MUNDO

“Nuestras vidas cambiaron para siempre”.

El testimonio de un periodista afgano a 20 años del 11/9

Bilal Sarwary nació en Afganistán: vio la caída de los talibanes en 2001 y la posterior transformación de su país por la ocupación estadounidense. Ese año, él vivía en Pakistán. Al observar los atentados a las Torres Gemelas en vivo desde la televisión, volvió a su país para cubrir los hechos como periodista.

“Ninguna de nuestras vidas volvería a ser la misma. La atención internacional se centró de inmediato en Afganistán, donde los talibanes gobernantes fueron acusados de proporcionar un santuario para los principales sospechosos del ataque: Osama bin Laden y su movimiento al Qaeda”.

“Operativos de al Qaeda y los talibanes iban y venían de nuestro hotel, y los vimos deambular por las calles cercanas. Las explosiones resonaban durante la noche. Me pregunté si nuestro hotel sería el próximo. Y luego, una mañana de principios de diciembre, los talibanes se fueron”.

“En retrospectiva, para mí está claro que esta fue una oportunidad perdida, un momento en el que Estados Unidos debería haberse sentado con los talibanes para discutir un acuerdo de paz”.

“Vi una voluntad genuina entre las bases de los talibanes de deponer las armas y reanudar sus vidas. Pero los estadounidenses no querían eso. Por mis informes, a mí y a muchos otros afganos nos pareció que su motivación era la venganza después del 11 de septiembre”.

“El año 2003 fue el punto de inflexión. Fue cuando los insurgentes empezaron a contraatacar con fuerzas renovadas. Fue mi primera experiencia presenciando lo que se convertiría en la nueva normalidad: matanzas, partes de cuerpos y cadáveres esparcidos por el suelo salpicado de sangre”.

“Cuando los estadounidenses comenzaron recientemente las negociaciones con los talibanes en Doha, inicialmente estábamos abrumados por la esperanza. Yo, como tantos millones de afganos, nunca en mi vida había visto la paz en mi país”.

“Pero eso no sucedió. Cubrí las capitales regionales que cayeron en manos de los talibanes en las últimas semanas, con rendiciones masivas en las que nadie se resistió. Pero no pensé que pudieran llegar a Kabul y apoderarse de la ciudad”.

“Pensé en mi hija Sola —su nombre significa ‘paz’— y fue simplemente devastador concluir que el futuro que habíamos esperado para ella ahora estaba hecho trizas. Cuando salía hacia el aeropuerto, me di cuenta de que por segunda vez en mi vida estaba dejando atrás Afganistán”.