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El bombardeo de Dresde, ¿un crimen de guerra de los aliados que quedó impune?

En 1945 Nora Lang tenía 13 años y vivía con su familia en Dresde, la histórica ciudad cultural alemana que, casi al final de la Guerra, no tenía objetivos de interés militar

Entre la noche del 13 de febrero y el mediodía siguiente, 1300 bombarderos británicos y estadounidenses descargaron 4000 toneladas de bombas incendiarias.
En pocas horas mataron a 25.000 civiles.

“La pregunta que más me venía a la cabeza en ese momento era por qué estaban haciendo eso contra nosotros. Esa pregunta me tortura hasta el día de hoy”, reflexionó Nora, de 90 años, que sobrevivió escondida en búnkeres

El jefe británico que ordenó el ataque, el comandante Arthur Harris, escribió: “La meta era la destrucción de las ciudades alemanas, el asesinato de trabajadores alemanes y la interrupción de la vida comunitaria civilizada en toda Alemania”.

La Carta del Tribunal de Nuremberg definió como crimen de guerra:“La destrucción sin sentido de ciudades, pueblos o aldeas, o la devastación no justificada por una necesidad militar"

Pero frente a los horrores del nazismo, los crímenes de guerra de los aliados quedaron invisibilizados. Y, para evitar cualquier paralelismo, en Nuremberg tampoco se acusó a los jerarcas nazis de los bombardeos de Londres, Varsovia ni Rotterdam.