LIFESYLE

El soñado pueblo medieval amurallado y detenido en el tiempo que los turistas quieren conocer en Italia

En Vitorchiano, ubicado en la provincia de Viterbo, en la región de Lazio de Italia, se pueden observar la presencia de iglesias desoladas, el palacio comunal, la torre del reloj y una fontana. Sin embargo, lo que más llama la atención son las calles angostas por donde solo un par de personas pueden transitar.

En esas calles apenas se filtran unos rayos de sol, escalinatas de las casas y fachadas cubiertas con un verdín de musgo, razón por la que la mayoría de los pobladores les recomiendan a los turistas que caminen con atención. Paisajes ideales para selfies e instagramers, pero también para accidentes tontos.

En noviembre de 2020 Mariana Villamarín, una mujer viajera,  decidió crear el perfil de Instagram @almadeviaje donde comparte con sus seguidores las historias y las fotos de los sitios que más le llaman la atención, viajó a Roma junto a su marido y tuvo el placer de pasar unas horas en este pueblo.

“El ambiente se siente algo fantasmagórico todo cubierto de musgo, no hay gente transitando en sus calles y las casas se encuentran en su mayoría con el cartel de in vendita”

Vitorchiano se encuentra en lo alto de un macizo rocoso de piedra de tufo volcánico. Está completamente amurallado (250 metros de largo tiene la muralla) con torres y una enorme puerta romana de ingreso. El Borgo, denominación que llevan en Italia los pequeños pueblos medievales, es completamente peatonal.

Uno de los atractivos más admirados por los turistas es la zona virgen amurallada, ubicada en la orilla norte del pueblo. Mientras caminan sin prisa y con mucha calma, suelen disfrutar de las visitas al Palacio Comunale, de estilo renacentista, la iglesia de Santa María y el convento de Santa Inés, que fue construido en el siglo XV.

El paseo por el barrio histórico, que forma un triángulo protegido a cada lado por dos acantilados profundos, puede continuar hacia el lado de las llamadas terrazas, un panorámico lugar ideal para contemplar los precipicios, las colinas ondulantes y el bosque espeso.

En el pintoresco pueblo, que se encuentra a 97 kilómetros al norte de Roma, también se puede aprovechar para pasear por la zona sur donde se encuentra la oferta gastronómica que incluye varios bares, pizzerías y mesones en las calles. Los pobladores aseguran que no deben perderse de probar los quesos, el salame y los vinos, típicos manjares producidos en la región.

Este pueblo, como otros que se encuentran a su alrededor, están detenidos en el tiempo ya que la población joven emigra en busca de oportunidades laborales, profesionales y de desarrollo a las grandes ciudades. “Algunos ancianos mayores que no quieren abandonar sus casas son los que permanecen aún”, dice Villamarín.