Veintitrés minutos que pueden ser fatales

Por Hernán Cappiello De la Redacción de LA NACION
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17 de mayo de 2003  

El juez de garantías de San Isidro Diego Barroetaveña no sólo dictó ayer la prisión preventiva de Carlos Carrascosa por el crimen de su mujer, sino que también dejó a salvo la actuación del fiscal de la causa Diego Molina Pico. Dijo que si bien hubo dificultades "por inexperiencia" también hubo otras razones.

Relató que cuando el fiscal llegó al chalet de Carmel, en pleno velatorio, entre las 13.30 y las 14.30 del 28 de octubre, no lo interrumpió para hacer la autopsia porque, según alegó, no tenía noticia de que se hubiera cometido un delito.

Barroetaveña dijo ayer que está convencido de que de haberse ordenado la autopsia entonces ahora no estarían mejor. "La única manera en la que ahora tendríamos un panorama más claro sobre lo sucedido y sus autores hubiese sido si inmediatamente de haberse encontrado el cuerpo se hubiese dado intervención a la policía" para que sellara el lugar, acordonara el country, incomunicara e interrogara por separado a todos y los arrestara si era indispensable.

Es decir que para el juez una supuesta inacción inicial del fiscal en nada pudo haber cambiado el rumbo de la causa. Para el magistrado fue la familia la que impidió llegar a conclusiones más claras.

Entendió que durante el mes que lleva detenido Carrascosa "se avanzó en la investigación" hasta llegar a reunir suficientes indicios concordantes como para sospechar firmemente que participó del crimen de su mujer y, por lo tanto, dejarlo preso hasta el juicio.

No obstante, el propio juez señaló que su resolución no es una condena sino que es una medida preliminar y cautelar para asegurarse que Carrascosa no se vaya a fugar dada la magnitud de la pena que le espera en caso de ser sentenciado: prisión o reclusión perpetua.

Para llegar a esa conclusión, el juez pareció olvidar los consejos que él mismo le dio al fiscal de Pilar Diego Molina Pico cuando aceptó el pedido de detención del viudo. El 11 de abril último le ordenó profundizar sobre el móvil del homicidio, le recomendó no pretender zanjar las lagunas de la demostración sólo con la intuición y advirtió que había líneas de investigación que no fueron agotadas.

Molina Pico no pudo aportar ningún indicio sobre el móvil del crimen. Sí, en cambio, el fiscal reunió indicios que desmoronaron la coartada del viudo. El juez valoró como ciertas, al menos en esta etapa y a pesar de sus contradicciones, las declaraciones de las personas que estaban en el club house y dijeron ver allí al viudo, por encima del relato de sus familiares que lo ubicaban mirando TV. Indicó que no estuvo donde dijo y por eso es sospechoso. Asimismo, el juez afirmó que el acusado no justificó sus acciones durante 23 minutos la tarde del 27 de octubre último, pero para hacerlo se basó en deducciones para reconstruir el posible periplo del encartado.

El juez valoró como prueba de cargo el peritaje que señala que se halló ciano junto a las heridas de la cabeza de la víctima. Este examen fue interpretado como indicador que permite al imputado atribuirle el delito y su intención posterior de ocultarlo, cerrando las heridas del cráneo. El ciano es un componente de un pegamento, pero además está presente en otras sustancias. Ninguno de estos elementos fue tenido en cuenta.

Con respecto a las pistas sin profundizar, ni el fiscal ni el juez ahondaron en la hipótesis preferida de la familia: la que señala como sospechoso a un ex vecino de Carmel. Si bien el fiscal es dueño del proceso, el principio de investigación integral lo obliga al menos a agotar este indicio y fundar por qué se lo debe descartar.

Carrascosa espera ahora un juicio oral. María Marta García Belsunce, que se haga justicia.

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