Veredas en las que no hay lugar para el peatón

Algunas de ellas están casi tomadas
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18 de mayo de 2003  

Esperar el colectivo en alguna de las paradas ubicadas en la avenida Cabildo y Virrey del Pino, en Belgrano, se vuelve por momentos peligroso. El problema es que entre las mesas y sillas apostadas sobre la vereda, los maceteros instalados más cerca del cordón y los vendedores ambulantes, prácticamente no queda más opción que esperarlo en la calle.

"Esto es una locura. Cómo puede ser que dejen que la vereda esté así de ocupada. Se amontona toda la gente y te andás chocando con todos. Deberían levantar los maceteros y sacar las mesas para que la gente pueda caminar", se quejó María Escalada, vecina de la zona.

Algo similar ocurre en la esquina de Santa Fe y Uriburu, donde a aquellos obstáculos se suma un quiosco muy cerca de las mesas que ocupa buena parte de la vereda.

La esquina de Acoyte y Rivadavia es permanente blanco de las acusaciones de los vecinos de Caballito. Con justa razón. Allí se reúnen vendedores de ropa, de fruta y de verdura que instalan sus mesas al lado de los stands de las empresas de televisión por cable y a pocos pasos de la salida de la boca de la estación Acoyte del subterráneo A. A ellos se suman promotoras que entregan todo tipo de folletos y senegaleses que venden relojes o bijouterie.

"Ya no sé qué hacer. Vivo en un edificio de enfrente y cada vez que abro la ventana me deprimo. Parece el mercado de Liniers, es un espanto y cada vez que vengo apurada tengo que empujar a todos para poder pasar -explicó Judith Cáceres-. Y que no me digan los funcionarios que no lo saben, porque están instalados acá todos los días."

Las veredas de las galerías son algunas de las más perjudicadas, ya que muchos de los dueños de los negocios que no dan a la calle no tienen mejor idea que sacar sus carteles a la entrada de la galería para que los peatones puedan verlos.

Muchos lavaderos de autos, talleres mecánicos y concesionarias de autos también tienen la mala costumbre de apropiarse de la vereda y dejar allí los vehículos obstruyendo el paso de los peatones, que tienen que esquivarlos bajando a la calle.

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