Viajar en el Sarmiento, cada vez peor

La salida de servicio de varias formaciones agravó las condiciones de los pasajeros, que siguen viajando hacinados y sin seguridad
Cecilia Millones
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22 de marzo de 2012  

Una formación parte de Moreno colmada de usuarios hacinados y con las puertas abiertas; el peligro siempre está latente
Una formación parte de Moreno colmada de usuarios hacinados y con las puertas abiertas; el peligro siempre está latente Crédito: Aníbal Greco
" Los trenes siguen saliendo igual de cargados o incluso peor. ¿Por qué dejan que se llenen así después de una tragedia terrible?", se pregunta con tristeza y bronca Adriana Salazar, una empleada doméstica de 54 años, mientras se decide en Merlo si se sube a un tren colapsado de pasajeros o toma uno de los colectivos adicionales que parten rumbo a Once. Salazar se decide por la segunda opción, pero otros cientos de pasajeros comienzan a disputarse cada centímetro cuadrado de vagón. Pero ni aun viajando así podrán llegar a destino como tenían previsto: por el altavoz se anuncia una de las cada vez más frecuentes demoras en el servicio.

La escena es cotidiana, y desde la tragedia en la estación Once, cuando un tren chocó contra el andén número 2 y murieron 51 personas y más de 700 resultaron heridas, nada ha cambiado.

En el ferrocarril Sarmiento, intervenido por el Gobierno, al nunca atendido reclamo de los usuarios por mejores condiciones para viajar y regularidad en el servicio se suma la indignación de los pasajeros, que señalan que a un mes de lo ocurrido en Once las condiciones para que vuelva a suceder una tragedia similar se mantienen intactas.

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Tras la intervención estatal a TBA (compañía que opera las líneas de trenes Sarmiento y Mitre), unos 120 colectivos adicionales parten en horarios pico desde las estaciones Castelar, Ituzaingó, Merlo, Morón y Padua, con la misión de agilizar el traslado de sus 300.000 pasajeros diarios. Quienes se trasladan en ellos señalan viajar "más tranquilos" y "seguros". Sin embargo, la mayoría debe optar por el "calvario del tren" ya que en colectivo se tarda hasta 30 minutos más.

Ignacia Andrada, una auxiliar docente de 61 años, salió temprano de su casa a la estación de Moreno para atenderse en Merlo por una dolencia en su pierna. Se subió a una formación que recorrió unos pocos metros y quedó detenida en las vías por varios minutos. Luego, regresó a la estación y fue puesta fuera de servicio.

Las puertas se abrieron allí para descender, pero a los pocos segundos se volvieron a cerrar, dejando a varias personas adentro. La ira se desató y algunos pasajeros llegaron a romper las mangueras de aire de las puertas para abrirlas por la fuerza. Ignacia bajó desorientada y abrumada. A su lado, un afilador bromeaba irónico con otro joven: "El viaje más corto de tu vida; no te habrás agitado pibe?".

Estallido de furia

Cada vez que una joven anuncia por altavoz que el servicio de trenes del Sarmiento circula con demoras, la indignación se enciende entre los pasajeros. Luego, llegan los golpes y las patadas a los vagones, mientras se tensa el clima entre los gendarmes, que vigilan los andenes, y aquellos más encolerizados.

"Siempre se viajó mal, pero ahora es cada vez peor; me pisotean muchas veces, pero me levanto y me acomodo como puedo", dijo Ignacia a LA NACION, mientras un policía le indicaba que se había producido un desperfecto en los frenos de la formación. "¿Por qué nos subimos entonces? A la empresa sólo le importa la plata; facturar y facturar. Y a vos te queda ir enterándote de lo que pasa como podés", se indignó.

Las puertas que no funcionan correctamente son algunas de las fallas de seguridad que se advierten
Las puertas que no funcionan correctamente son algunas de las fallas de seguridad que se advierten Crédito: Aníbal Greco

Dentro de otro tren, el hacinamiento se combinaba con el humo del tabaco y de la marihuana. Las puertas permanecían abiertas durante todo el trayecto, y varios pasajeros viajaban colgados. Un partido de truco se daba en el furgón, mientras se escuchaban frases irónicas que distendían de a ratos. "¡Señorita, quiero presentarle una queja al encargado!", gritó uno imitando una voz aguda.

