar haciendo cosas que no disfrutamos. Una de las mayores enseñanzas que me dio la pérdida de mi mamá fue eso, que la vida está para vivirla, así que ni lo dudes, te lo vas a agradecer siempre".

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