Cómo es la vida de los jóvenes fabricantes del iPhone y del iPad

Línea de trabajo en una fábrica china de Foxconn, el principal proveedor de equipos de Apple
Línea de trabajo en una fábrica china de Foxconn, el principal proveedor de equipos de Apple Fuente: AP
Los relatos de los operarios de las fábricas chinas, responsables de ensamblar los últimos modelos de teléfonos y tabletas del mercado, en medio de protestas laborales, suicidios y pobres condiciones laborales
Dan Levin
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22 de julio de 2013  • 11:43

ZHENGZHOU, China – El boliche nocturno más caliente de esta ciudad fabril está calle abajo del parque industrial donde se hacen iPhone 24 horas al día. Oculto tras una obra en construcción, "A través del Verano", como se conoce el lugar, lo tuvo todo una noche de sábado reciente: pitos plásticos, platos de fruta, un niño pequeño con un corte de pelo a lo indio americano, sables laser truchos y un comediante obsceno que ingería cerveza por la nariz.

LIang Yulong, de 19 años, que prueba placas madre de iPhone en el Parque Tecnológico Foxconn de Zhengzhou, llegó al club con un solo objetivo en mente: olvidar su cansadora realidad diurna en la pista de baile. "Bailar me permite descargar la ira y la tensión", dijo, cigarrillo en mano. "Cuando estoy aquí olvido todo lo demás".

Aquí, en las afueras polvorientas de Zhengzhou, la capital de la provincia central de Henan, el cuadro nocturno revela un aspecto poco explorado de la cadena global de distribución, las diversiones fuera del trabajo que dan a la masa de trabajadores la motivación para volver a la línea de montaje.

Las manos que producen los aparatos electrónicos del mundo pertenecen casi por completo a gente joven con sus propios sueños, y una vida de rutina industrial conformista no se cuenta entre ellos. Su precioso tiempo libre es una rara oportunidad de disfrutar el presente mientras se esfuerzan por alcanzar un futuro mejor.

Las manos que producen los aparatos electrónicos del mundo pertenecen casi por completo a gente joven con sus propios sueños, y una vida de rutina industrial conformista no se cuenta entre ellos

"Todos se obsesionan con el fin de semana" dijo Bai Sihai, de 24 años, mientras esquivaba baches camino a su dormitorio después del trabajo una tarde. ¿Su plan? Una sesión de videojuegos en el cibercafé seguido de una llamada de larga distancia a su novia.

Los capitanes de la industria comienzan a ver los méritos del ocio fuera del trabajo. En los últimos años una oleada de disturbios y suicidios en las inmensas fábricas chinas ha llamado la atención sobre las condiciones laborales . En abril y mayo dos obreros y un candidato a empleado se lanzaron a su muerte desde dormitorios utilizados por trabajadores de la planta de Zhengzhou, propiedad de Foxconn, el gigante industrial con sede en Taiwán que produce aparatos electrónicos para Apple, Microsoft y otras compañías. Foxconn sostiene que los suicidios no estaban relacionados con el trabajo en la planta. También en mayo un trabajador se suicidó en una planta de Samsung en la provincia sureña de Guangdong, donde organizaciones de derechos laborales habían documentado una cantidad de violaciones como horas extras obligatorias y trabajadores menores de edad.

La industria ha respondido con zanahorias y palos para salvar tanto las vidas de sus trabajadores como sus reputaciones corporativas. Bajo presión, Foxconn ha aumentado los salarios y reducido las horas extras. En la planta en Shangai de Quanta, que hace hardware para compañías entre las que se incluyen Apple, Toshiba y Asus, los trabajadores pueden pagar por clases de yoga y taekwondo.

Una pareja de operarios durante un momento de descanso en la fábrica de Foxconn en Shenzhen, China
Una pareja de operarios durante un momento de descanso en la fábrica de Foxconn en Shenzhen, China Fuente: Reuters

Luego de los últimos suicidios en la planta de Zhengzhou, la compañía instituyó el "modo silencioso", que prohíbe hablar de otra cosa que no sean las tareas laborales en la planta. Si bien Foxconn luego anunció que había revocado la política, después de denuncias públicas, los trabajadores dicen que sigue en efecto.

En el Olimpo High-tech de Silicon Valley, empleados en oficinas ergonómicas pueden recibir masajes subsidiados y cortarse el pelo, trepar muros de roca, jugar fútbol, meditar y hacer Pilates, todo en nombre de la promoción de la innovación creativa.

El ambiente laboral es mucho más duro aquí. A diferencia del nuevo campus modernista de Apple en Cupertino, California, que estará rodeado de árboles de damasco, la fábrica de Zhengzhou tiene el encanto de una colonia penal. Los empleados, que deben usar uniformes, dicen que los supervisores los insultan y les gritan como cosa de rutina. En los complejos residenciales filas de dormitorios de ladrillo albergan hasta ocho trabajadores en cuartos llenos de camastros de metal, un baño con ducha y poco más.

