Una víctima de los skinheads recordó cómo casi lo matan

Claudio Salgueiro relató el castigo que sufrió hace seis años
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15 de diciembre de 2001  

Su relato fue casi tan dramático como el ataque que sufrió, por el que están siendo juzgados nuevamente dos jóvenes, supuestos skinheads.

Claudio Salgueiro recordó ayer ante el tribunal a cargo del proceso cómo una horda de neonazis lo golpeó hasta creerlo muerto y confesó que pensó que ésos eran los últimos minutos de su existencia.

En el segundo día del proceso, Salgueiro testificó ante los jueces Guillermo Gordo, Raúl Madueño y Luis Di Renzi, que juzgan Raúl Romero Da Silva y Luciano Griguol.

El tercer imputado, Andrés Paszcowski, no se presentó anteayer al comenzar al debate por lo que el tribunal dictó su captura. Cuando sea detenido se hará otro juicio sólo para él.

Esta es la segunda vez que el caso es juzgado, pues el primer debate, que terminó con la condena de los tres acusados a tres años de prisión en suspenso, fue anulado por la Cámara de Casación Penal, que entendió que no hubo odio racial en el ataque que sufrió Salgueiro.

"Creía que eran los últimos minutos de mi vida; me querían matar por ser judío. Una persona decía que tenían que conseguir nafta para quemarme", recordó la víctima, en el momento más estremecedor de su relato.

Veinte contra uno

Entre sollozos, nervioso y presa de un temblor visible por momentos, Salgueiro contó que el 1° de julio de 1995, cuando caminaba por Moldes y Amenábar, una patota de unas 20 personas lo agredió. Iba con un amigo por allí, cuando dos chicos y una chica se cruzaron con él y uno de ellos lo escupió al creerlo judío. Allí se trenzaron en una pelea, a la que de inmediato se sumó una veintena de chicos que vestían ropas con svásticas, borceguíes, brazaletes y distintivos con símbolos nazis. Le pegaron con palos, cadenas y lo patearon mientras gritaban: "Muerte a los bolivianos, a los paraguayos; muerte a los stones". Los únicos que tenían derecho a vivir eran ellos, dijo.

Recordó, sin dejar de beber agua, nervioso, cuando lo levantaban "como una bolsa de papas" y luego lo arrojaban contra el cantero de un estacionamiento.

"Sólo pararon cuando creyeron que estaba muerto", dijo Salgueiro.

El público presente, entre los que se encontraban el presidente de la DAIA, José Hercman, e integrantes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, se estremeció cuando escuchó las secuelas que dejó el brutal ataque: además de estar internado en observación por lesiones neurológicas, la víctima sufrió rotura de los ligamentos de la cervical, fisura de dos costillas, fractura expuesta del antebrazo, heridas cortantes en la cara y la cabeza, politraumatismos y escoriaciones múltiples.

Luego de su recuperación, el joven sufrió amenazas: trataron de atemorizar a su esposa en el trabajo y hasta intentaron secuestrarlo subiéndolo a un auto.

Durante su declaración, la víctima dijo que el símbolo que llevaba Da Silva en su cinturón le recordaba los símbolos nazis que exhibían sus atacantes. Según Salgueiro, es una marca que identifica al grupo. El juez Gordo le hizo sacar el cinto al acusado.

El defensor oficial Carlos Daray trató de debilitar su relato y escarbó en la víctima: preguntó si los médicos que lo atendieron le preguntaron por sus adicciones. El joven lo negó, y Daray citó un informe que señala que era consumidor de cocaína desde hacía 8 años y fumador de marihuana. Por eso pidió que el médico fuera citado a declarar.

El fiscal Alberto Huarte se opuso, pues entendió que la medida no hace al objeto procesal del debate.

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