Historias que inspiran

Soldados argentinos.

Entrenan para la guerra, pero trabajan por la paz

Hay 329 hombres y mujeres de las tres Fuerzas Armadas y de Gendarmería desplegados por el mundo en misiones de paz. La decisión de ser un casco azul es voluntaria para cualquier oficial o suboficial, a quienes se les toman exámenes y, de ser seleccionados, comienzan un entrenamiento especial de 17 semanas para una misión de paz.

Durante la preparación para ser un peacekeeper, los entrenamientos van desde realizar un puesto de control hasta aprender técnicas para negociar la vida de una persona o prácticas de supervivencia como rehén. La ONU le paga al país alrededor de 1430 dólares por personal desplegado por mes, y la Argentina traslada voluntariamente ese dinero a los soldados.

“Al estar acá, nos damos cuenta del profesionalismo que tienen los militares argentinos. Tenemos una buena formación y estamos capacitados, hacemos una diferencia trabajando con otros países. Muchos oficiales no tienen ese sentimiento de orgullo de representar a su país” - Mayor Edgardo Daniel Franco, desde Sahara Occidental

“Los fines de semana soy el encargado de hacer el asado, junto con los otros dos argentinos. También tenemos compañeros de Egipto, Togo, Guinea y Brasil. La mayoría son musulmanes, lo cual es muy enriquecedor para conocer distintas culturas y comidas” - Teniente coronel Pablo Petrocelli, desde Chipre

“No lo programé y me enviaron con la OTAN a Kosovo, donde no hablan ni español ni inglés, solo serbio y albanés. Fui por la parte financiera para pagar viáticos y administrar los recursos. Tenía que interactuar con la gente sin saber el idioma, pero te podés comunicar igual. Tenía 23 años. Me encantó la experiencia y quise aprender más” - Mayor Vanina Jiménez, sobre su misión en 2004.

“En la base hay varias nacionalidades, yo soy el único militar argentino. Hay mucha cortesía y respeto entre las camaradas. Tenemos una vida casi de familia en la base: cocinamos, miramos televisión, tenemos nuestras habitaciones propias. A pesar de la diferencia horaria, me levanto cada vez que juega Boca. También seguimos la Champions y hay un finlandés que me hace ver hockey sobre hielo” - Capitán de corbeta Esteban Castro, desde Medio Oriente.