Vivir viajando: los argentinos revelan la fórmula para recorrer el mundo y trabajar de a ratos

Melania Poblet y Javier Petraitis en Camboya
Melania Poblet y Javier Petraitis en Camboya
Sus vacaciones duran seis meses como mínimo; en el medio deben realizar algunos trabajos en el exterior; todos coinciden en que se trata de un viaje de crecimiento personal, aprendizaje y, obviamente, mucho disfrute
Edith Cantizano
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20 de noviembre de 2015  • 00:23

"Viajar te abre la cabeza", la frase se repite en cada persona que tuvo la oportunidad de viajar y trabajar en el exterior y luego aprovechó esas ganancias para recorrer diferentes lugares del mundo. Normalmente los meses de trabajo sirven para vivir y ahorrar lo suficiente para la posterior recorrida, algunos deciden trabajar primero y viajar después, otros intercalan la experiencia laboral con las semanas de esparcimiento.

Melania Poblet (Sidney): "Ir antes de terminar la carrera"

Contenta, distendida y fresca es la imagen de Melania desde Sidney. En octubre del año pasado emprendió un viaje con su novio y hoy ambos trabajan allí. Al inicio de la charla cuenta que tiene su bolso listo para ir, en media hora, a la playa. Melania tiene 27 años y junto a su pareja Javier Petraitis, de 26, llegaron a Nueva Zelanda imitando el viaje de dos amigas. Allí trabajaron seis meses en las playas del norte, luego fueron al sur y, más tarde, llegaron a Australia.

La idea de la pareja es "vivir dos meses trabajando y uno de vacaciones". Par ella, el tiempo en el exterior, la ayudó a abrir la mente en muchos sentidos y la convirtió "en una persona más tolerante", en parte, por haberse cruzado con otras realidades.

Los paisajes que describe son de ensueño, desde praderas verdes resplandecientes, "casi flúor", hasta playas y templos milenarios de Asia. El trayecto empezó en Nueva Zelanda y siguió por Tailandia, Singapur, Japón, Camboya y Australia.

Apenas llegaron a suelo neozelandés, Melania y Javier compraron un auto usado, "el costo es de 1000 kiwis [nombre informal de la moneda local]" afirma, lo que equivale a 600 dólares. Con ese monto más el dinero de los pasajes, la joven afirma que se puede subsistir hasta comenzar a trabajar, aunque advierte: "Hasta que generás plata, los dólares se van como agua".

El primer empleo que consiguieron fue "por acomodación", una modalidad en la que el hospedaje y la comida están incluidos como parte del pago, además trabajaron como ayudantes de cocina, como asistentes de limpieza en un hotel o en el famoso picking que es la cosecha de kiwis.

Melania recomienda realizar un viaje de este tipo aunque sea una vez en la vida: "Debiera ser obligatorio en la vida de cada persona". Según ella, la vivencia es profundamente rica por "la posibilidad de conocer otra cultura, manejar otro idioma, adaptarse las costumbres del lugar, relacionarse con gente desconocida, aprender nuevos oficios y el desafío de estar lejos de los afectos".

Sin embargo, la joven sugiere viajar entre los 20 y 25 años, "lo ideal es venir cuando no terminaste la carrera porque es más fácil amoldarse" a las ofertas laborales del lugar.

Melania subraya el estrés que genera llegar a una nueva ciudad y comenzar de cero. Es muy importante ir con poco equipaje, "moverse implica desprenderse, vivir el día a día", remarca.

Cuando regresen al país, Melania y Javier planean tener un trabajo estable y formar una familia. Sin embargo, la joven advierte: "Si estoy en Argentina es porque lo elijo, no porque no conozca otra opción". No obstante, antes de regresar, la pareja recorrerá varios países de Europa.

Martín Sánchez (Milán): "Llegar en primavera"

Hace 14 años que Martín viaja a Italia para trabajar allí durante tres meses y luego recorrer diferentes países. Junto a sus amigos, siempre tuvo el plan de viajar y todo se hizo más fácil cuando recibió una oferta para participar en un festival latino de gastronomía en Milán.

Hace un par de días que Martín, de 41 años, volvió de aquella ciudad y ahora reflexiona sobre cada uno de sus recorridos: "Te abre la cabeza a otro nivel, te hace entender y ser más respetuoso con otras culturas".

Pese a que tuvo oportunidades, nunca quiso quedarse a vivir en Europa porque siente que extraña demasiado.

En sus estadías trabajó de jardinero, en la playa colocando sombrillas y reposeras, como albañil y finalmente recaló en la gastronomía.