A diferencia del nuevo campus modernista de Apple en Cupertino, California, que estará rodeado de árboles de damasco, la fábrica de Zhengzhou tiene el encanto de una colonia penal: uniformes, supervisores que insultan y dormitorios con una ducha y camas para ocho trabajadores

Quizás ese sea el motivo por el que el mundo fuera de los portones de la fábrica semeja una gigantesca feria callejera. Un día reciente, al caer la tarde en Zhengzhou, había música pop en mandarín atronando desde peluquerías y parejas paseaban frente a puestos que vendían DVD piratas, tajadas de sandía y rosas cubiertas con purpurina plateada. Un camión cargado de animales de peluche atraía una multitud de mujeres jóvenes como tiburones a la sangre. "Quiero el osito verde", le rogó una adolescente a su novio, que cumplidamente entregó 10 renminbi, unos 1,60 dólares.

Calle abajo una obra en construcción hacía de sede de un desfile de distracciones, incluyendo una casa de tatuaje montada en la parte trasera de una camioneta, uno de esos juegos con la zarpa de metal que ofrecía un paquete de cigarrillo como gran premio y una especie de cervecería, donde hordas de jóvenes obreros de la fábrica bebían litros de cerveza aguachenta y fumaban sin parar comiendo de platos de tajadas de cerdo.

En algún momento una troup de cantantes emperifollados debían ocupar el escenario cercano, aunque Lou Haojie, de 20 años, y sus amigos ya estaban bastante divertidos con sus vasos de cerveza. En mayo Luo dejó su trabajo en la fábrica donde hacía partes para el iPhone 5, y donde ganaba unos 295 dólares al mes, incluyendo horas extras. "Nuestros supervisores son crueles" y la comida de la cafetería es terrible, dijo, recibiendo el aplauso de sus compañeros de bebida.

Eventualmente tendrá que encontrar otro empleo pero por ahora se contenta con disfrutar los deleites de la juventud, lo que significa conocer chicas y emborracharse con sus ex compañeros de trabajo. "Estoy aquí por mis hermanos", dijo. "Sin ellos me sentiría miserable".

La gran mayoría de los operarios de las fábicas chinas de tecnología emplean a jóvenes operarios, que esperan con ansiedad el fin de semana para dejar atrás sus rutinas
La gran mayoría de los operarios de las fábicas chinas de tecnología emplean a jóvenes operarios, que esperan con ansiedad el fin de semana para dejar atrás sus rutinas Fuente: Reuters

El verano es la temporada baja en los pueblos industriales de China, por lo que muchos trabajadores tienen algún franco el fin de semana, a veces incluso dos. Hay numerosos personajes coloridos para entretenerlos. Una noche una banda de de actores itinerantes vestidos como monjes budistas se habían instalado frente a un comedor inspirado en KFC con el confuso nombre de Donut. Vestidos con batas amarillas de seda, "el equipo de talentos célebres de entrenamiento de víboras en pruebas acrobáticas", se dirigían al público aburrido golpeando globos y manipulando ornamentos para colgar del espejo retrovisor. Un monje con aros lanzaba bolas de fuego desde su boca.

"El circo que vino hace unos meses era mejor" dijo Li Yu, de 19 años. "Tenían leones y tigres de verdad".

Los que buscan diversiones más atléticas por lo general pueden encontrarse en la pista local de patinaje.

En el brillo de luces arcoiris que giraban un sábado, Zho Pengzheng, de 20 años, otro probador de placas madre de iPhone 5, evitó por poco varios neófitos mientras giraba hasta detenerse sobre un par de patines de una sola fila de rueditas, que le costaron 160 dólares, aproximadamente un tercio de su sueldo mensual.

"Siento como que vuelo", dijo, antes de volver una vez más a la multitud de jóvenes en ruedas diminutas.

Esta actividad ha generado una especie de culto entre algunos de los trabajadores de Foxconn. Media docena de equipos con nombres como Arco-iris, F-2 y Sombra, se reúnen para sesiones semanales de patinaje en grupo por toda la ciudad.

Fang Xukema, de 17 años, aprendió a patinar poco después de llegar a Foxconn en la primavera pasada y pronto se sumó al equipo Sombra, que tiene alrededor de 100 miembros. La pista desde entonces se ha vuelto su segundo hogar. Habiendo abandonado la secundaria, se fue de la fábrica en mayo porque por su edad no podía trabajar las lucrativas horas extra. "Solía venir a la pista dos veces por semana, pero estoy aquí todas las noches" dijo Fang, con su minifalda negra y sus uñas del mismo color.

A las 11 de la noche los artistas de la calle habían desaparecido y los hoteles alojamiento comenzaban a trabajar. Luego de un largo día haciendo iPhone, Wan Puyan, de 20 años y su novia iban camino de su departamento alquilado fuera del terreno de la fábrica, ya que los dormitorios allí tienen separados a los sexos.

Pero no iban camino de una aventura romántica. "Nos vemos todos los días en el trabajo", dijo él. "¿Para qué vamos a salir?"

Shi Da contribuyó con investigaciones.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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