“No cuesta casi nada irse, cuesta todo no poder volver”.

Argentinos cuentan lo bueno y lo malo de emigrar

Cristina Lucci tiene 81 años. Hace un mes se fue a Alemania. “En Argentina empecé de cero tres veces. Acá, en cambio, veo a mis hijos que van progresando y viven tranquilos”

Rosario Tezanos Pinto tiene 28 años. Llegó a Sidney el 25 de diciembre de 2019. “Emigré porque no me sentía conforme con mi presente de aquel momento en la Argentina. Tenía sed de vivir una realidad distinta, con menos imposiciones socioculturales y más independencia en todo sentido. No cuesta casi nada irse, cuesta todo no poder volver. Las restricciones por la pandemia hace más difícil todo”

Chiara Girosi, 26 años, emigró a Madrid en octubre de 2020.
“Me hicieron miles de preguntas en migraciones. Fue una sensación muy rara. Me fui con mis ahorros de dos años y me costó más o menos seis meses encontrar algo estable. La falta de turismo y la crisis pegó fuerte y no está fácil encontrar laburo”

Juan Pablo Ricatti aterrizó en Roma el 9 de marzo, horas después de declararse el estado de sitio. “Dos días antes estábamos con la familia en la pileta, y de golpe entramos a vivir en un infierno. Llegamos con toda la adrenalina de hacer el trámite de ciudadanía en Italia y nos encontramos con una piña en la cara”

Guadalupe Cuenca emigró a los 41 años a Uruguay. “Al principio alquilábamos y a los tres años pudimos comprarnos una casita con jardín. Cuando hacés las cuentas, acá terminás pagando lo mismo que en Buenos Aires porque, si bien los servicios son caros, gastás menos en programas para los chicos que se la pasan jugando al fútbol en la playa”

Florencia Pereyra Arandía llegó a Miami a finales de noviembre de 2020. “Me saturó la cuestión política y la inseguridad. Vivimos situaciones traumáticas con mis hijos, y el más chico ya no quería salir ni a la esquina. Cuando empezó el nuevo gobierno aceleramos el proceso de venirnos con la visa de inversionista”