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Cómo es el pueblo paradisíaco de Costa Rica que se convirtió en “un barrio argentino”

Santa Teresa, un paradisíaco rincón en la península de Nicoya, queda en Costa Rica, pero pareciera ser una playa argentina. Allí, los jóvenes toman mate, venden alfajores caseros, empanadas y happy brownies. 

“Santa Teresa es como una pequeña Argentina, literal. Acá se encuentra un argentino cada cinco o 10 metros”, dice un masajista. Las autoridades no tienen una cifra exacta, pero todos coinciden en que la cantidad de argentinos que vive en el lugar no dejó de aumentar en la última década junto a la de israelíes o estadounidenses.

Juan Aragona, joven de Buenos Aires que llegó a Santa Teresa hace 10 años:“Es la conexión de mar, arena y selva lo que nos atrae. No es como en Argentina, que vas a la playa y tienes sombrillas y gente amontonada. La verdad que acá se vive como en ningún lado” 

Alejandro Morales es un argentino que abandonó su país tras la crisis de 2001, dejando atrás su trabajo en una empresa de tecnología, y se mudó a Santa Teresa, donde se dedica a vender pan con su bicicleta y a fabricar productos con plástico reciclado. 

“Venir aquí me hizo cambiar mi forma de ver todo. Yo digo que ya soy ‘argentico’. Si me alejo mucho de la playa, no me hallo. Realmente, me adapté y me adoptó”. 

“El argentino es amable y el tico también, no hay choque de culturas. Quizá pensamos que no son problemáticos, que si se fuman un porrito, van a la playa, unas cervezas… todo bien”, dice Daniel, masajista costarricense. 

El intendente de Cóbano, el distrito al que pertenece Santa Teresa, cree que los argentinos cubren una carencia de la población local, que es la de no dominar un segundo idioma para atender a los turistas. 

Sin embargo, también encuentra un punto negativo: “La mayoría de argentinos que trabajan en la zona no aportan nada al Estado, están contratados de manera informal y algunos trabajan solo por las propinas. Usan el sistema del pueblo pero no tienen permiso de trabajo ni cargas sociales”.