Tres cuartos de hora más tarde, Ignacia logró llegar a Merlo. Pero quienes quisieron tomar el siguiente tren a Once escucharon por el altavoz que el servicio de trenes se efectuaba con demoras por una nueva formación detenida. "¡Cagón de mierda, salí del tren si tenés huevos!", le dijo un joven gendarme a uno de los tantos pasajeros que manifestaban su bronca pateando las paredes del vagón. El ambiente se puso espeso. Se acercaron otros tres uniformados mientras otro pasajero de unos 40 años se bajó del tren y los encaró agitado: "Es corta la bocha: somos 300; ustedes, cuatro. Nosotros adentro, ustedes afuera del tren. ¡Loco, queremos viajar para poder laburar!". Otro gendarme logró calmarlo mientras se escuchaban desde el tren dichos referidos a las esposas de los "aceitunas verdes", como los apodaban varios pasajeros.

Tras casi media hora de demora, el tren finalmente arrancó, y cuando hizo su paso por Castelar, otra formación en dirección contraria permanecía allí detenida. La mayoría de sus pasajeros aguardaban fuera del tren, mientras otros, adentro, gritaban encolerizados: "¡Larguen el tren, loco!".

Cecilia Molina, una empleada de supermercado de 36 años, de Moreno, señalaba con bronca: "Esto es muy incómodo; viajás mal, no se cumplen los horarios y llegás tarde al trabajo. Y es mucho peor ahora porque circulan menos servicios y las puertas siguen quedando abiertas, lo que es un peligro y me da mucho miedo".

"¿No funcionan los frenos y querés que anden las puertas? Acá ves gente perder el tren, el presentismo, la paciencia? Perdés todo viajando así", agregó enojado Pablo, un vendedor ambulante de 37 años, de Merlo.

Servicios adicionales

En cambio, un clima mucho más distendido se observa en las paradas del servicio adicional de colectivos, laderas a las estaciones. De lunes a viernes, de 5 a 9.30 y de 16 a 20, forman fila allí quienes prefieren esta alternativa. Las filas suelen alcanzar el largo de una cuadra, pero cada pocos minutos parte un nuevo servicio a Once. "Está bien, me tomo el colectivo porque viajo más cómoda, pero la idea es que los trenes funcionen bien porque en micro se tarda más -dijo a LA NACION Fernanda Gacio, una empleada administrativa de 40 años-. En tren tardo 45 minutos, mientras que en colectivo, hora y cuarto."

Inspectores de la CNRT controlan frecuencia y cantidad de pasajeros en cada ómnibus. En el que subió Fernanda contabilizaron 32 usuarios. Unas 120 unidades parten a diario desde las estaciones en las que se ha incorporado el servicio. "Los micros tardan mucho; prefiero hacerme un hueco en un vagón aunque sea recontra viejo y con puertas hechas pelota", afirmó Javier Gómez, un repositor de 40 años.

Desde TBA señalaron a LA NACION que están tratando de garantizar una frecuencia de trenes cada diez minutos, e indicaron que de las 23 formaciones habituales tres se encuentran fuera de servicio: la del accidente y otras dos que estarán en reparaciones hasta el mes próximo. En cuanto a cancelaciones y demoras, precisaron que "el tema es aleatorio y puede obedecer a diversas situaciones que se presentan diariamente y que conviven con el sistema ferroviario", algunas adjudicables a TBA y otras ajenas, como un suicidio.

"Acá no cambió nada. Se viaja igual de mal y con más miedo desde el accidente -dijo tajante Marcela Kuzmich, una docente de 46 años-. Hoy, Agustín, mi hijo de 13, me dijo: «Dame un beso antes de salir», y entré en pánico. No podemos seguir viajando con este miedo y en estas condiciones."

En el furgón se consumen drogas sin que nadie lo impida
En el furgón se consumen drogas sin que nadie lo impida Crédito: Aníbal Greco

Apenas queda espacio libre durante las horas pico
Apenas queda espacio libre durante las horas pico Crédito: Aníbal Greco

DIXIT

"¿Por qué dejan que los trenes se llenen así después de una tragedia terrible?"

ADRIANA SALAZAR

Empleada doméstica, 54 años

"Siempre se viajó mal, pero ahora es cada vez peor, me pisotean muchas veces"

IGNACIA ANDRADA

Auxiliar docente, 61 años

Incidentes en el ramal Mitre

En las últimas semanas desde la tragedia de Once, en otro ramal a cargo de la empresa TBA se produjeron incidentes que volvieron a poner en evidencia fallas de seguridad. El 8 de este mes, una formación de la línea Mitre que se dirigía a Capilla del Señor descarriló en el partido de Tigre, cerca de la estación El Talar. Viajaban pocos pasajeros y no hubo heridos. El sábado pasado otra formación que cubría el servicio Tigre-Retiro sufrió otro desperfecto cuando estalló un fusible y uno de los vagones se llenó de humo. En esta ocasión hubo tres heridos y los pasajeros debieron caminar por las vías para llegar a la estación Olivos.

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