Cómo acceder a una discoteca digital casi infinita desde la Argentina

Fuente: Archivo
Servicios como Spotify o Pandora sólo están disponibles en Estados Unidos o Europa, pero un truco informático permite saltar la barrera geográfica
Guillermo Tomoyose
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4 de octubre de 2012  • 20:11

Durante la cobertura del Google I/O en San Francisco pude descubrir que, a pesar de su naturaleza, Internet no es tan libre ni se comporta de la misma forma en todo el mundo. Cuando accedía a la Red desde el Wi-Fi del hotel, sitios como Facebook detectaban mi ubicación geográfica y me obligaban (por razones de seguridad) a verificar el nombre de mis amigos mediante fotos para comprobar si efectivamente era yo, en Estados Unidos, quien accedía a mi perfil argentino en esa red social. No soy el único: todos hemos sufrido, alguna situación similar, desde la comprobación de la cuenta de correo hasta la imposibilidad de acceder a un videoclip, canción o película on line por limitaciones de licencias regionales.

¿Cómo puede ser posible esto? Con un mayor o menor grado de sofisticación, nuestra localización queda delatada por el número IP , el identificador único que cada usuario recibe cuando se conecta a Internet que, asociado a la ubicación geográfica, permite que determinados servicios detecten nuestra ubicación y limiten su servicio en función de las licencias que tienen en cada país.

Esto ocurre a menudo en YouTube, y en particular con los contenidos de Vevo. Por ejemplo, el perfil oficial de Jason Aldean , un solista estadounidense de música country, no ofrece lo mismo según la ubicación geográfica. Por supuesto, tal vez no haya un público demasiado interesado en ver el videclip oficial de Amarillo Sky en la Argentina, pero ese no es el punto. (Si se quedaron con la duda, pueden ver el clip por aquí , hasta que Content ID lo remueva)

De a poco, en este y otros ejemplos, se advierte la paulatina segmentación que vive Internet en cuanto a los contenidos, en donde no todos pueden ver o acceder a lo mismo. No es algo que nos sorprenda, ni será la primera vez que ocurra.

¿Qué hubiera pasado si un ignoto cantante coreano llamado Psy hubiese puesto sus limitaciones geográficas al famoso videoclip del paso del caballo? ¿O si los hijos del Tano Pasman hubiesen restringido la reproducción de los insultos en otras partes del mundo?

Por fortuna, la fuerza de Internet trasciende mucho más allá de estos límites irritantes que imponen los dueños de los contenidos en Internet.

Hombre grande, ¿era necesario? :)

Un atajo para evitar las restricciones geográficas

Esto se replica en plataformas online de videojuegos y tiendas de aplicaciones. ¿Acaso mi dinero no vale? Depende de dónde viva , sería la respuesta del cantinero imaginario.

IntoNow , considerada una excelente aplicación para identificar series (algo así como el Shazam de la TV) sólo se encuentra disponible en Estados Unidos.

Lo mismo pasa con Hulu, una plataforma online gratuita de películas sustentada en avisos publicitarios o Pandora, una radio online que configura las estaciones de acuerdo a nuestras preferencias.

Sin embargo, quien se lleva toda la atención es Spotify , que se convirtió en la opción predilecta para los amantes de la música. En su versión gratis, la plataforma sueca que arribó al mercado estadounidense permite establecer un acceso ilimitado en streaming a un amplio catálogo de artistas de todo el mundo, patrocinado con eventuales avisos publicitarios, que se pueden evitar si uno se suscribe a un plan mensual.

No obstante, todo esto es posible si uno se encuentra conectado a Internet desde Estados Unidos. En la Argentina Sonora apunta a ofrecer un servicio similar , lo mismo que Taringa y otras alternativas gratis como Grooveshark , pero todas más limitadas en su catálogo. Por fortuna, existen atajos que permiten estar fuera de Estados Unidos y aún así usar Spotify, apelando a una VPN, un servicio de conexión a redes privadas que permite el acceso a estos servicios.

Si bien hay una gran cantidad de alternativas sin costo que permiten emular en Internet nuestra presencia en otro país, sus limitaciones (otra vez) hacen que pagar por este tipo de prestaciones sea la mejor alternativa.

Por mencionar sólo algunos servicios, StrongVPN y Hide My Ass! (curioso nombre para un servicio de Internet) permiten disfrutar de Spotify, Pandora o Hulu, entre otros, sin mayores problemas. Como ocurre con la mayoría de los casos, lograrlo requiere tener una comprensión básica de inglés y algo de maña al momento de realizar la configuración de la conexión de VPN, que es muy flexible y que se puede aprovechar incluso en tabletas, smartphones y hasta en routers Wi-Fi.

Si esta alternativa es muy compleja, también existe la posibilidad de probar Spotflux , un software muy simple (que por ahora es freeware ya que todavía está en desarrollo), disponible para PC y Mac. Prometen futuras versiones para dispositivos móviles.

Por supuesto, las prestaciones de las VPN van más allá del consumo de contenidos. Son servicios muy útiles para establecer una navegación Web segura en entornos como cafés u hoteles con conexiones públicas de Wi-Fi.

Incluso en servicios globales que ya se encuentran disponibles en la Argentina, tales como la plataforma de descargas iTunes de Apple o el videoclub online Netflix, ofrecen un catálogo diferente (en algunos casos más actualizado, pero sin subtítulos en español en el caso de las películas) si se accede a allos a través de una VPN.

A pesar de sus prestaciones, la VPN no nos puede resolver la posibilidad de tener un servicio pago mensual de Spotify en la modalidad móvil.

¿Se imaginan llevar un servicio de streaming ilimitado de canciones en el celular? Bueno, por más que quisieran pagar los diez dólares mensuales que insume este excelente plan, las limitaciones de contenidos vuelven a estar presentes: sólo se puede abonar con tarjetas de crédito, débito o cuentas de PayPal radicadas en el país en donde Spotify se encuentra habilitado por las discográficas a ofrecer su catálogo musical.

Al final, y a contramano del espíritu libre que tenía Internet en sus comienzos, el dinero sólo vale según de dónde venga, más allá de la buena predisposición que puedan llegar a tener los consumidores.

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