LIFESTYLE

“Terapia de bosque”
Dejó su carrera para dedicarse a una actividad desconocida en el país

Rocío Ferraro tiene 46 años. Antes trabajaba como periodista, docente y productora televisiva, pero el estrés de su profesión la llevó a cambiar su vida por completo.

“La salud mental se va socavando en forma silenciosa. La extraordinaria exigencia me empezó a hacer ruido y cuando vinieron
los problemas de salud
me empecé a preguntar
para qué"

Un día, pidió licencia e invirtió todos sus ahorros para capacitarse en Chile: quería convertirse en una “guía de baño de bosque”. Luego se animó y renunció. Hoy está a punto de certificarse como profesional de terapia de bosques que la habilita a trabajar con poblaciones vulnerables.

¿Qué son los "baños de bosque"?
Los shinrin-yoku, el nombre de los baños de bosque en su idioma original, nacieron en Japón en la década del 80 como terapia sugerida por médicos contra el estrés, y desde entonces son parte del sistema de salud pública.

“No son un paseo en la naturaleza sino una experiencia sensorial, cognitiva y emocional con el mundo natural en la que los participantes logran conectar consigo mismos y con el entorno”, cuenta Rocío, aclarando que tanto en el baño como en la terapia de bosque intervienen distintas disciplinas como la ingeniería forestal, química, antropología, ecopsicología y la sociología.

 Las terapias de bosque de Rocío son en Cariló. ¿Cómo es la experiencia?
Se inicia con un proceso de relajación. Cada viajero cuenta qué espera obtener de esta inmersión en la naturaleza y luego se pasa la conexión con olores y sonidos de bosque.

La idea es encontrar el lugar propio en soledad, escribir reflexiones en un papel y compartirlas si se quiere. Ya cerca del final, se busca algo del entorno que sirva para dejar o expresar la huella sin intervenir negativamente. Culmina con una actividad lúdica y una ceremonia del té.