Martín en uno de sus viajes para trabajar a Milán, aprovechó para conocer Grecia
Martín en uno de sus viajes para trabajar a Milán, aprovechó para conocer Grecia

Martín recomienda viajar en primavera para asentarse y prepararse para el verano, que es la mejor temporada a nivel laboral. "Hay mejores ofertas por suplencias, festivales o de la propia temporada".

Par él es fundamental llevar el dinero suficiente para vivir dos o tres meses y sugiere aprender el idioma sin ningún temor y no refugiarse siempre con la gente que habla el lenguaje propio porque, de acuerdo a su experiencia, "la necesidad hace estragos". Con voz altisonante, recomienda observar mucho la idiosincrasia del lugar y conocer a fondo sus costumbres e historia.

En sus años de viajes recopilados pudo conocer Irlanda, Inglaterra, Escocia, Grecia, Turquía, España, Portugal, República Checa, Alemania, Francia, Italia, Marruecos y Egipto. Y planea conocer otros destinos el año próximo, cuando vuelva a trabajar en el festival.

Andrés Della Siega (Playa del Carmen): "Tener una herramienta"

El joven, de 25 años, trabaja como bartender en un resto-bar y en una disco cordobesa; en octubre del año pasado volvió de un viaje a México que duró un año. Su plan era ir a conocer y, si se podía, trabajar allí para prolongar la estadía que inicialmente era por tres meses.

Andrés estuvo ocho meses en Playa del Carmen; en los primeros días disfrutaba del paisaje paradisíaco mientras trabajaba como recepcionista de un hostel, luego consiguió empleo como barman e hizo publicidad callejera para discotecas. Los meses restantes vivió en el DF y trabajó como promotor de marcas, modelo publicitario y como actor secundario de series mexicanas.

Andrés asegura que "lo ideal es ir con alguna herramienta" que facilite el acceso al mercado laboral; sus amigos y él, antes del viaje, hicieron un curso de coctelería para trabajar en las barras de bares y restaurantes.

Andrés, en las playas de México
Andrés, en las playas de México

"Como experiencia me hizo madurar y valió la pena. Es totalmente aconsejable; nadie se puede morir sin haber hecho un viaje así", sentencia. Y enumera los beneficios de su estadía: "Vivir solo, conocer algo diferente, crecer personalmente, abrir la cabeza, conocer otra cultura, cuestionarla y luego entenderla" y añade un valor reconfortante: "Estar tanto tiempo en otro lado, te renueva".

Andrés sugiere viajar con otra persona, si es la primera vez; contar con un conocimiento o habilidad y hacer un diario de viaje. También recomienda irse entre seis meses y un año, para trabajar una temporada mínimamente, "lo conveniente es ir a un lugar rentable y luego moverse para conocer" indica el joven.

Mariano y Camila (Chiloé): "Vincularse con una red de viajeros"

Mariano Bourguet tiene 32 años y es licenciado en comunicación social al igual que su novia, Camila Fuster, de 31. Ambos están viajando por Latinoamérica hace siete meses; durante la charla con LA NACION están en Chiloé, una isla grande de Chile. "La excusa es pisar todos los países de América y llegar hasta Canadá o Alaska" explica Mariano y agrega: "El recorrido nos debería llevar entre tres y cuatro años".

La pareja cuenta con un blog de viajes - trayectoriasenviaje.com-donde comparten las fotos de los lugares visitados. Para una experiencia similar, los dos sugieren tener una cuenta en las redes de intercambio de viajeros. "Es un sitio de colaboración donde no hay dinero de por medio", señala Camila. Allí se indica lo que cada uno tiene a disposición, puede ser desde una cama para dormir hasta un sector en el jardín para armar una carpa, con un lógica de total hospitalidad.

Mariano y Camila tienen pensado recorrer todo el continente
Mariano y Camila tienen pensado recorrer todo el continente

Mariano aclara que "vivir viajando no es estar de vacaciones eternas" y Camila agrega que "implica trabajar, cocinarse, ir a hacer las compras".

Los recursos se generan con el trabajo a distancia para la Argentina y el trueque: asesoramiento en comunicación a cambio de hospedaje.

Cuando hablan de los beneficios del viaje, ambos coinciden: "Aprender la idiosincrasia y la construcción de familiaridad con otros. La libertad para manejar los tiempos, la posibilidad de conocer gente, la historia, la política y los procesos de la realidad social".

La pareja sostiene que para viajar no es necesario contar con un "espíritu en particular, pero algún tipo de curiosidad hay que tener". "No me imagino otra forma de conocer eso que viajando", dice Camila pero agrega: "Hay que estar dispuesto a resignar comodidades, a bañarse con agua fría o alojarse en una casa que no tiene heladera".

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