Claves y pistas para entender las nuevas formas de pago por Internet

El cajero en casa habla el lenguaje de las computadoras
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10 de diciembre de 2001  

Ocurre que no estamos habituados. Aunque la tecnología pone hoy al alcance de cualquier persona bancarizada muchas formas de tramitar sin hacer colas o lidiar con las complejas interfaces de los cajeros automáticos, sólo una minoría de argentinos emplea (¿o debo decir empleaba?) estas opciones.

El mismo prejuicio que muchas personas sienten hacia las computadoras -y que les impide disfrutar de más tiempo libre- se opone a los nuevos métodos de pago. Tarde o temprano estas cosas cambian, como ocurrió en su momento con los cajeros automáticos.En la Argentina ese cambio se está precipitando.

Se mira, pero no se toca

El martes último, cuando llamé a mi banca telefónica me recibió, por primera vez en muchos años, el tono de ocupado. La razón era obvia: con la implementación forzosa de métodos de pago alternativos, mucha gente se había volcado a las sucursales de los bancos. Y otros tantos, para no malgastar su tiempo, estaban usando la banca telefónica.

A la cuarta o quinta vez que me dio ocupado decidí poner en práctica un truco: en lugar de discar manualmente apreté el botón Redial . El discado electrónico del teléfono es mucho más veloz que el manual y sirve para enganchar más rápidamente una línea libre.

Si el cajero automático puede ser confuso, la interfaz telefónica, con sus menús dictados, puede paralizar al más valiente. Personalmente, no la uso. Siempre pido hablar con una persona, aunque tenga que esperar un poco más. Otro truco: una vez que usted ingresó su número de documento y clave en la banca telefónica, las opciones que siguen pueden ingresarse sin aguardar que la vocecita recite todos los menús. Por ejemplo, si ya sabe que primero tiene que apretar el 2 y luego el 0, hágalo en secuencia y obtendrá lo que busca en menos tiempo.

¿Por qué quería hablar con un empleado del banco? Porque había ingresado por primera vez a la página de home banking usando la clave de la banca telefónica (era lo más lógico), pero, aunque veía los estados de mis cuentas, no podía operar. Me imaginé que se trataba de alguna cuestión de seguridad, pero quizás estaba ocurriendo otra cosa: los servidores de Internet también se saturan, se confunden, se cuelgan y hacen cosas que no deberían. Me atendieron al cabo de un par de minutos; un tiempo récord, considerando la situación.

Efectivamente, era una cuestión de seguridad. Tenían que habilitarme para operar desde la Web y para eso debía ingresar una nueva clave. Antes de eso me preguntaron todo lo que se supone que sólo sabe el verdadero cliente y no alguien que ha conseguido la clave de la banca telefónica por medios ilegítimos: número de cada cuenta, de la tarjeta de crédito, la fecha de nacimiento, dirección, teléfono, y así.

Terminada la requisa, tuve el servicio habilitado. La siguiente pregunta que posiblemente usted se esté haciendo es, ¿por qué no usaba el home banking antes? ¿Cree que no es seguro?

No, no es por eso. Simplemente, no tenía necesidad. Sólo de vez en cuando uso efectivo y todo lo demás lo hago con las tarjetas de crédito y de débito, o con los amables empleados de la banca telefónica.

Como prácticamente no hago depósitos, hasta el momento la única utilidad que los precámbricos cajeros me ofrecían era, precisamente, el efectivo, y como ahora debía reemplazar esa extracción con una transferencia entre cuentas, la banca en línea se volvía muy atractiva. Pronto descubrí que esto no era posible desde la página Web de mi banco. Llamé al sitio on line (me dieron el número en la banca telefónica) y tuve que esperar 15 minutos hasta que me atendieran. Finalmente, me dijeron que no podían asegurarme cuándo, pero tenían planes de implementar también este servicio. Aguardaré.

En suma, si antes usaba poco el cajero automático, tampoco tenía mucha necesidad de usar la banca por Internet. Dicho más claro: si usted tiene una PC y conexión a la Red, el home banking es equivalente a tener un cajero automático en su casa o en la oficina. Eso sí, no se puede extraer efectivo (si su PC le empieza a dar billetes, avíseme qué sistema operativo usa, por favor) y tampoco se puede depositar.

Al usar home banking la interfaz es la típica de Windows y, además, no hay nadie esperando que uno desaloje el puesto. Me arrepentí de no haberlo visitado antes, porque es increíblemente cómodo.

Sin embargo, los prejuicios son comprensibles. En primer lugar, uno obtiene por todo recibo de las operaciones un número o un formulario que puede imprimir. Es igual de válido que el del banco, pero psicológicamente no tiene el mismo peso que un papel. En segundo lugar, cuando la banca en línea no funciona, no hay alternativas.Eso me pasó el miércoles último a la una y media de la madrugada, cuando traté de pagar una factura de servicios. Después de un día especialmente agitado, estarían haciendo mantenimiento, porque no pude acceder. Al día siguiente, por la mañana, sí. Pero el sitio que se ocupa de los servicios no terminaba de cargar. Un rato más tarde, después del mediodía, había vuelto a estar disponible y tardé un minuto y medio en abonar la factura. Consejo: a menos que su conexión con Internet sea extremadamente lenta, no tenga paciencia con las páginas. O entra rápidamente o hay algún problema. Y si hay problemas, sólo se puede aguardar.

En cuanto al valor psicológico del dinero, déjeme decirle que un billete en sí mismo vale porque hay reservas y títulos que lo sustentan, lo mismo que al dinero electrónico. Si uno confía en la relación ciertamente abstracta papel-reservas , no hay razón para no confiar en la la relación dinero electrónico-reservas . Si nos manejáramos con monedas de oro, habría diferencia. Pero no en el siglo XXI.

Virtualmente a salvo

Pero, ¿es seguro operar en línea? Varios integrantes de Informática hemos comprado en Internet durante los últimos dos años, lo mismo que algunos amigos míos. Nunca hemos tenido problemas. Horacio Castrillón, de esta Redacción, opera con home banking desde hace al menos seis meses. Tampoco ha sufrido percances. Opuestamente, conozco a alguien que, luego de una compra convencional con la tarjeta de crédito, se encontró con una sorpresa cuando llegó el resumen. Le habían robado el número; nunca había operado en Internet.

En la nota de tapa de esta edición le damos todas la información que necesita para usar la banca electrónica. Sólo me queda un consejo: si le preocupa la seguridad, empiece por casa.

No use contraseñas que se puedan adivinar fácilmente y no las anote en un papel. El único lugar seguro para las claves es su propia memoria.

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